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El Heródoto italiano, infante de España
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El Heródoto italiano, infante de España

Luis Amadeo de Saboya, hijo de Amadeo I e infante de España, fue un duque italiano de corona ibérica que viajó por todo el mundo

2 de enero de 1871. Amadeo de Saboya jura la Constitución (1869), coronado como Amadeo I, se trató del primer rey de España elegido en un Parlameto. Liberal, católico y de antigua dinastía, Saboya cumplía los requisitos de la vacante que había provocado la salida de Isabel II.

Dos años después, el rey abdicaba de la corona. En una breve carta a las Cortes, Amadeo de Saboya presentaba su renuncia, y la de sus huestes, debido a la incapacidad del monarca de soportar y solucionar (“dentro de la ley”) los problemas de convivencia del país. De esta manera, el primer monarca elegido abandonaba el trono el 11 de febrero de 1873, dando pie a la Primera República.

Amadeo de Saboya tuvo, entre 1867 y 1876, tres hijos: Manuel Filiberto, Víctor Manuel y Luis Amadeo; más tarde, con su segunda mujer, nacería Humberto Saboya-Aosta. De entre los cuatro, tres hicieron carrera militar, pero uno tenía una ambición que iba más allá de la corona. El único de los cuatro nacido bajo reinado español: Luis Amadeo de Saboya.

Vida pasada por agua

Luis comenzó su aventura a los 15 años (1888): se embarcó en el Amerigo Vespucci para dar la vuelta al mundo, visitar Eitrea y Vancouver. Según The New York Times, Luis rechazaba sentarse en un trono. “Algún día serás rey y tu padre recibirá a la reina más bella del mundo”, le dijo una anciana italiana, a lo que respondió: “¡Mucho habla! Seré marinero y navegaré por todo el mundo y me casaré con quien vea yo conveniente”. Algo que cumplió.

Luis era hombre de mar, y también soldado de agua. Durante la Primera Guerra Mundial, el infante de España fue jefe de la Flota del Mar Adriático. Esto lo convirtió en el máximo responsable de la marina italiana durante el conflicto europeo. Pero su pasión no era el mar, sino las montañas.

Desde muy joven, se cree que 11 años, Luis Amadeo de Saboya denotó una especial predilección hacia el alpinismo. A esa edad, el joven italiano recorría los Alpes italianos sin demasiadas complicaciones. Antes de 1893, el ex-infante había escalado el Mont Blanc (4.810 metros), Monte Rosa (4.634 metros) y el Matterhorn (4.478 metros). Incluso este último lo escaló por segunda vez, pero a través de la ruta Zmutt, una de las más difíciles por aquel entonces.

«Las montañas están hechas ya»

En 1897, su figura comenzó a conocerse entre los círculos de exploradores por su ascensión al San Elías, un pico norteamericano de casi 5.500 metros de altura. Era la primera vez que un explorador escalaba esta montaña ya que solo llegar a la falda del monte era complicado por la necesidad atravesar distintos glaciares. “Es la expedición más exitosa jamás realizada”, exclamó The San Francisco Examiner.

Aunque su primer éxito, no fue ni el último ni el más sonado. Más tarde, Luis Amadeo escaló los picos más altos de África, icnluyendo el Monte Stanely de 5.109 metros de altitud. Pero la corona alpinista la alcanzó en el siglo XX, en 1909.

Armado de valory una gran expedición, Luis Amadeo se propuso ser el primer hombre en ascender por los picos del Karakoram, el Himalaya Occidental. Su objetivo, el segundo más ambicioso: escalar el K2, de más de 8.000 metros de altitud. La única gran mancha negra en su expediente.

A pesar de todos los esfuerzos, Luis y su séquito se vieron obligados a abandonar la hazaña a los 6.705 metros de altura debido al mal tiempo. Aun así, el duque se convirtió en la persona en ascender más alto cuando decidió escalar el Chogolisa, de 7.665 metros de altura, aunque se quedó a unos pocos cientos de metros de alcanzar la cima. Aun así, mantuvo este título hasta 1922, cuando Mallory ascendió hasta los 8.200 metros en el Everest. Todos estos logros le sirvieron para ser nombrado miembro de honor del The Explorers Club de Nueva York en 1912.

Del Polo Norte, a la arena africana

Pero no solo surcó los puntos más altos del planeta. Además del ascenso al K2 (que no se realizaría hasta 1954), Luis Amadeo de Saboya tenía otro objetivo, e igualmente frustrado: cruzar el Polo Norte. En 1893, Fridtjof Nansen trató de cruzar con esquís el continente helado; algo que no logró.

En 1899, le tocó el turno al duque de los Abruzos… y falló. El frío y la amputación de algunos dedos de sus manos (debido a la congelación) provocó que el italiano tuviera que abandonar la expedición, aunque su equipo llegó 20 millas (32 kilómetros) más lejos que Nansen. Y ya, lejos del frío, su última aventura la vivió en Somalia.

A finales de 1918, Luis Amadeo decidió dar vida a otro de sus proyectos: una gran plantación agrícola. Para ello, viajó al interior de Somalia, colonia italiana, para comenzarlo: fundó la Sociedad Agrícola Italo-Somala (SAIS, por sus siglas en italiano). Como predijo frente a la anciana, Luis se casó con una joven de origen somalí y terminó su vida por un cáncer de próstata en el país africano en 1933.

Fuentes

  • Consulta a Mountains Witnesses of Global Changes: Research in the Himalaya and Karakoram: Share-Asia Project, editado por R. Baudo, G. Tartari y E. Vuillermoz, 2007.
  • A Prince of Climbers, de Peter Bridges en VQR.
  • Miembros de Honor de The Explorers Club.

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