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Elisa Levi: Folios en blanco y angustias juveniles
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Elisa Levi: Folios en blanco y angustias juveniles

Esta entrevista es parte del reportaje ‘Ziteratura: conversaciones con las firmas de la Generación Z‘ 

Elisa Levi | (Luis H. Rodríguez)

Elisa Levi, de 25 años, se siente extraña en la ciudad en la que nació, capital de un país que ya no es su hogar. “Creo que Madrid ya no me supone un reto, por eso me fui a Londres”, explica la novelista. Se planta ante la vida como un desafío y la escritura como una búsqueda, aunque no solo suya: “Hay una cosa que decía mi padre y creo que tiene razón: ‘las historias acaban buscándote a ti’”.

Entra con las gafas de sol puestas. A penas las mantiene antes de quitárselas y dejar ver la vista cansada de quien parece que lleva toda la noche leyendo con una luz tenue. Las gafas, sencillas, hacen juego con los girasoles que estampan su camiseta y al mismo tiempo con sus pendientes, dos grandes aros dorados. No tarda en sonreír y en saludar, Aquarius de por medio y una familia jugando de fondo. Aparenta fumar, aunque no es hasta después de la hora de conversación que enciende un cigarrillo, no sin antes preguntar si importa. No es su primera entrevista, seguramente tampoco la última.

La joven madrileña (por nacimiento, no por convicción) se estrenó bajo el beneplácito de Espasa en 2016 con un poemario: Perdida en un bol de cereales. Ante la pregunta de si sigue sumergida en el típico desayuno, se le escapa un suspiro en clave de risa y una afirmación, aunque cree haber pasado a la “siguiente fase”. “He madurado en muchos aspectos y lo guay es que mi trabajo lo ha hecho conmigo. Siento que la literatura, en mi vida, sirve como un arma de procesos con la que puedo entenderme a mí misma y salir de la incertidumbre”.

“Incertidumbre”, una sensación que para Levi es “propia de la edad”. “Con otros factores externos, pero todas las generaciones han pasado por la misma incertidumbre y angustia vital: tienes que hacerte cargo de tu vida”, explica la escritora que a nunca da grandes tragos a su bebida. Ella se enfrentó a aquella angustia a través de la tinta, Levi explica que “la sitúa en algún punto” ya que la ve “como una nebulosa en el espacio”.

Tres años después, este 2019, Elisa Levi se sumerge en otra aventura con Planeta, aunque en esta ocasión es una novela: Por qué lloran las ciudades. Durante los primeros minutos de conversación se cruza una palabra que, últimamente, parece tabú: “talento”. No como un “concepto divino”, sino como un esfuerzo que no se puede dejar y menos en su caso. “Estoy haciendo esto para demostrarme a mí misma que valgo para esto porque, ahora mismo, tengo la sensación de que no sé hacer otra cosa”.

“Nos toca consumir mucho”

“La literatura se está adaptando a la inmediatez que han impuesto las redes sociales, sobre todo en el mundo de la poesía”. Si entras a su cuenta de Twitter, te encontrarás con que no hay actividad desde 2017 y un slider de Natalie Portman en Léon: The Professional como recibimiento, comiendo cereales.

Elisa Levi | (Luis H. Rodríguez)

Muy distinto es su Instagram (@elisalevi_), que es bastante más activo. No confía en que las redes sociales sean algo eterno, al menos tal y como las consideramos ahora, “es algo que se va a acabar”. “Primero el lector y luego el autor, porque al ser todo tan inmediato y tan fugaz no te da tiempo a generar novedades que realmente lo sean”, explica la escritora.

“Vivimos el momento que nos toca: de consumir mucho”. En la actualidad, raro es quien no dispone a placer de una serie en Netflix. O de unos poemas en Twitter, quizás de un libro en Wattpad, pero Levi cree que esto ayuda a organizar “el criterio”. “No creo que veamos tantas cosas que perdamos la perspectiva, sino que tenemos que vivirlo y formar el criterio”.

¿Hay que leer 100 libros para escribir mucho? “Hay mucha presión con esto. A mí me flipa leer, pero hay etapas en que no leo un puto libro (por lo que sea)”, afirma sin tapujos sin dar mayores motivos – “porque no quiero, porque no puedo o porque no lo encuentro” –. Levi cree que para disfrutar de la obra hay que saber “respirar de la literatura”.

“Me ganó el puto folio en blanco”

A veces uno se puede imaginar a una escritora como una máquina de palabras, oraciones y firmas. Un ser capaz de ponerse a escribir a pelo nada más publicar una obra, pero a veces se obvia que, al fin y al cabo, todo comienza sobre vacío.

“Todo estaba muy claro: la historia, los personajes… pero cuando me puse a escribir… O no era el momento, o no era mi obra y tuve que dejarlo. Me ganó el puto folio en blanco”, confiesa Levi cuando recuerda una obra de teatro que jamás ha podido escribir. Pero no es la única vez que ha tenido que “pasar página”, tras el fin de la promoción de Perdida en un bol de cereales se lanzó “a escribir otra cosa”, en concreto, un poemario de 60 páginas: “una puta mierda”. “Realmente pésimo”.

Elisa Levi | (Luis H. Rodríguez)

“Me tuve que convencer de que no significaba que no valía para esto. Era que ya está: es una mierda, pero es que a lo mejor el cuerpo te está pidiendo otra cosa”. A partir de ahí, Levi maduró. Entendió que escribir es “un proceso largo” y tras “un tiempo de lectura” y viendo “cosas”, surgió la novela (Por qué lloran las ciudades).

“Creo que tendemos más a caer en picado ante una decepción, porque estamos tan expuestos al otro todo el rato que estás bajo el juicio de mucha gente”, se aventura la escritora para explicar por qué se acusa a la Generación Z de sobreprotegida. Levi defiende que no llevan “peor” la frustración en comparación a otras generaciones, sino que les “requiere un trabajo mayor”.


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