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Ana Romero ‘Willy’: futbolista y doctora
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Ana Romero ‘Willy’: futbolista y doctora

La veterana jugadora del Betis se ofrece para trabajar durante la crisis del COVID-19 y narra cómo su vida en este deporte siempre ha ido en paralelo a su formación para ser cirujana.

La jugadora del Real Betis Féminas controla un balón durante un partido de Primera.

La crisis del COVID-19 mantiene a Ana Romero, ‘Willy’, encerrada en su casa de Sevilla. Con el fútbol paralizado y sus protagonistas tratando de no perder la forma, ella piensa en ayudar a pacientes infectados. Licenciada en Medicina y con el MIR aprobado, quiere ser útil para la sociedad. «Me puse en contacto con el colegio de médicos de Sevilla, que abrió una bolsa de voluntariado, pero para trabajar en el Servicio Andaluz de Salud (SAS) tenemos que estar colegiados», explica a Newtral a la espera de una respuesta del departamento de colegiación.

«Se está haciendo complicado el encierro, no tengo mucho espacio en el piso y no puedo hacer nada de cardio», relata a newtral.es por teléfono, y aunque entiende las dudas iniciales, celebra la respuesta social. «Al principio costó entender esta situación, y es lógico porque faltaba información y no es fácil cambiar por completo la forma en la que vivimos, pero al final estamos viendo que en momentos malos respondemos, que sacamos lo mejor de nosotros».

Carrera profesional… con formación en paralelo

Ana se marchó de casa con 19 años e inició una trayectoria de éxito en el fútbol español. Jugadora de Sevilla, Rayo Vallecano, Barcelona, Valencia y Ajax de Ámsterdam, siempre tuvo este deporte como su trabajo. Con él, ganó varias ligas y copas y fue auto suficiente, pero nunca perdió la perspectiva de su futuro. Consciente de que su carrera tenía fecha de caducidad muy joven, comenzó a estudiar Medicina.

Cuando ‘Willy’ elegía una ciudad en la que jugar el fútbol, llevaba consigo el expediente. De Sevilla lo trasladó a Madrid (2007) y de ahí a Barcelona (2010). «Tardé más porque tuve que repetir varias asignaturas en el último traslado, porque los planes de estudios por entonces no estaban equiparados. El MIR lo comencé en Valencia (2015), pero me fichó el Ajax y tuve que dejarlo aparcado hasta que volví a España en 2018». A su regreso, lo aprobó en Sevilla, pero no con la nota suficiente para cumplir su sueño de ser cirujana. «El año que viene lo voy a repetir». 

La igualdad, en Holanda

En su última etapa en España, antes de marcharse dos temporadas a Ámsterdam, ‘Willy’ compaginó el fútbol con un trabajo en un colegio británico bilingüe. «Ponía la comida, recogía las cosas… Era un dinerito extra y tenía tiempo libre, así que lo cogí porque me venía bien. Pero fue el único momento en el que he trabajado aparte del fútbol». Su situación es excepcional para lo que ha vivido su generación en España, pero aún así hubo un choque cultural al llegar a Holanda.

«Los recursos se notaban. Teníamos una parte solo para nosotras en la ciudad deportiva, con nuestro propio gimnasio, sala de vídeo, sala para tomar café… Acabábamos de entrenar y comíamos allí con todos los futbolistas que entrenaban por la mañana. Otro detalle es que nos daban de comer y nos buscaban un hotel cada vez que jugábamos de casa, pese a que te cruzas el país en dos horas. Cogíamos el autobús y nos paraban para comer y descansar antes del partido. Es algo impensable aquí, como otros detalles como la promoción, las redes sociales… O que te presentaran de forma conjunta con el equipo masculino. Eran detallitos de todo tipo que te acercaban a la igualdad».

En España, esa profesionalización la ha vivido desde la base. «Siempre me he tomado el fútbol como mi trabajo, independientemente de lo que ganara. Pero lo que sí ha cambiado ha sido el entorno. Notas diferencias cuando cambias los entrenamientos de la noche a la mañana, cuando la gente se va tomando en serio lo que haces… En definitiva, cuando cambia la visión de los demás hacia nuestro fútbol».

La jugadora del Betis recoge el balón del fondo de la portería.

El éxito del convenio colectivo

«Nos ha costado mucho llegar a la situación actual», recalca Ana. «Ahora el convenio colectivo recoge que chicas de 18 años tendrán un dinero que no es normal para niñas de su edad. Lo importante es que no pierdan la perspectiva y que le den importancia a la formación. Puedes ganar mucho dinero si el fútbol crece, pero llegará un momento en el que tengas que dejarlo y dedicarte ocho horas al día a trabajar en un supermercado o en un trabajo que no te guste», advierte. Por eso pone el foco en la educación y en la importancia de los padres en este proceso.

«Las niñas pequeñas ya vienen con representantes a las negociaciones. Estamos cogiendo los vicios malos del masculino y debemos tener cabeza porque son muy pequeñas, no deben priorizar el dinero que puedan ganar. Los padres deben tener claro que están dejando el futuro de sus hijas en manos de gente que solo quiere hacer dinero, que ha visto en el femenino la oportunidad de crecimiento porque en el masculino ya está todo explotado y no hay por dónde ganar. Es importante no perder la perspectiva y no equipararnos con los niños, hay que tener cuidado, ser sostenibles y seguir formándose. Y cuidarlas, porque de nada sirve tener muy buenas condiciones en Primera si la base la tienes hecha una mierda. Entonces no habrá futuro, será todo una burbuja».

La ahora secretaria técnica del Betis—cargo que compagina con el fútbol— empieza a ver el escenario desde la parte organizativa. Y apunta a un futuro prometedor con una apuesta real por las mujeres. «En el caso del Betis me consta que se están haciendo las cosas por convencimiento, pero fuera de aquí y en general hay de todo, un poco de convencimiento y un poco de postureo o de presión social. Pero sea cual sea el motivo, lo importante es que tenemos tiempo de convencer a todos de que esto da sus frutos y que tenemos la razón apostando. La clave es seguir avanzando y sumar gente».

«Quiero un futuro como médico»

Concienciar a las nuevas generaciones es una tarea que muchas de las futbolistas veteranas han asumido como propia. Hacerles ver que cada detalle del que disfrutan ha supuesto una lucha y mantenerlas en la pelea para no relajarse suponen un esfuerzo diario. «Todavía queda muchísimo camino por recorrer y las únicas que van a poder hacerlo son ellas. Tienen muy buenas condiciones, nada que ver con lo que vivíamos hace cinco o diez años, y lo ven todo normal. Muchas se creen que esto ha sido así siempre y que es un derecho, pero ha costado mucho conseguirlo. Aunque estén en una situación privilegiada, queda camino y les toca a ellas». En su recta final, con 32 años, ‘Willy’ ya ve su vida ligada a la medicina. «Me encantaría poder compaginarlo, pero obviamente si quiero prepararme el MIR es porque quiero un futuro como médico».

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