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Cuando reciclábamos sin saberlo
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Cuando reciclábamos sin saberlo

En España en los años 60 era común devolver a los comercios los recipientes de vidrio una vez utilizados para recuperar parte del importe. Una realidad cultural que ayudaba al medio ambiente y que ahora se trata de un ideal para los ecologistas.

Charo Morán, especialista en consumo de Ecologistas en Acción, recuerda ir al lechero con su padre a devolver las botellas vacías a cambio de unas pesetas. Una imagen que en los años 60 era de lo más común en España. «También se llevaban los carros de la compra al mercado, se utilizaban más las bolsas de tela y se remendaban las medias en vez de comprar unas nuevas«, explica a Newtral. Sin embargo, progresivamente el modelo cambió. Se pasó de la reutilización al reciclaje, de la austeridad al consumismo y del incentivo para el consumidor, al castigo.

Antes de la entrada masiva del plástico en la sociedad, el sistema era sencillo: al comprar, por ejemplo, un refresco, se pagaba unas cuantas pesetas de más y al terminarlo se devolvía el «casco» de la botella al comercio y el establecimiento devolvía esta cantidad. Así, existía un incentivo para retornar el recipiente y las compañías los reutilizaban, por lo que se generaban menos residuos. «Después de reducción, reutilización es la palabra básica en una economía circular», recuerda a Newtral Carlos Arribas, especialista en residuos de Economistas en Acción.

Sin embargo, a partir de los años 80, según calcula Arribas, hubo un movimiento por parte de los distribuidores y envasadores para abandonar los envases retornables y sustituirlos por envases de un solo uso: «Cada vez había menos plantas de estas empresas y más concentradas, lo que dificulta el retorno. Por otra parte, el plástico estaba en auge. Es más ligero y al final sale más barato producir productos nuevos de plástico que reutilizar los que ya existen de vidrio, y se pasa a un modelo de reutilización a uno de reciclaje».

Greenpeace calcula que de todo el plástico que llega a las plantas de tratamiento solo se recupera el 25%, mientras que Ecoembes, el gestor de estos recipientes, asegura que se recupera el 78% de los envases ligeros

«Al desaparecer el retorno de recipientes, el consumidor final se vio afectado, ya que el modelo se transforma hacia uno de reciclaje y pasa a ser él quien se tiene que hacer cargo de esos residuos y ya no tiene incentivo de retornar los envases», defiende Javier Andaluz, licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Salamanca. «Además, aunque quisiera hacerlo tampoco existe un lugar para ello», añade. De hecho, frente a los incentivos de antaño, ahora se ha pasado a un sistema de castigo: multas por no reciclar o tener que pagar 5 céntimos por las bolsas de plástico. El documento «La nueva Economía de los plásticos» presentado en 2017 en el Foro Económico Mundial de Davos, estima que «un modelo de reutilización ofrece beneficios económicos y ambientales para al menos el 10% de todas las botellas de bebidas en todo el mundo, o al menos el 2% del mercado mundial de envases de plástico». Este sistema se conoce como SDDR o sistema de depósito y retorno de envases.

«El cambio de vidrio a plástico tiene un motivo económico, pero también es ausencia de una legislación y regulación», defiende Arribas, que comenta que la regulación puede hacer que una cosa «antieconómica» pase a ser un cambio cultural. En España, en 1997 se transpuso la normativa europea de envases en ese momento y, según recuerda, se propuso a las empresas que se acogieran a una de dos posibilidades: poner en marcha un sistema de devolución y retorno o implantar los Sistemas Integrados de Gestión de residuos (SIG) -que separa los residuos en los tradicionales contenedores de reciclaje amarillo, verde y azul-, que es lo que decidieron.

Más adelante, la Ley de Residuos y Suelos Contaminados aprobada en 2011 en el Congreso de los Diputados admitía la posibilidad de volver a impulsar los incentivos económicos por el retorno de envases, pero se condicionaba a llevar a cabo informes sobre su viabilidad técnica y económica. Greenpeace defiende que pasar al reciclaje es más contaminante que la reutilización, ya que, según sus datos, «de todo el plástico que llega a las plantas de tratamiento solo se recupera el 25%«.  El resto, explican en su informe, se quema o va al vertedero. Sin embargo, Ecoembes, el gestor de estos recipientes, ofrece otras cifras y asegura que se recupera el 78% de los envases ligeros.

Cambio social

Al pasar de reutilización a reciclaje y del vidrio al plástico, Arribas asegura que también afecta al consumidor porque los envases «acaban sucios, degradados y si se recuperan entran en una corriente de reciclaje de mala calidad». «Este modelo de plastificado se ha introducido progresivamente. No ha habido una propuesta al consumidor de si es bueno o malo», añade Charo Morán. La experta en consumo también aclara que este cambio no solo responde a un modelo de producción, sino que también se apoya en uno social y de consumo.

