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Jóvenes y aficionados al deporte: así son los nuevos ludópatas
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Jóvenes y aficionados al deporte: así son los nuevos ludópatas


Las asociaciones de ayuda mutua y autoayuda para el tratamiento de la ludopatía llevan tiempo desbordadas. En ellas se realizan terapias para intentar rehabilitar a personas que tienen problemas con el juego. APAL, la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata, está situada en el madrileño barrio de Quintana, en la calle de Elfo, en un primero sin ascensor. Cuando entramos vemos una pequeña recepción y una sala de espera, distinguimos varias habitaciones, algunas más pequeñas, para hacer terapia individualizada con los psicólogos y otras más grandes, donde se realizan las terapias de grupo, la técnica más efectiva según Bayta Díaz, psicóloga de la asociación. Es paradójico que de camino a la asociación junto a Bayta encontremos varios locales de apuestas deportivas a lo largo de la calle Alcalá, alguno de ellos a menos de 100 metros de institutos y colegios. No existe, en la legislación vigente, ninguna norma que prohíba esto.

Los datos que ofrece la asociación son preocupantes. Desde que se aprobara en 2011 la Ley 13/2011 de Regulación del Juego, las altas en APAL no han dejado de aumentar. Además, en los últimos cuatro años el crecimiento se ha agudizado: en 2015 hubo 93 altas, frente a las 170 de 2018, una subida del 82%. Las cifras de este año no son esperanzadoras, solo en los meses de enero y febrero se han registrado un total de 50 nuevos pacientes.

Adolescentes, los nuevos pacientes

El perfil del ludópata ha cambiado. Si hace unos años los pacientes eran hombres de mediana edad y enganchados a las tragaperras, hoy son adolescentes que gastan su dinero en apuestas deportivas. El peligro está en su potencial adictivo por la percepción que se tiene socialmente de ellas.  “Si yo sé de fútbol, si yo sé de deportes, yo puedo controlar esto”, cuenta Bayta.

“Nos están llamando institutos porque están realmente asustados, porque en la hora del recreo sus chavales se van a los locales para apostar”, Bayta Díaz, psicóloga de APAL.

A estos nuevos perfiles no les hacen falta años para engancharse. Algunos de los pacientes más jóvenes presentan grandes problemas en apenas un año.  “Nos están llamando institutos porque están realmente asustados, porque en la hora del recreo sus chavales se van a los locales para apostar”, afirma Bayta. Otro de los puntos importantes que preocupa a la psicóloga es la aparición de deportistas famosos o actores en la publicidad de las casas de apuestas: “Grandes figuras del deporte están anunciando que te puedes hacer rico haciendo un clic, con lo cual están dando una imagen muy distorsionada de lo que es el juego en general”.

Tras la entrevista con Bayta, conseguimos hablar con Carlos (nombre ficticio), un paciente de la asociación que lleva 29 meses sin jugar. Nos pide que guardemos su anonimato: “Mi familia sabe por el calvario que he pasado, pero hay amigos y compañeros del trabajo que prefiero que no me reconozcan”. Empezó a jugar hace más de 10 años, lo hacía de manera ocasional a las máquinas tragaperras, pero descubrió las apuestas deportivas a raíz de un compañero de trabajo. Al principio era puro ocio, le gusta mucho el deporte y apostar añadía un incentivo de emoción a los partidos de fútbol, baloncesto o tenis.

Carlos (nombre ficticio) habla para Newtral de su problema con el juego

Jugaba pequeñas cantidades, 5 o 10 euros, a sus equipos favoritos, pero con el tiempo la cantidad de dinero y la frecuencia con la que hacía apuestas aumentó: “Apostaba impulsivamente, intentaba doblar, triplicar o multiplicar por 6 o por 10 en el mínimo tiempo posible”. Se dio cuenta de que tenía un problema cuando empezó a alejarse de sus amigos y familiares y su único propósito era conseguir dinero para apostar, intentó dejarlo por su cuenta varias veces pero no lo consiguió, por ello acudió a la APAL hace más de dos años. Desde que está aquí su vida ha cambiado por completo, aun así asegura que le está costando mucho recuperar la personalidad y la persona que era antes.

El de Carlos es solo un caso de los 240 que atienden en la Asociación para la Prevención y Ayuda al ludópata, donde los jugadores se apoyan los unos a los otros. Bayta cree que las administraciones públicas deberían actuar cuanto antes porque el problema no deja de crecer. Pese a ello anima a todas las personas que crean que tenga un problema con el juego que acudan a la asociación. La recuperación de los pacientes es lenta, en algunos casos hay áreas muy afectadas y se necesitan en torno a 24 meses para volver a tener una vida normal. Además, la probabilidad de recaer es muy alta si no se ponen las medidas adecuadas. Sin embargo, cuando los jugadores llegan a la asociación y sueltan todo lo que llevan dentro, se sienten liberados y el cambio es espectacular.

Si crees que puedes tener problema con el juego puedes ponerte en contacto con APAL en apalmadrid@hotmail.com o 914 076 899 – 658 699 543.

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