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El Arco del Triunfo, el monumento napoleónico que el emperador no llegó a ver
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El Arco del Triunfo, el monumento napoleónico que el emperador no llegó a ver

Eventos como el funeral de Napoleón o la toma de París por los nazis han tenido a este símbolo de Francia como postal.

29 de julio de 1836. Se inaugura el Arco del Triunfo en París tras treinta años de construcción. La obra fue encargada por Napoleón Bonaparte para conmemorar su victoria en la batalla de Austerlitz (también conocida como la batalla de los Tres Emperadores), en la que los 68.000 soldados napoleónicos derrotaron a casi 90.000 miembros de los ejércitos ruso y austriaco que buscaban derrocar a Napoleón.

En un principio se pensó construir en el lugar en que se encuentra la Bastilla, ya que era la zona por la que entraba el ejército, pero, finalmente, Napoleón ordenó al arquitecto Jean Chalgrin erigirlo en la plaza de l’Etoile (hoy Charles de Gaulle), el final de la avenida de los Campos Elíseos, y más cerca de la residencia que el emperador tenía en el antiguo Palacio de las Tullerías. El arco, además, serviría para contribuir a las obras de embellecimiento de la ciudad que se estaban acometiendo en la época.

El monumento de 50 metros de altura estaba inspirado por el Arco de Tito, que se encuentra en la capital italiana junto al Foro Romano.  El arco forma parte del Axe historique, el Eje histórico de París. Una línea recta de nueve kilómetros que comienza en el Museo del Louvre, continúa por los Campos Eliseos hasta el Arco, y sigue por la Avenida Charles de Gaulle terminando en el Arco de la Defense, en el corazón financiero de Francia.

En este Eje se sitúa también un tercer arco, en los Jardines de las Tullerías que lindan con el Louvre. El Arco del Triunfo del Carrusel (cuyos 19 metros de altura lo empequeñecen al lado del Arco del Triunfo) fue construido entre 1806 y 1808, y también serviría para conmemorar las victorias de Napoleón.

Símbolo de la gloria

El Arco del Triunfo debía ser un arco de la victoria que recordase la grandeza militar del país. Los nombres de todas las victorias y generales franceses aparecen escritos a lo largo de sus paredes. El monumento es también una tumba. Es el lugar en el que descansan los restos del soldado desconocido.

En 1916, la victoria del bando aliado en la Gran Guerra no estaba clara. El gobernó tuvo la idea de otorgar un lugar de honor al cuerpo de un soldado cuya identidad se desconocía y que habría fallecido durante la batalla de Verdún: el soldado sería un símbolo de todos los caídos en la guerra.

En un principio se iba a llevar su cuerpo al Panteón, donde descansan los restos de los grandes personajes de la historia de Francia, pero a las asociaciones de veteranos no les gustó la idea, querían un lugar a la altura del sacrificio del millón y medio de soldados franceses que habían dado su vida por el país. En 1921, se le trasladó a la base del arco y cada tarde, a las 18:30h., se le homenajea reavivando la llama eterna que arde junto a su tumba.

Napoleón nunca vio el arco finalizado

El emperador abdicó en favor de su hijo en 1815 tras su derrota en la batalla de Waterloo. Los británicos le desterraron a la isla de Santa Elena, en Angola, donde falleció seis años después. El último rey de Francia, Luis Felipe I pidió permiso a Reino Unido para hacer regresar sus restos al continente.

El 15 diciembre de 1840 se ofició un funeral de Estado. La carroza fúnebre de Napoleón partiría del propio arco hasta la Capilla de San Jerónimo, donde su cuerpo esperaría hasta que se finalizase la famosa tumba en la que reposan sus restos, en el Palacio Nacional de los Inválidos.

El emperador no viviría para comprobarlo, pero el Arco del Triunfo cambió la concepción que se tenía de París, tanto física como simbólicamente. Recientemente ha sido tomado por las protestas de los chalecos amarillos contra el gobierno, pero su iconicidad tampoco pasó desapercibida en el pasado.

Los nazis marcharon a su alrededor cuando tomaron la capital, subvirtiendo su simbolismo como monumento a la victoria francesa, pero el bando aliado haría lo propio tras recuperar la ciudad. Hoy en día es el punto de partida del desfile militar del 14 de julio, la fiesta nacional francesa que conmemora la Fiesta de la Federación de 1790, símbolo de la unión de la nación y el fin de la monarquía absoluta un año antes con la toma de la Bastilla.

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