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Cambio de hora: ¿Qué pasó con la idea de suprimirlo?
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Cambio de hora: ¿Qué pasó con la idea de suprimirlo?

A las 3 serán las 2. La noche del 26 al 27 de octubre tendremos un nuevo cambio de hora pero, ¿será el último? ¿Quién lo propuso por primera vez? ¿Cómo afecta a nuestro sueño y nuestras rutinas? Preguntas y respuestas.

Instalación artística de relojes | MaxPixel

¿Será este el último cambio de hora?

No. El 29 de marzo de 2020 habrá cambio de hora y volveremos al horario de verano. Así lo marca la ley, que traspone una directiva comunitaria de obligado cumplimiento. Los países de la Unión Europea no pueden decidir unilateralmente si cambian o no la hora dos veces al año. Pero sí pueden decidir en qué huso horario situarse. La Comisión ha tratado que cualquier decisión de este tipo sea consensuada.

¿Dormiremos más o menos?

Depende de lo que hagas con las horas nocturnas de este sábado y domingo. Dispondrás de una hora más para hacer lo que quieras. También dormir. A las 3 de la madrugada del domingo serán, de nuevo, las 2.

Eso sí, desde el punto de vista médico, sí que la comunidad médica suele hablar de cierto desajuste, una especie de jet lag que dura entre unos días y semanas, especialmente entre población mayor e infantil. El sueño se puede desregular parcialmente, aunque hay pocos estudios que traten el tema.

La Sociedad Española del Sueño recomienda que nos quedemos en el horario del invierno

La Sociedad Española del Sueño tiene una posición clara: no al cambio de hora. Y mejor dejar el de invierno.

Las horas de luz a las que nos exponemos influyen en nuestros ritmos circadianos, que controlan el sueño. En cada persona es diferente, eso sí, y hay que tener en cuenta que estamos inmersos en decenas de fuentes de luz artificial, alguna, particularmente energética, como la luz azulada de las pantallas y bombillas led.

¿Por qué se planteó la Comisión Europea dejar el horario de verano?

En verano de 2018, la Comisión Europea lanzó una consulta no vinculante a la población preguntando si les parecería interesante permanecer todo el año con el horario de verano. De facto, tener más horas de luz por la tarde y menos por la mañana.

Los países con menos insolación votaron masivamente. Así que el resultado fue de un 80% de votos a favor de no hacer el cambio de hora en septiembre. Es decir, quedarnos siempre con el horario de verano.

¿Cómo afectaría a España dejar todo el año el horario de verano?

Pongamos un ejemplo. El día en que entra el invierno, el municipio de Muxía (A Coruña) el 22 de diciembre amenecería a las 10:05. El Sol, de asomar entre las nubes, escondería sus últimos rayos a las 20:05.

Al otro lado de la península Ibérica, en Cadaqués, con el horario de invierno dicen adiós al sol a las 17:18 ese 22 de diciembre. De mantenerse el horario de verano, se podría una hora más tarde y saldría a las 9:13.

Las consecuencias no astronómicas son objeto de debate. A nivel escolar, laboral, turístico, etc.

¿Se ha planteado España no cambiar la hora en octubre?

Más bien, cambiar de huso. Hay colectivos como la Asociación para la Racionalización de Horarios (ARHOE) que defienden que deberíamos suprimir el cambio de hora, pero para quedarnos con el horario de invierno.

A pesar de lo que dicen las encuestas del CIS, que revelan que un 64 % de los españoles prefiere el horario de verano, desde ARHOE José Díaz Canseco cree que lo más lógico es quedarse con el «huso acorde con la situación geográfica y las horas de sol», en palabras a Efe

La idea sería cambiar de huso horario. Es decir, quedarnos con la hora de Canarias o Portugal, una vez suprimido el cambio de hora. Fundamentalmente, para tener más horas de luz por la mañana.

¿Tiene que ver cuándo hay luz natural con la conciliación?

