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La parroquia de la Cañada Real que ardió como Nôtre Dame
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La parroquia de la Cañada Real que ardió como Nôtre Dame

Hace cinco meses el techo de este epicentro social fue pasto de las llamas. Desde entonces, las misas son en un bar y su párroco vive por y para reconstruirla. Foto | Santiago Martínez (Newtral)

El hedor que despide el vertedero de Valdemingómez y los baches de un camino sin asfaltar dan la bienvenida al sector seis de la Cañada Real. Allí se erige la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, epicentro social de esta barriada madrileña a la que hace más de cinco meses el fuego devoró su techo. «Lo hizo igual que en Nôtre Dame», recuerda Agustín Rodríguez, párroco de esta basílica decorada con grafitis en su fachada. A solo unos metros se atisban edificios de viviendas en un mundo que parece menos marginal.

Es miércoles y llegan los autobuses de la agencia antidroga de la Comunidad de Madrid y también de la Cruz Roja. El vaivén de gente es continuo. Los voluntarios que reparten bocadillos y jeringuillas limpias no distinguen entre habitantes de la Cañada que viven en tiendas de campaña y la gente que llega en coche por la A-3, como un hombre con camisa planchada que tras recoger una aguja limpia se mete dentro de su coche impoluto.

Las tiendas de campaña al lado de la parroquia y la basura que la rodea se han convertido en el común denominador desde que se produjo el incendio. Los desperdicios se han acumulado y la zona se ha deteriorado visiblemente después de que una pelea entre dos drogadictos en plena ansiedad a medianoche acabó provocando que el fuego se colara dentro.

Parroquia de Santo Domingo de la Calzada. Foto | Santiago Martínez (Newtral)

“Por suerte -relata el párroco- el fuego afectó solo al techo”. La madera ardió y ya no había cubierta que alojara a los feligreses y demás asiduos de esta iglesia. Mucho menos celebrar la eucaristía, ni tampoco ninguna de las actividades sociales que llevan a cabo en este centro neurálgico del sector seis.

Agustín recuerda para Newtral.es la historia «epicoheroíca» de algunos vecinos que con cubos de agua intentaban sofocar las llamas que se colaban dentro de la parroquia, pero era inútil. Solo los bomberos lograron acabar con el fuego aquella noche de mayo. Una llamada a las 11:53 alertaba a Emergencias Madrid de que la parroquia estaba en llamas.

Al día siguiente, cuando Agustín llegó a la parroquia, vio lo que el fuego había arrasado. No se quemaron las sillas que se amontonan en una habitación, ni las paredes a las que les darán una mano de pintura, pero los restos de ese techo ya no podían cobijar a nadie y amenazaba con caerse.

La misa en el bar

Y es que el continuo servicio de Agustín Rodríguez y las numerosas entidades benéficas que se reúnen en la parroquia ha llevado a los vecinos de la Cañada Real a sentir la parroquia como suya. La misa por ahora la ha trasladado al «bar de Mariano», un lugar emblemático de la Cañada Real.

«Aquel día, recuerdo cómo varias mujeres se asomaban a las rejas de la puerta de la parroquia y lloraban», explica este sacerdote mientras señala los desperfectos que la lluvia han ocasionado cuando el edificio quedó a la intemperie por la falta de una cubierta.

Agustín señala el nuevo techo de la parroquia. Foto | Santiago Martínez (Newtral)

Los desperfectos son palpables en toda la parroquia, pero también en la consulta odontológica que hay en la parte trasera y donde dentistas voluntarios del Colegio de Odontólogos de Madrid (COEM) se encargan, por el módico y simbólico precio de tres euros, de cuidar de la salud dental de los más pequeños de la Cañada.

«Este es un epicentro de la realidad que la sociedad no quiere ver», explica Mónica Pérez, odontóloga voluntaria de esta clínica, en lo que abre con las llaves su consulta para mostrar lo que el paso del tiempo ha provocado en un pequeño habitáculo en el que no se empasta una caries desde hace varios meses. «Nosotros hemos venido aquí no para paliar, sino para prevenir que haya niños con todas sus piezas dentales con caries. Esto no es una acción caritativa«, cuenta Mónica con rotundidad.

Mónica y Shukaina, dos voluntarias de la clínica para niños. Foto | Santiago Martínez (Newtral)

La clínica, donde se levanta el campanario, no se vio afectada por el fuego, pero sí que ha padecido las inclemencias meteorológicas. Le protege un segundo techo, pero ha cedido en varias partes por la lluvia y habrá que arreglarlo también, cuenta Mónica mientras toca con un dedo el polvo que cubre los plásticos con los que protegieron los materiales de la clínica.

Ahora el techo se ha repuesto. No ha sido fácil. Aunque Agustín recalca las donaciones que han recibido de particulares que junto al seguro han servido para pagar la obra. «Y del COEM», apostilla Mónica.

Una parte del seguro, la otra de donaciones, pero sin organismos públicos. A título personal y pequeñas y grandes entidades que sí.

A los costes materiales y laborales de una obra, hubo que sumar que encontraron uralita en el techo, por lo que tuvieron que llamar a una empresa especializada para evitar que nadie se intoxicara a causa del amianto.

Parroquia de Santo Domingo de la Calzada, en la Cañada Real. Foto | Santiago Martínez (Newtral)

El tiempo apremia, tanto para el sacerdote como para los vecinos. No hay fecha definitiva para reinaugurar la parroquia, aunque Agustín espera que puedan dar la misa del gallo para arrancar el nuevo año con las reuniones o actividades sociales de esta iglesia que bien sirve de techo simbólico para muchos en la Cañada.

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