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Cómo hemos llegado hasta el 10-N: la política del péndulo
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Cómo hemos llegado hasta el 10-N: la política del péndulo

Desde diciembre de 2015 en España se han sucedido cuatro campañas electorales, contando la que hoy comienza, cuatro elecciones generales, si sumamos el 10-N, y dos mociones de censura

Sí, no y abstención. Con estas tres palabras se podría explicar la política nacional desde 2015. Cuatro años de idas y venidas que han llevado a celebrar cuatro elecciones generales, otras tantas sesiones de investidura y dos mociones de censura. Todas ellas, con dos protagonistas y un punto que une a los cuatro principales partidos: su política del péndulo.

20-D: la investidura fallida de Sánchez tras el no de Rajoy al Rey

Tras la legislatura de la mayoría absoluta, Mariano Rajoy ganó las elecciones del 20 de diciembre de 2015 con el 28,7% de las papeletas y 123 diputados. Al ser el aspirante más votado, Felipe VI lo designó como candidato a la investidura, pero el líder del PP rechazó el encargo del rey, asegurando que no tenía los apoyos necesarios: “En este momento no estoy en condiciones de presentarme a la investidura porque no solo no tengo una mayoría suficiente de votos a favor, sino que tengo una mayoría absoluta acreditada de votos en contra”. 

Fue la primera vez que esto ocurría y supuso que, tras una segunda ronda de contactos, el Rey eligiera a Pedro Sánchez como aspirante. El líder del PSOE -segunda fuerza el 20-D- consiguió sumar a sus 90 diputados el apoyo de los 40 de Ciudadanos, tras llegar a un acuerdo con Albert Rivera para formar un “Gobierno reformista y de progreso”.

Un pacto al que se opuso Pablo Iglesias, que lo  tachó de “capitulación”. El candidato socialista empleó un concepto opuesto, el de “proyecto ilusionante”, mientras que el líder de Ciudadanos puso en valor su capacidad para buscar los puntos en común con el PSOE y, con esto, mandó mensaje al PP: “Señor Rajoy, creo que usted no es creíble para liderar esta nueva etapa política”. 

Pero los 130 diputados que respaldaron el acuerdo fueron insuficientes para investir a Pedro Sánchez. Terminado el plazo estipulado por la Constitución, se disolvieron las Cortes y se convocaron elecciones para el 26 de junio de 2016. De nuevo, se vivían dos situaciones inéditas: nunca hasta el momento una sesión de investidura había resultado fallida ni se habían tenido que repetir unos comicios generales en España.

26-J: Rajoy es investido gracias al sí de Cs y la abstención de un PSOE sin Sánchez

El 26 de junio el candidato del PP no solo volvió a ser el más votado, sino que amplió su ventaja respecto a la segunda fuerza al lograr 137 escaños por los 85 socialistas, el peor registro histórico del PSOE en unas elecciones. En esta ocasión, Mariano Rajoy sí aceptó el encargo de Felipe VI y alcanzó un acuerdo con Ciudadanos (32 diputados) y Coalición Canaria (1). Como ocurriera en marzo, la suma fue insuficiente y la sesión de investidura volvió a terminar en fracaso. 

Dadas las circunstancias y la aritmética parlamentaria, la elección de Rajoy pasaba entonces por la abstención de los socialistas, una opción que Sánchez descartaba reiteradamente. Fue entonces cuando hizo famoso su ‘no es no’. Conforme pasaban los días, crecía la sombra de unas terceras elecciones y la tensión en Ferraz entre los partidarios y detractores de facilitar el Gobierno del PP.

Esta estalló en el Comité Federal del 1 de octubre, donde se votó la posición del partido ante la investidura. Tras salir derrotado de este plebiscito, Sánchez dimitió como secretario general y como diputado. Apenas un mes después, el PSOE -con su abstención- hizo posible que Mariano Rajoy fuera reelegido presidente.

Dos mociones de censura en una legislatura 

Siete meses después, el único de los principales partidos que no había facilitado la investidura, intentó introducir un cambio de guion a la legislatura. En mayo de 2017 Podemos presentó una moción de censura contra Mariano Rajoy para terminar con lo que definían como el “saqueo” del PP. No contó en esta iniciativa con el apoyo del PSOE, donde Pedro Sánchez volvía a estar de vuelta tras ganar en las primarias a Susana Díaz. 

En el debate en el Congreso, los socialistas no solo consideraron “inviable” un Gobierno en solitario de Podemos sino que exigieron a Iglesias que les redimiera del fracaso de la iniciativa: “¿Con qué mayoría parlamentaria gobernaría usted? ¿Con qué mayoría va a gobernar el día a día así? ¿No ve que es inviable? (…) Este es un acto fallido en origen, así que libérenos de esa responsabilidad”. En esta línea, José Luis Ábalos -portavoz del PSOE- llegó a asegurar que abstenerse tampoco era “tan grave”.

Un año más tarde el escenario cambió. El 24 de mayo de 2018 se hizo pública la sentencia del ‘caso Gürtel’, que condenaba al PP como “partícipe a título lucrativo” en la trama de corrupción. Un hecho que el PSOE consideró lo suficientemente grave como para presentar una segunda moción de censura.

Los argumentos que 12 meses atrás desdeñó Ábalos, ahora Sánchez los hacía suyos: “De sobra saben, señorías, que la abstención equivale a decir no a la regeneración democrática y, por tanto, no hay término medio. Así que apelo, señorías, a su responsabilidad última, a que no indulten con su voto el cierre en falso de una prórroga que hace mucho tiempo debimos cerrar en esta Cámara”.

La moción de censura contó con el sí de Unidas Podemos y los partidos nacionalistas y, por 5 votos -los del PNV-, Sánchez fue elegido presidente del Gobierno. Un Gobierno que estaría en minoría en el Congreso, con solo 85 diputados.