La teoría que sostienen en ARHOE es que seremos más productivos y nuestras jornadas laborales se alargarán menos, y los más pequeños llegarán más activos al cole, con más luz.

Jornadas de trabajo por países | EPData

Pero esa es sólo una hipótesis. Su tesis es que si nos ajustamos a unos horarios «más europeos», seremos «más europeos» en nuestro comportamiento laboral y se favorecerá la conciliación entre vida personal, familiar y laboral.

Pero eso es sólo una teoría, a la que se oponen personas como el catedrático de física Jorge Mira, activo defensor de dejar las cosas como están. Suele referirse a esa teoría como «homeopatía de la hora».

Un estudio publicado en Scientific Reports en 2018 desvinculaba las costumbres en distintos países de la luz solar.

¿Quién dice qué hora es en España?

Primero, el Real Observatorio de la Armada de San Fernando (Cádiz). Allí se custodia la hora oficial gracias a relojes de cesio y un máser de hidrógeno. Emiten señales estables, sincronizados a nivel internacional, ajustados conforme a las leyes de la relatividad (el tiempo pasa más despacio en zonas costeras) . El proceso de cambio de hora está automatizado. El es Gobierno quien determina cómo interpretar esos relojes atómicos. O lo que es lo mismo, qué hora es.

¿Qué ha dicho el Gobierno?

En 2018 convocó a una comisión de personas expertas, entre quienes estaba el profesor Mira, la ARHOE o el IDAE, no para evaluar si cambiar o no la hora –Europa no nos deja hacerlo por libre–, sino si cambiar de huso horario. Y no se pusieron de acuerdo. Así que la conclusión fue:

No producir ningún cambio precipitado en los husos horarios mientras no exista un consenso compartido y una difusión práctica a nuestra ciudadanía de los riesgos y oportunidades que comporta.

Una parte prefería dejar todo como está. Otra, adoptar el horario fijo de invierno (retrasar un huso) atendiendo, principalmente, a criterios de salud y empleo de nuestras horas de sol. Otros defendían a mantener fijo el horario de verano si Europa da el paso, teniendo en cuenta un previsible impacto positivo en el sector turístico.

¿Cómo empezó el cambio de hora?

William Willett, impulsor del cambio de hora

El primero en plantear a un gobierno el cambio de hora fue un constructor inglés al que le gustaba jugar al golf por la tarde.

Con una partida de golf. Al constructor inglés William Willett le encantaba este deporte, popular en el sur de la isla a finales del siglo XIX. Le gustaba el golf de tarde. Propuso, por primera vez, un cambio horario para que en invierno se pudiera contar con una hora más de luz solar y jugar al golf a gusto.

No le hicieron caso hasta la Primera Guerra Mundial. El imperio alemán lo aplicó y le siguió el Reino Unido y Estados Unidos en 1916, pero sólo como medida excepcional. A los agricultores madrugadores no les hacía mucha gracia.

Hay que tener en cuenta que hasta la generalización del ferrocarril, cada ciudad tenía su propio horario. España no unificó su hora hasta 1901, ajustándola a la de Greenwich (GMT+0) hasta 1940.

El cambio de hora fue aplicándose intermitentemente a lo largo de los años y según cada país. Pero la crisis del petróleo volvió a poner la medida sobre la mesa. Esta vez, para quedarse desde 1974. La CEE lo convirtió en norma común en 1980.

La mayoría de países ecuatoriales no cambian sus relojes. Las variaciones en la duración del día son insignificantes hacia el ecuador.

La inmensa mayoría de América Latina y Rusia cambiaban su hora dos veces al año, pero dejaron de hacerlo. Sólo hay cambio de hora en casi todo Chile, Paraguay y parte de Brasil.

¿Se ahorra tanto con el cambio de hora?

Hay una cifra que suele repetirse año tras año: 300 millones de euros de ahorro. Un cálculo que, según sus detractores, no tiene en cuenta que ahora tenemos tecnología más eficiente y de menor consumo eléctrico.

