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Al andar se hace camino
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Al andar se hace camino

Había un chico en el colegio al que le llamábamos ‘el enamorao’, porque leía poesía mientras otros jugábamos al fútbol, o a la consola, o al fútbol en la consola, lo más habitual. Era un chico nuevo. La verdad es que un día estaba leyendo en un rincón de las gradas del campo y alguien le quitó el libro de las manos por sorpresa. Cuando este vio que el libro era en verso recorrió el patio anunciando a gritos que el nuevo leía poesía y que merecía el mote de ‘el enamorao’, así que todos lo reconocimos de esa manera. A otros chicos los habíamos cazado también con un libro entre manos pero casi siempre eran ejemplares aceptables, novelas de Tolkien o de Stephen King, y por tanto eran simplemente ignorados. Pero ‘el enamorao’ había caído en desgracia por gozar de algo que ninguno entendíamos, algo así como si lo hubiésemos pillado fumando un puro. Cosas de mayores. En aquella época de nuestra pre-adolescencia, ninguno habríamos sido capaces de leer Pero yo he de buscar por los rincones / tu alma tibia sin ti que no ten entiende sin morir de vergüenza.

Pero aunque la poesía ha sido y es el género que mejor ha resuelto la necesidad de los artistas de verbalizar los sentimientos y las emociones propias del amor, no debemos pensar que ese lirismo y cadencia excluye o disminuye otras temáticas. Al contrario, solo hay que referenciar por ejemplo los grandes poemas épicos, nuestra literatura ancestral, desde el poema de Gilgamesh, las epopeyas de Homero, o el propio El Cantar de mio Cid. No merecerían sus lectores llamarlos enamoraos. También la poesía como descriptora de la naturaleza, a veces con la precisión y la armonía de, por ejemplo, los haikus japoneses.

Sin duda la poesía admite y potencia cualquier discurso.

Hoy quiero proponer, aprovechando que estrenamos año y por consiguiente propósitos, tres poemas motivacionales. O por lo menos tres poemas que a mí me motivan y pienso que a vosotros, caminantes, os podrían motivar también.

1.- If (Si). Rudiyard Kipling

Si necesitas ubicarte, restablecer algunos de tus principios, tomar perspectiva y coger algo de aire, clava este poema en tu habitación.

Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor
pierde la suya y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero admites también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o, siendo engañado, no pagar con mentiras,
o, siendo odiado, no dar lugar al odio,
y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;

Si puedes soñar-y no hacer de los sueños tu maestro;
Si puedes pensar-y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre
y tratar a esos dos impostores exactamente igual,
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos,
O ver rotas las cosas que has puesto en tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado
y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el minuto inolvidable
con un recorrido de sesenta valiosos segundos.
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene,
y —lo que es más— ¡serás un Hombre, hijo mío!

 

2.- Así que quieres ser escritor. Charles Bukowsky

Si estás pensando en iniciar algo, cualquier cosa, lee esto antes.

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leérselo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

3.- Yo no busco, encuentro. Pablo Picasso

Si necesitas inspiración o simplemente estas desorientado en tu búsqueda, Picasso te dice que esto puede ser una ventaja fundamental.

Yo no busco, encuentro.

Buscar significa partir de las cosas viejas

Y volver a encontrar lo conocido en lo nuevo.
Encontrar es algo completamente nuevo
nuevo también en el movimiento.
Todos los caminos están abiertos
y no se conoce lo que se encuentra.
Es una osadía, una aventura sagrada.
Sólo pueden enfrentar
la incertidumbre de tales osadías
quienes se sienten protegidos en el desamparo,
quienes se sienten guiados en la inseguridad
y ante la falta de guía,
quienes se abandonan
a una estrella invisible en la oscuridad,
los que se dejan arrastrar por el fin
y no fijan el fin restringiéndolo y sofocándolo
con limitaciones humanas.
Estar abierto a toda idea nueva,
a toda experiencia nueva,
Fuera y dentro,
Eso es lo esencial del hombre moderno,
Que en todo miedo al abandono
Sigue sintiendo la gracia de ser abrazado

En la revelación de nuevas posibilidades

PD: Resulta que el libro que leía el enamorao era efectivamente de amor. El tipo que se lo había arrebatado, en su ánimo de demostrar su descubrimiento, lo trajo donde nos encontramos y pudimos echarle un vistazo. Se trataba de ‘Bodas de Sangre’.

Yo recordaba ver ese título en la estantería de mi casa, así que cuando volví del colegio fui directo a comprobarlo. Allí estaba. Mi madre, granadina, al verme con él, me sentó a su lado y me leyó algunos de los versos de amor más bellos y desgarradores que recuerdo.

Novia: Desde aquí yo me iré sola.
¡Vete! ¡Quiero que te vuelvas!

Leonardo: ¡Calla, digo!

Novia: Con los dientes,
con las manos, como puedas.
quita de mi cuello honrado
el metal de esta cadena,
dejándome arrinconada
allá en mi casa de tierra.
Y si no quieres matarme
como a víbora pequeña,
pon en mis manos de novia
el cañón de la escopeta.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!

Leonardo: Ya dimos el paso; ¡calla!
porque nos persiguen cerca
y te he de llevar conmigo.

Novia: ¡Pero ha de ser a la fuerza!

Leonardo: ¿A la fuerza? ¿Quién bajó
primero las escaleras?

Novia: Yo las bajé.

Leonardo: ¿Quién le puso
al caballo bridas nuevas?

Novia: Yo misma. Verdad.

Leonardo: ¿Y qué manos
me calzaron las espuelas?

Novia: Estas manos que son tuyas,
pero que al verte quisieran
quebrar las ramas azules
y el murmullo de tus venas.
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento,
qué fuego me sube por la cabeza!

Leonardo: ¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.

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