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No hay evidencias que relacionen la tartrazina que contiene el colorante alimentario con el cáncer
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No hay evidencias que relacionen la tartrazina que contiene el colorante alimentario con el cáncer

Una publicación afirma que este tipo de colorante es cancerígeno y provoca hiperactividad porque lleva tartrazina, un «componente tóxico derivado del petróleo». Te explicamos por qué es falso. 

La tartrazina es un colorante muy común en la industria alimentaria.  En Europa se etiqueta como E-102 y está presente tanto en bebidas como en repostería. También se usa para ponerle el color amarillo a las paellas. Es parte de la familia de los colorantes azoicos, que han generado controversia porque potencialmente pueden causar intolerancia o reacciones alérgicas. Por eso, estos aditivos fueron revisados en 2009 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que proporciona asesoramiento científico a los legisladores sobre los riesgos asociados a la cadena alimentaria.

No hay evidencia de que sea cancerígeno

Desde Newtral hemos contactado con la EFSA por correo electrónico. «No existe evidencia científica« de que el aditivo sea cancerígeno, nos han señalado. En la revisión llevada a cabo por los expertos se tomaron en cuenta los nuevos estudios que se habían publicado sobre el tema. Uno de ellos incluía el de Sasaki y su equipo, publicado en 2002, en el cual se evaluó la genotoxicidad (capacidad de alterar los genes) de 39 químicos -entre ellos la tartrazina- sobre ratones. El panel de expertos de la EFSA concluyó que «no se espera que los efectos sobre el ADN observados en la prueba den lugar a carcinogenicidad«, es decir la posibilidad de que provoquen cáncer.

¿Produce hiperactividad en los niños?

Otro de los estudios que se analizaron en la revisión llevada a cabo por la EFSA es el de  McCann y un equipo de investigadores. En 2007, concluyeron que el consumo de una mezcla de colorantes artificiales (entre ellos el E-102) junto con otros aditivos tenía efectos perjudiciales en niños de 3 años y de 8 a 9 años, aumentando el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

Un año después, la Comisión Europea pidió a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria revisar dicha investigación en concreto. Según la institución, las pruebas aportadas eran «limitadas» y poco «consistentes». Además, los efectos no se observaron en niños de todos los grupos de edad. Por una parte, el estudio se centra en mezclas de aditivos y no en uno en particular por lo que no se pueden generar conclusiones sobre los efectos de la tartrazina como tal. Por otra, el «significado clínico» de los efectos observados no está claro, por lo que los hallazgos del estudio no pueden ser usados para cambiar la cantidad diaria consumible.

«La Comisión de Expertos de la EFSA evaluó todas las pruebas científicas y los datos de exposición de los consumidores, concluyendo que no era necesario actualizar el nivel de ingesta diaria admisible«, explica la EFSA a Newtral por correo electrónico. Este límite diario es la cantidad de sustancia que una persona puede consumir todos los días a lo largo de su vida sin ningún riesgo apreciable para la salud, según explica la autoridad europea. Para la tartrazina es de 7,5 mg por kg al día.

Sin embargo, los expertos sí concluyeron que «puede provocar reacciones de intolerancia, como irritaciones en la piel» pero solo «en una pequeña parte de la población«.

Legislación europea

Cada aditivo presente en un alimento tiene que figurar en la etiqueta de los ingredientes del producto. Además, tiene que indicar la función que desempeña, según explica la página web de la Agencia española de consumo, seguridad alimentaria y nutrición.  Los aditivos pueden estar listados por su nombre o por el número E, que es el código con el que se autorizan en la Unión Europea.

La legislación europea establece los niveles máximos permitidos de aditivos alimentarios, teniendo en cuenta los niveles de ingesta diaria admisibles. Para que una sustancia pueda ser utilizada tiene que pasar por un procedimiento de  autorización dispuesto en el Reglamento 1331/2008 del Parlamento Europeo y del Consejo. La UE tiene además una lista donde figuran los aditivos cuyos usos propuestos se han considerado seguros. Para el caso de la tartrazina, los productos que la contienen deben incorporar la advertencia de que «puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños«. El reglamento se publicó antes de la revisión del panel de expertos.

La portavoz para la salud pública y la seguridad alimentaria de la Comisión Europea ha explicado a Newtral por correo electrónico que el etiquetado fue decidido después del estudio de 2007. «La opinión de la EFSA confirmó que no se podía excluir ningún efecto potencial adverso para este grupo de población vulnerable (niños)«, señaló. Y es por eso que «se decidió no cambiar el requisito de etiquetado, por precaución«. 

Fuentes

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