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El cáncer, ‘in fraganti’: así se abren paso tumores agresivos
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El cáncer, ‘in fraganti’: así se abren paso tumores agresivos

Expansión de células tumorales de cáncer (en verde) de páncreas en ratones

Descubren cómo los tumores de páncreas modifican su entorno para ‘pavimentar’ su camino hacia otras partes del cuerpo y expandir el cáncer.

Expansión de células tumorales de cáncer (en verde) de páncreas en ratones
Expansión de células tumorales de cáncer (en verde) de páncreas en ratones | Max Nobis

El cáncer no es una enfermedad, sino muchas enfermedades distintas, manifestadas en tumores que actúan de maneras diferentes. Las células malignas, que se reproducen sin control, lo consiguen burlando los mecanismos naturales de defensa del organismo. Y han desarrollado técnicas asombrosas para rozar su inmortalidad. Ahora, acaban de descubrir una nueva en el agresivo cáncer de páncreas.

Un equipo internacional ha revelado cómo las células del cáncer de páncreas cambian su entorno para abrirse paso a otras partes del cuerpo (o metástasis), la principal causa de muerte relacionada con el cáncer pancreático. Descubrieron que algunos tumores producen más de una molécula llamada perlecán. Pensando en la metáfora de una carretera, sería como el asfalto necesario para pavimentar una nueva autovía para estas células cancerosas, abriéndoles nuevas rutas seguras para ellas.

El experimento en ratones se ha desarrollado en el Laboratorio de Metástasis del doctor Thomas Cox, del Instituto Garvan de Australia. Los resultados, publicados en Nature Communications, “puede proporcionar un nuevo camino prometedor hacia opciones de tratamiento más efectivas para individuos con cánceres pancreáticos y de otro tipo”, señala su autor.

El perlecán no sólo permite a las células del tumor remodelar el entorno que las rodea. También las protege contra la quimioterapia. En modelos de ratón, los investigadores mostraron que la reducción de los niveles de perlecán mostraron una reducción en la propagación del cáncer de páncreas y una mejor respuesta a la quimioterapia.

Un tumor esquivo

El de páncreas es una de las formas más letales de cáncer. A pesar que no presenta una alta incidencia en la población, sí presenta una alta mortalidad. En Europa se estima que presenta una incidencia de 78.000 casos. En España cada año mueren alrededor de 2.400 varones y 2.000 mujeres por esta enfermedad, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). 

Alrededor del 10% de los cánceres pancreáticos tienen un patrón familiar y, en la mayoría de los casos, no se conoce el cambio genético causal, aunque se han identificado algunas mutaciones. Dos, en concreto, en los genes BRCA2 y RABL3, aumentan las probabilidades de padecerlo.

En sus primeras etapas, los cánceres de páncreas a menudo no muestran signos o síntomas obvios y, cuando se diagnostica un cáncer, a menudo comienza a extenderse fuera del páncreas. El equipo del Instituto Garvan investigó por qué algunos cánceres pancreáticos se propagan, mientras que otros parecen permanecer en un solo lugar. Compararon el tejido alrededor de las células tumorales, tanto en los cánceres pancreáticos metastásicos (de propagación) como no metastásicos (los de no propagación). Este tejido, conocido como ‘matriz’, actúa como un pegamento que mantiene unidas diferentes células en un órgano o en un tumor.

La importancia del microambiente de los tumores

Desde España, el doctor Guillermo de Velasco (@g_develasco), secretario científico de la SEOM, aclara que hay una brecha de tiempo «entre que se descubren los mecanismos moleculares de un cáncer y el desarrollo de terapias». Este oncólogo e investigador en el Hospital 12 de Octubre de Madrid sí reconoce a Newtral que este hallazgo «está en línea con muchos otros parecidos que nos conducen al desarrollo de fármacos», al no dirigirse sólo al tumor, sino al entorno donde se desarrolla.

Esto es algo que sabemos desde hace tiempo. «Las células tumorales viven y trabajan cooperativamente con las células normales circundantes en el tejido. Entre todas pueden hacer una alianza maligna, lo que puede conducir al cáncer», explicaba en abril Yu Shi, del Instituto Salk (EE.UU.) al presentar este estudio que mostraba cómo se comunican las células malas con las células buenas para construir y propagar un tumor.

Recreación del un cáncer de páncreas | Scientific Animations (CC-BY)

Esta es una muestra más de por qué hay cánceres tan escurridizos. Las células tumorales desarrollas estrategias para beneficiarse de su entorno, escudarse y atacar a sus atacantes.

En general, nuestro sistema inmune es capaz de detectar cuándo algo no debería estar ahí y destruirlo. Pero las células del cáncer suelen desarrollar una especie de camuflaje, de jugar al despiste o pueden desactivar a los linfocitos, lo que las hace a veces imbatibles. Podríamos pensar en imitar a sus estratagemas. El problema es que no es sencillo ‘copiar’ a los mecanismos de las células malignas para alargar la vida. Tal y como han demostrado laboratorios como el de María Blasco, en el CNIO, «la clave está en la longitud de los telómeros (son los remates de los cromosomas, los que, cual capuchón, permiten que no se desparrame el material genético contenido dentro); sabemos que envejecemos cuando se van acortando los telómeros». Pero alargarlos puede derivar en crecimientos celulares sin control, es decir, cáncer. «Es complicado el equilibrio», recuerda De Velasco.

Las inmunoterapias contra el cáncer –basadas en estimular a nuestras propias defensas– son prometedoras con tumores como los de pulmón, con muchas mutaciones y donde se actúa sobre «los escudos» que las células malignas crean contra «policías de la sangre», los linfocitos B y T (¿te suena Érase una vez la vida?). Pero el de páncreas es especialmente complicado. «El gran problema es el número de alteraciones moleculares que tiene. Eso hace difícil actuar sobre ellos. La inmunoterapia tiene datos muy pobres en éste», recuerda el doctor.

Células malignas que enseñan a las menos malignas

Utilizando modelos de ratón, el equipo extrajo fibroblastos (células que constituyen la mayor parte de la matriz) de tumores pancreáticos en expansión y no expansión. Al mezclar estos diferentes fibroblastos con células cancerosas, los investigadores encontraron que las células cancerosas de un tumor no diseminado comenzaron a propagarse.

«Nuestros resultados sugieren que algunas células cancerosas pancreáticas pueden ‘educar’ a los fibroblastos dentro y alrededor del tumor. Esto permite que los fibroblastos remodelen la matriz e interactúen con otras células cancerosas menos agresivas, de una manera que respalde la capacidad de propagación de las células cancerosas» añade la investigadora y autora del estudio Claire Vennin. «Esto significa que en un tumor en crecimiento, incluso un pequeño número de células metastásicas agresivas, unas pocas manzanas podridas, pueden ayudar a aumentar la propagación de otras células cancerosas menos agresivas».

«No sólo es la manzana podrida, –añade el doctor De Velasco –es el ambiente. Si la metemos en el frigorífico, se queda sin afectar a las demás, pero si la dejamos en otro lugar a 40º, es probable que termine afectado a muchas más».

Para el oncólogo del 12 de Octubre, «cualquier avance en un cáncer como el páncreas es muy importante, pero hay que estudiar muchas dianas para tener algo provechoso en la práctica clínica. [Este estudio] confirma que el microambiente en el páncreas tiene mucha relevancia», concluye.

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