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La paz rusoalemana que condujo a la guerra
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La paz rusoalemana que condujo a la guerra

Pese a que ideológicamente eran contrarios, la URSS y el Tercer Reich nazi lograron alcanzar un consenso en medio de un clima de tensión internacional: el Pacto Ribbentrop-Mólotov

23 de agosto de 1939. Este día se firmó en Moscú el Tratado de No Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, también conocido como Pacto Ribbentrop-Mólotov, fue firmado por los ministros de Asuntos Exteriores soviético y nazi, Vyacheslav M. Mólotov y Joachim von Ribbentrop, respectivamente.

En el ocaso del periodo de entreguerras, con una Sociedad de Naciones inoperante y con el eco del Crac del 29 todavía dejándose sentir en la sociedad, Alemania y la URSS representaban, entre sí, una amenaza constante. Tras los Acuerdos de Múnich de 1938, que pacificaron -por poco tiempo- los Sudetes con el beneplácito de Alemania, Italia, Francia y Reino Unido,  a Stalin ya no le quedó otra opción: tendría que sentarse a hablar con Hitler.

En ese contexto se alcanzó el pacto entre Von Ribbentrop y Mólotov: «Ambas Altas Partes Contratantes se obligan a desistir de cualquier acto de violencia, cualquier acción agresiva y cualquier ataque mutuo, ya sea individualmente o en conjunto con otras Potencias». Así comenzaba el primer artículo del acuerdo [léelo aquí], que se firmó 9 días antes de que comenzase la Segunda Guerra Mundial


Este punto de partida desarrollaba las diferentes materias de las que constaba el acuerdo. Por ejemplo, regulaba el contacto entre ambos países en temas que fuesen de interés común, o la solución amistosa de «disputas o conflictos», incluso a través de una comisión que ejerciese de intermediaria. Pero no todo ocurrió a la luz pública. A los 7 artículos publicados oficialmente se incluyó un apartado llamado: Protocolo Secreto Adicional.

En esta parte del tratado -que permaneció oculta hasta que terminó la Segunda Guerra Mundial- se abordaba el reparto de territorios como Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania. Países soberanos sobre los que se intentó, y en algunos casos se consiguió, derrocar al gobierno existente, convirtiéndolos en Estados de la órbita soviética, cuando no en naciones dependientes de Moscú.

El acuerdo con la URSS dio carta blanca a la expansión alemana hacia el Este. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadía Polonia sin miedo a la intervención de Stalin. El país fue dividido en dos partes: el oeste correspondería a la URSS, mientras que el este formaría parte del nuevo imperio germano -contra el que Varsovia acabaría alzándose en contra 1944-. Esta partición territorial también fue el resultado del pacto entre Mólotov y Ribbentrop.

En un principio, el acuerdo tenía una vigencia mínima de 10 años. Sin embargo, el 22 de junio de 1941, los nazis hicieron añicos el pacto cuando la Wehrmacht -o las fuerzas armadas de la Alemania nazi- inició la invasión, sin previo aviso, de la URSS en la famosa Operación Barbarroja. Para Hitler el tratado siempre había consistido en una maniobra táctica y temporal, según el Museo del Holocausto de Estados. 

Hitler creyó que el incumplimiento del acuerdo le daría ventaja para sorprender a la URSS y derrotarla. Pero la resistencia soviética y el General Invierno detuvieron el avance alemán. La terrible batalla de Stalingrado -que también comenzó un 23 de agosto, el de 1942- cambió el curso de la guerra y obligó al Reich a retroceder. El contrataque ruso llegaría hasta el mismo Berlín: el 2 de mayo de 1945 la bandera de la hoz y el martillo ondeaba en la capital alemana. Dos días antes, Adolf Hitler se había suicidado en su búnker.

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