De acuerdo con cálculos del IDAE, el cambio de hora supone un ahorro del 5% en la factura, unos 90 millones sólo en los hogares. Pero según aclaran a Newtral desde su gabinete de comunicación, no existen estudios recientes y la cifra referida data de hace más de una década.

«Hay numerosos estudios, basados incluso en experiencias reales en otros países, en las que los resultados no son concluyentes, y dependen en una medida muy importante en aspectos tales como la cultura, educación, etc.», señalan desde el IDAE.

Por la experiencia de otros países, los resultados no son concluyentes, y dependen de aspectos como la cultura o la educación.

Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE)

En todo caso, en el anterior cambio de hora, desde este instituto público sí se advirtió que el porcentaje de ahorro puede ser «poco significativo». Depende de factores como la climatología o el lugar geográfico, pudiendo hacer que se ahorre energía con el cambio horario en unas regiones determinadas y se consuma más en otras, según el exdirector del IDAE, el exdiputado Joan Herrera, en declaraciones recogidas por Efe.

«Todos los sistemas de automatización, regulación y control son básicos en los aspectos de ahorro, siempre que estén vinculados a la cantidad de iluminación natural, y a las temperaturas reales exteriores», explican desde IDAE en conversación por correo electrónico.

¿Tiene algo que ver la emergencia climática?

La emergencia climática plantea otra derivada. Si nos encaminamos hacia inviernos cada vez más suaves, el sector hostelero apela a que gozaremos de más horas de luz para disfrutar de terrazas en invierno, por lo que suelen defender quedarnos en el horario de verano.

Esto se ha defendido ya en Canarias. Y el Parlament de Illes Balears aprobó en 2016 por unanimidad una declaración para atrasar los relojes y quedarse en el horario veraniego ante el cambio de hora otoñal. Declaración sin ningún recorrido, pero en la que mencionó argumentos como el turístico o, incluso, el de la conciliación laboral-personal.

¿Es verdad que tenemos ‘la hora de Alemania’ por las filias de Franco con Hitler?

A comienzos de la Guerra Civil la zona republicana y la zona nacional podían tener horas distintas en sus relojes, hubo varios cambios. En 1940, España pasó al GMT+1. El mismo huso horario que Berlín. Pero no fue el único país.

En 1981, con la vista puesta ya en la Comunidad Europea, se estableció el cambio de hora el último domingo de marzo y el último domingo de septiembre. Acompasándose con la directiva europea, el cambio de hora pasó en otoño al último domingo de octubre desde 1996.

Aunque los defensores de retroceder un huso horario señalan que no nos corresponde la hora de Alemania, desde el punto de vista físico hay que considerar no sólo la longitud, sino la latitud, para evaluar cuánta luz natural estará disponible al día.

Puede parecer obvio, pero al ser la Tierra redonda, se da la paradoja de que el 22 de diciembre, en Castellón amanece a la misma hora que en Berlín, aunque allí el Sol se ponga mucho antes. La línea del terminador, que separa la noche del día, no coincide con la de los meridianos:

Unos 250 millones de europeos amanecemos a la vez. «No cambiar la hora sería como llevar abrigo en verano y bermudas en invierno» aseguró Jorge Mira el pasado marzo en un seminario en la Universidad de Navarra.

«Portugal es el mejor experimento social del mundo sobre este tema, porque ha probado a lo largo de un siglo todas las configuraciones posibles de la hora, y por prueba-error ha concluido que tener horario de invierno en invierno y horario de verano en verano es lo mejor», añadió, en declaraciones recogidas por Europa Press.

¿Cuándo volveremos a plantearnos si cambiar o no la hora?

Tras el último cambio de hora de marzo, el Europarlamento votó (410 a favor, 192 en contra) retrasar a 2021 la supresión el cambio de hora. A partir de ahí, cada estado miembro debe elegir su huso horario.

La cámara pidió a los gobiernos comunitarios coordinación para no perjudicar al mercado interior. También planteó dudas sobre las consecuencias que tendría para sectores como el tráfico aéreo.

Fuentes:

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