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Un punto azul pálido: Carl Sagan y el big bang de lo humano
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Un punto azul pálido: Carl Sagan y el big bang de lo humano

Carl Sagan convirtió una fotografía de la Tierra, a más de 6.000 kilómetros, de la NASA en una llamada urgente a su cuidado

Voyager 1's Pale Blue Dot - NASA/JPL-Caltech.

20 de febrero de 1994. Carl Sagan publica uno de los libros más importantes de divulgación científica: Un punto azul pálido. Esta obra se basaba en la imagen tomada el 5 de febrero de 1990 del Voyager 1 en la que se veía la Tierra desde 6.000 millones de kilómetros, la más lejana de la historia.

La instantánea, considerada por la NASA como una de las más importantes de la historia, lejos de quedarse en una anécdota, comenzó a verse como un reflejo de la presencia del humano en el universo: ínfima. Con un tamaño de apenas “0,12 píxeles”, la Tierra no se veía más que como un punto sin importancia dentro de un basto campo de estrellas. Su brillo sin particularidad y su presencia irrelevante, convirtieron la fotografía, casi, en un tratado filosófico:

“Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. Un punto azul pálido, Carl Sagan.

Un punto hecho de vida

La Tierra ni siquiera es el planeta más grande del Sistema Solar y, en un punto azul pálido, ni siquiera es protagonista de la imagen. Hay que esforzarse en encontrar el planeta habitado y, sin la típica guía o flecha que indica dónde se encuentra, es una tarea casi imposible. Pero ahí está: un punto azul, iluminado por un haz de luz, que recoge “la Humanidad”:

“La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”.

Al fin y al cabo, donde aparecía un punto azul pálido, estaba la Tierra. No era el único planeta que se retrataba en la imagen, pero sí el más importante… para la propia Tierra. “¿Por qué hemos de empeñarnos en pensar que el universo fue hecho para nosotros? ¿Por qué resulta tan atractiva esta idea?”, recogía Sagan en su libro.

El divulgador explicaba, a partir de otros autores como Galileo o Bryan Appleyard, que la historia de la ciencia era el enfrentamiento entre lo real y la idea del ser humano como centro de todo aquello que lo rodea. Durante siglos se propuso modelos antropocentristas en los que la Tierra, como hogar de la Humanidad, era el punto sobre el que todo lo demás existía, pero un punto azul pálido demostró, con la fotografía – lo visceralmente visual -, que la vida era, si no una casualidad en el universo, una parte tan absurdamente pequeña que no podría suponer nada para el resto del mismo:

“Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… es desafiada por este punto de luz pálida”.

“Una mota solitaria en la inmensa oscuridad”

La imagen, que fue reeditada por la NASA con motivo de su 30 aniversario, en verdad, es un “retrato familiar”. En ella se retrata varios planetas del Sistema Solar: Neptuno, Urano, Saturno, Júpiter y Venus. Marte está oculto por “el rebote del haz de luz”, Mercurio “demasiado cerca del Sol”, y Plutón, Plutón es “demasiado pequeño, demasiado lejos y demasiado oscuro para aparecer”.

En un primer momento, a pesar de los esfuerzos de la NASA, la fotografía pasó sin pena ni gloria. Las últimas seis instantáneas tomadas por el Voyager 1, que apagó su cámara para ahorra combustible y batería, adoptaron un nuevo nivel de importancia gracias a la obra de Carl Sagan. Tardó cuatro años, pero finalmente se convirtió en parte de la historia.

Para Sagan, la fotografía un punto azul pálido era la última prueba que el individuo necesitaba para ver que, en comparación a la “inmensa oscuridad cósmica”, no es nada relevante en ella. En el capítulo “¿Hay vida inteligente en la Tierra?, Sagan imita la que sería una expedición extraterrestre y aquello con lo que se encontraría, desde el espacio, un visitante en búsqueda de vida.

“El hecho de que las actividades intestinales más íntimas de las vacas sean detectables desde el espacio interplanetario resulta desconcertante, especialmente si tenemos en cuenta que hay tantas cosas por las que sentimos gran apego que no lo son”.

Escribe Sagan acerca del metano, que sería de los primeros descubrimientos que podrían realizar. A partir de ahí, todo es humano. Las ondas de radio, que denotan vida inteligente, las formaciones “de líneas rectas y concentraciones”… y las luces. Algunas, por las ciudades, otras por proceso como la pesca y otras, simplemente, por el fuego.

“Todas las noches vislumbramos miles de fuegos. Durante el día, la región aparece cubierta de humo. Al cabo de los años, por todo el planeta, hay cada vez menos bosques y más desiertos áridos”.

“Algo ha salido mal”

Y es que aquel punto azul pálido, ya en palabras de Sagan, lo estaban matando. El discurso y la obra del divulgador no era baladí, no se trataba de una oda al minimalismo de lo mundano, sino una llamada darse cuenta de que, fuera de ese punto, la infinitud del universo no alberga (por ahora) más espacio para la vida humana.

“Indudablemente, algo ha salido mal. Los organismos dominantes, que, sean quienes sean, se han tomado tantas molestias para remodelar la superficie, destruyen al mismo tiempo su capa de ozono y sus bosques, erosionan su suelo (…) ha llegado el momento de replantearnos la conjetura que apunta a que exista vida inteligente”.

Sagan trató de despertar, a través de la fragilidad de un punto, a la conciencia popular para elaborar un discurso ecológico: si no se cuida de la Tierra, no hay más salida. Al final, el divulgador explica que aún no se ha descubierto otro planeta al que sea posible, material y climatológicamente, trasladar la vida humana, «tan solo como visita»:

“Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de los conceptos humanos que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos mejor los unos a los otros, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido”.

Fuentes

  • SAGAN, Carl; Un punto azul pálido: una visión del futuro humno en el espacio, Editorial Planeta, Cuarta Edición, 2003.
  • Voyager 1’s Pale Blue Dot, en NASA.
  • NASA Just Updated Earth’s Most Iconic Portrait, And We Are as Lonely as Ever, en Science Alert.
  • Carl Sagan – Pale Blue Dot, vídeo de carlsagandotcom.
  • 25 años del ‘punto azul pálido’, en El Mundo.

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