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Catalina de Aragón, reina de oro en el destierro
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Catalina de Aragón, reina de oro en el destierro

Catalina de Aragón, hija de reyes, madre de reina, consorte del rey; una mujer que murió en el destierro pero blindada por la memoria inglesa

16 de diciembre de 1485. Nace la última hija de los Reyes Católicos, la esposa del monarca más recordado de Inglaterra y la madre de la primera reina del país. Nace Catalina de Aragón, la primera víctima de Enrique VIII.

“Si no fuera por su sexo, podría haber desafiado a todos los héroes de la historia”, fueron las palabras con las que Thomas Cromwell, uno de los mayores aliados del rey anglicano – al menos hasta 1540, cuando es ejecutado – describió a la reina consorte de Inglaterra. Catalina de Aragón se mantuvo recia hasta su muerte en las ideas que había defendido durante el resto de su vida: la fe católica y su puesto de reina.

“A Dios encomiendo mi causa”

La que fuera la primera esposa de Enrique VIII no logró satisfacer su principal necesidad: dotar a la Corona de los Tudor de un hijo varón. Tras cinco partos “llamados de la Tierra por Dios”, solo María Tudor superó la mayoría de edad. En esta cruzada, Ana Bolena hace acto de presencia interrumpiendo el que ya era un matrimonio decadente.

Ante las incesantes exigencias del rey de que se retirara a un convento (lo que permitiría la anulación de la unión), Catalina de Aragón se niega en rotundo. Una mujer que protagonizaba el imaginario inglés con una armadura a la medida de su embarazo durante las batallas contra Jacobo IV de Escocia, no pretendía quedar relegada a la vida eclesiástica. Suya era la leyenda, pero también la victoria.

Ante la negativa de Catalina de dejar de cabalgar en pro del reino y de su fe, Enrique VIII decide fundar su propia Iglesia en que el rey de Inglaterra es el representante de Dios en la Tierra. De esta manera, el monarca podía declarar nulo el matrimonio y unirse a Ana Bolena. Pero aún tenía un problema, ¿qué ocurriría con Catalina?

Derramar su sangre en la Torre de Londres no parecía una opción. Carlos V, emperador del Sacro Imperio y rey de España, tenía en su haber la mayor fuerza de Europa. Así que en 1533 Enrique VIII decide desterrar a Catalina de Aragón al Castillo de Kimbolton.

Con el rey, contra la Revolución

Catalina de Aragón estaba condenada a la soledad. No se le permitía comunicarse con, prácticamente, nadie y menos aún saber de su hija, María, quien se mantuvo a las faldas del rey – y que pasaría a la historia como Bloody Mary –. La tía de Carlos V se mantuvo, jamás renegó ni de su título de reina, ni de su descendencia. Ni tampoco de su fe.

Enrique VIII le otorgó la posibilidad de cambiar su suerte: ella y su hija debían reconocer a Ana Bolena como reina de Inglaterra. Ambas se negaron. Tan solo dos personas lograron ver a la consorte: María Salinas, una de sus damas, y Eustace Chapuys, embajador del Imperio en Inglaterra.

Este último pretendía otro futuro para la sobrina del emperador. Chapuys propuso a Catalina de Aragón una escapada a Flandes, entonces castellano, y desde ahí preparar un levantamiento contra el rey de Inglaterra. En 1531, uno de los nobles de las tierras galesas se había declarado ya en rebelión y ofreció su guarnición por la reina; lo que le valió la ejecución.

Una idea que no tardó en rechazar Catalina de Aragón. A pesar de las afrentas, la castellana mantenía su respeto y obediencia al rey de Inglaterra – “Finalmente quiero jurar que mis ojos os desean por encima de todas las cosas”, le escribió en su última carta –. Ante esto, Chapuys pensó en María; que también rechazó liderar un levantamiento a petición de su madre: “Responded con pocas palabras obedeciendo al rey, vuestro padre, en todo salvo que ofendáis a Dios”.

Fotografía de la tumba de Catalina de Aragón | David Iliff

“Os lo perdono todo, y deseo rezar a Dios que os perdone también”, fue la última carta que recibió el rey firmada por la española. Catalina de Aragón moría con un corazón ennegrecido y en soledad, Enrique VIII había relegado a su primera mujer a “princesa viuda de Gales” y quería que el pueblo olvidara a aquella mujer que venció a Escocia y salvó a una hija. Pero, mientras, Inglaterra pintaba de dorado su epitafio, para recordar quién fue Catalina de Aragón:Katherine, Queen of England”.

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