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Claude Monet, la «impresión» del momento
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Claude Monet, la «impresión» del momento

Un 14 de noviembre de 1840 nacía Claude Monet, el pintor francés que revolucionó el arte como padre de la corriente artística del impresionismo

'Impresión, sol naciente', de Claude Monet, 1874.

14 de noviembre de 1840. París acoge el nacimiento de Claude Monet, el fundador del impresionismo francés. Su camino artístico comenzó en su infancia, cuando hacía caricaturas por encargo en la ciudad en la que vivía. Durante años, el pintor sobreviviría financieramente a base de encargos particulares y algunas exposiciones en el Salón de París.

El primer intento fuera del realismo de Monet llegaría en 1867. Femmes au jardín fue su primera obra “impresionista”: dejaba a un lado los detalles del realismo para centrarse en el momento concreto. ¿Cómo logró esto? Con “rostros imprecisos” y “una pincelada aparente que juzga como una marca de desenvoltura y de inacabado”, tal y como recoge el comentario de Musée d’Orsay.

Esta obra fue rechazada por el Salón de París para ser expuesta. «Demasiados jóvenes tan sólo piensan en perseguir en esta abominable dirección. ¡Ya es hora de protegerles y de salvar el arte!», declaraba uno de los miembros del jurado. A partir de entonces, comenzaría la obra de Claude Monet que marcaría toda una corriente: el impresionismo.

Un sol y dos barcas

“Al contemplar la obra pensé que mis gafas estaban sucias. ¿Qué representa esta tela? El cuadro no tenía derecho ni revés… ¡Impresión!, desde luego produce impresión… el papel pintado en estado embrionario está más hecho que esta marina…” Louis Leroy (1812-1885), crítico de arte, sobre Impresión, sol naciente.

‘Impresión, sol naciente’, de Claude Monet, 1874.

Fue a partir de este artículo de Leroy sobre lo que él mismo denominó como “exposición impresionista” – Monet, junto con otros artistas, organizar la Sala de los rechazados frente al Saló de París – y que rápidamente se utilizó para bautizar el estilo de Monet. Su obra Impresión, sol naciente (expuesta en 1874) sería el comienzo del movimiento.

En ella, Monet reformulaba las “marina” (pinturas cuya inspiración principal es el mar y que, en Francia concretamente, se centraba en embarcaciones): un reflejo del atardecer en el puerto de Le Havre. El pintor francés, lejos de lo que era habitual en la época, realizó un cuadro plenarista – de au plein air, en francés –, aquellas obras pintadas al “aire libre” sin previo estudio.

Esto hizo que Monet realizara trazos rápidos en el que el detalle, propio del realismo de la época, dejaba paso a la rapidez de la composición y, sobre todo, al reflejo de la luz como tema principal. De esta manera, el pintor trataba de ilustrar un momento exacto, concreto, como el instante en el que el sol comienza a caer.

“El motivo es secundario”

Con el Impresionismo, las obras buscaban romper con el esteticismo realista que se había impuesto: las obras debían ser una consonancia entre lo que trataban y sus aspectos formales. “El motivo es secundario, lo que quiero representar es lo que existe entre el motivo y yo”, afirmó Monet. Esto denota la intención de la corriente: se abandona la idea de unos valores “objetivos” para reflejar, en pintura, la subjetividad del artista frente a un momento. La “impresión” del pintor frente a la naturaleza o el hecho que vislumbran.

De esta forma, Monet (y sus contemporáneos) se alejaron por completo de los estudios de pintura y se sumergieron en el trazo yuxtapuesto, es decir, los luces que hasta entonces se había utilizado daba paso a la superposición de colores y tonos más allá del blanco/negro. Así, el impresionismo trataba de dar forma al momento: la luz, los colores, la atmósfera… el cuadro debía reflejar un instante, no una odisea.

‘Campo de amapolas’, de Claude Monet, 1873.

También hay que tener en cuenta que el impresionismo nace como respuesta a la fotografía. Ya no es necesario que se plasme la realidad de manera «objetiva» y, valga la redundancia, realista porque la instantánea siempre será superior en estos aspectos.

Además, hay que tener en cuenta que esta corriente nace en plena revolución industrial y con una burguesía ya acomodada. Los cuadros ya no eran propios de nobles mecenas, la Iglesia o sectores de alta cuna, la clase económica fuere se había convertido en un cliente. Por lo que, en detrimento de la temática, se buscan ejecuciones más rápidas, ligeras y lúdicas, proponiendo una forma atractiva para su consumo.

Hasta tal punto que el propio Monet, en vísperas de su muerte, destruyó algunas obras inacabadas (e incluso bocetos y borradores) con el fin de que no se pusieran a la venta.

Fuentes

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