El PSOE llegó a La Moncloa en solitario, es decir, con la necesidad de llegar a acuerdos para sacar adelante sus medidas. En esta situación, Sánchez señaló a Podemos como “socio preferente” y firmó con él un acuerdo para los Presupuestos de 2019. Sin embargo, ambas formaciones no sumaban los suficientes apoyos y requerían de más grupos parlamentarios. En esta ocasión, las formaciones independentistas, que dieron su sí a la moción de censura, mantuvieron un no a las cuentas en el contexto del juicio del procés que estaba a punto de arrancar. 

Los soberanistas reclaman al Ejecutivo que la Fiscalía rectificara su postura y que se abriera un escenario de diálogo entre ambas partes con la presencia de un mediador internacional. Esta figura es la que Carmen Calvo transformaría en la de un “relator” en una mesa de partidos catalanes al que le asignó la función de “ayudar a organizar” estas reuniones. 

Aunque la medida nunca llegó a aplicarse, PP, Ciudadanos y VOX la consideraron un ataque a la unidad de España y convocaron una manifestación en la madrileña plaza de Colón en señal de protesta. En ella, se leyó un manifiesto que reclamaba un adelanto electoral: “Estamos aquí reunidos para decirle al Gobierno de España que no estamos dispuestos a tolerar más traiciones ni concesiones frente a aquellos que quieren destruir nuestra patria (…) Exigimos al presidente del Gobierno la convocatoria inmediata de elecciones generales”. En nombre de la “estabilidad” y tras corroborar el fracaso de los Presupuestos en el Congreso, Sánchez convocó elecciones anticipadas el 15 de febrero.

Del 28-A al 10-N: ¿mismo bloqueo?

Las urnas conformaron un Congreso con mayoría de izquierdas y, tras el 28-A, casi se daba por seguro el acuerdo entre Podemos y el PSOE. O al menos, ese era el mensaje que le lanzaron los militantes a Sánchez durante la noche electoral: “¡Con Rivera, no! ¡Con Rivera, no!

En paralelo, los líderes del PP y Ciudadanos hicieron del ‘no es no’ su lema y, aunque el número uno socialista pedía su abstención, Casado y Rivera descartaban la posibilidad una y otra vez. Según el líder popular, el Gobierno del PSOE “sería una amenaza para su futuro”, al tiempo que el presidente naranja recurría a la idea que, en la investidura de Sánchez de 2016, empleó para descartar a Rajoy: “España merece más y no se merece un presidente como usted”.

El PSOE también buscó el acuerdo al otro lado del hemiciclo. La negociación con Unidas Podemos, sin embargo, terminó sin acuerdo debido a la presencia y competencias que podría tener el partido morado en un hipotético Gobierno de coalición. Sánchez veía, así, como la segunda sesión de investidura a la que se presentaba acaba como la primera: en fracaso. 

A  pocos días de que acabara el plazo marcado por la Constitución, Albert Rivera cambió la postura de su partido ofreciendo su apoyo a Sánchez a cambio de tres condiciones: romper en Navarra la coalición de Gobierno entre el PSE, Geroa Bai y Podemos en favor de Navarra Suma (la fuerza más votada el 26-M), comprometerse a “planificar” la aplicación del artículo 155 en Cataluña si los líderes independentistas no asumían la sentencia del procés y garantizar que no subiría los impuestos a “las familias” ni la cuota a los autónomos. 

El candidato socialista aseguró que ya cumplía las tres, lo que el líder de Ciudadanos calificó de “tomadura de pelo”. No hubo más ofertas ni búsquedas de acuerdo y el 24 de septiembre se convocaron unas nuevas elecciones generales para el 10-N. Las cuartas en cuatro años. 

Desde entonces, en una precampaña marcada por los disturbios en Cataluña en protesta por la sentencia del juicio del procés y la exhumación de Franco, los partidos mueven sus fichas pensando en los pactos postelectorales: Pedro Sánchez insiste en un Gobierno en solitario que dé “estabilidad” al país; Pablo Casado -en alza en las encuestas- en postularse como “la alternativa” al PSOE; Albert Rivera en señalar al PP como socio preferente pero sin descartar un acuerdo con socialistas para evitar la repetición electoral; y Pablo Iglesias en situar un Gobierno de coalición como la única manera de que garantizar que Sánchez lleve a cabo políticas de izquierda. 

En esta misma línea se ha situado el nuevo actor de la campaña electoral. Más País, la coalición con la que Íñigo Errejón ha dado el salto a la política nacional, asegura que ha nacido para facilitar la formación de un Ejecutivo de este segmento ideológico: “Si queremos que haya un resultado diferente, hay que votar diferente para que haya un Gobierno progresista”, aseguró en la presentación de la candidatura. 

En el lado opuesto del espectro, Santiago Abascal también avisa de lo que implicaría un pacto entre PSOE, PP y Cs -renombrado por él como “el tricentrito”– pero por motivos opuestos. En su caso, se presenta como el baluarte de un hipotético Ejecutivo de derechas: «Solo Vox no facilitará un Gobierno del PSOE”, afirmó en una entrevista en Espejo Público.

El viernes 1 de noviembre, día en que arranca oficialmente la carrera hacia las urnas, las posturas son claras… pero ya lo parecían en 2015, 2016, 2017, 2018 y 2019. En todos estos años el péndulo ha modificado los argumentos de los principales partidos, pero no la sensación de que el país vive en una campaña electoral constante desde hace cuatro años. Cuatro años que, vistos en perspectiva, bien quedan explicados en esta frase de Julio Cortázar en ‘El Perseguidor’: “Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, aunque ya todo convergía a esto”.

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