«Tiene que ver con los tiempos para la vida. Antes había un reparto de género que no debía ser así, pero propiciaba la compra diaria y menos envasada. Ahora, la precarización del empleo, la introducción de la mujer al mercado laboral, el mayor número de personas que viven solas y el poco tiempo explican este cambio de modelo», concreta. Así, pasamos de un modelo de familias a individualización. De hecho hay productos que pasan de vidrio a plástico por estas características de dosificación, como es el caso de la mayonesa, que el tarro es de cristal pero existen monodosis de plástico.

También viene ligado por un mayor consumismo. «Antes las familias eran más austeras y vivían con un sueldo. Ahora se vive con dos y se consume más». Así, Morán detecta que la publicidad ha tenido un gran papel en este cambio: «Para la gente la felicidad es la cultura de lo colectivo, pero la sociedad de consumo busca lo contrario, la individualización». Esto se incentiva, según Morán, con la publicidad, que vende una idea simbólica como, en el caso de la Coca Cola, la felicidad. «Los anuncios muestran más alimentos procesado, cuando antes se mostraba lo necesario y se explicaban las características del producto. Así venden la idea de falsa comodidad del modelo de usar y tirar. Hay libertad para el consumidor entre marcas y productos, pero muy poca en cuanto a los envoltorios y la empaquetación de los mismos», critica.

Iniciativas ciudadanas

«Vivimos en un sitio, trabajamos en otro más lejos y tenemos a los familiares en otro lugar, lo que nos impide tener tiempo para relacionarnos con nuestro entorno«, defiende Charo Morán, que asegura que faltan los lugares de encuentro «que no sean tan mediados por el consumo«. Con esto, se refiere a los parques en los que antiguamente se relacionaba con los vecinos que se convertían en una especie de familia. «Nuestro estilo de vida dificulta volver al modelo del pasado y no tenemos articulación comunitaria que genere estas relaciones vecinales«, concluye.

Frente a esto, aparecen iniciativas ciudadanas que quieren volver al modelo anterior basado en la cohesión social y que se apoya en el movimiento «Do it Yourself» (Hazlo tú mismo) o cultura «maker«. Así, espacios como Medialab Prado ofrecen talleres en los que enseñan a tejer o a reparar pequeños electrodomésticos para no comprar nuevos y reducir así los residuos. También la web Alargascencia, una iniciativa de Amigos de la Tierra, recopila establecimientos en España donde se puede reparar, intercambiar, alquilar y prestar productos para alargar la vida útil de los objetos.

Por su parte, Vivir sin plástico da consejos para reducir el plástico en el día a día, mientras que Retorna ha impulsado una campaña para que vuelva la devolución de «cascos» en los comercios: «Devolver las latas y las botellas a la tienda mediante un depósito de 10 céntimos puede acabar con el abandono diario en España de 30 millones de envases de bebidas«. También se organizan supermercados cooperativos vecinales para pedir alimentos a granel y evitar el plástico de las grandes superficies. «La idea es pasar de una sociedad de consumo a un colectivo. Volver a la vida de barrio«, aclara Morán. Así, lo que hace unos años era una realidad cultural en España, ahora se trata de un ideal a futuro: reutilizar los envases en vez de consumir productos con empaquetados de usar y tirar.

El modelo de la reutilización

En el mundo, más de 40 países, como Holanda, Australia o Dinamarca, tienen implantado un modelo de reutilización de envases. Los países escandinavos aseguran que tienen cifras de recuperación entre el 80 y el 95%, mientras que Alemania, uno de los casos más famosos, ha alcanzado el 98,5% de éxito.

España, que deberá recuperar el 90% de los envases de bebida para cumplir con Europa, solo cuenta con una normativa para la implementación de este modelo en regiones como Navarra y Baleares. Un canal que sí utiliza este modelo de retorno de «cascos», según lo establece la legislación, es el HORECA (hoteles, restaurantes y cafés). Un estudio realizado para el Congreso Nacional de Medio Ambiente Conama de 2018 -patrocinado, entre otros, por el Ministerio de Transición Ecológica- recoge que el 55% de las bebidas que se sirven en la hostelería se hacen mediante envase retornable, lo que consiguió evitar en 2016 la generación de 2,1 millones de toneladas de envases de vidrio, 138.450 toneladas de latas o 74.000 toneladas de envases de PET (por sus siglas en inglés, de tereftalato de polietileno).

Fuentes

1 Comentario

  • Creo que en el sistema actual existe un punto negro del que no se habla. ¿Dónde y cómo se reciclan los residuos plásticos que depositamos selectivamente? ¿Existe una trazabilidad fiable? ¿Se exportan?
    En los últimos meses han salido en medios multitud de noticias sobre las ingentes exportaciones de los paises occidentales a Asia, así como las malas praxis que se han realizado durante muchos años.
    ¿Es posible que parte de nuestros envases esten flotando en la isla de basura del Pacífico, o contaminando con microplásticos o subproductos cursos de agua dulce en China o Malasia?

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