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Un director fantasma para un (casi) siglo de cine
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Un director fantasma para un (casi) siglo de cine

Alan Smithee es el director más prolíico de Hollywood. Más de 100 películas en casi 100 años lo avalan… aunque no exista

10 de febrero de 1977. Se estrena El sustituto en las televisiones americanas. Drama, acción… y todo con mucha acción. Parecía un mal precursor de Indiano Jones (1973), incluso la banda sonora era similar, aunque gozó de relativo éxito. La película no pasó a la historia del cine, pero los créditos, y en concreto los referentes al director, son parte de uno de los mayores ardides de la gran pantalla: “Directed by Alan Smithee”.

Alan Smithee es el director, productor, actor… y, prácticamente, cine en sí mismo. Se trata de un nombre que, solo en el primero de los casos, aparece en más de 100 películas desde el siglo XX hasta la actualidad. Aún en 2020 se esperan algunos estrenos por su parte.

Prolífico, versátil, maleable… muchos adjetivos podrían definir al que, seguramente, sea la figura más importante del cine de “segunda”. Aunque el que mejor se adapta a él es “falso”. Smithee es un nombre, pero no una persona.

El director fantasma que nació en la Guerra Fría, murió con el cambio de siglo, pero algunos están empeñados en mantenerlo vivo.

Un hueco en blanco

Todo se remonta a 1969 cuando Robert Totten estaba dirigiendo Death of Gunfighter, un wéstern al más estilo americano producido por Donald Siegel, quien en su haber contaba con la mayoría de cintas de un joven Clint Eastwood. Al año, las diferencias con el actor principal provocaron el despido de Totten y la sustitución de Siegel que, al finalizar el rodaje, también se enfadó y decidió no firmar la película. Algo que tampoco quiso hacer Totten.

Ambos pertenecían a la Director’s Guild of America (DGA), un sindicato de directores que tenía prohibido firmar con un pseudónimo. Pero alguien tenía que firmar la película, no podía estrenarse sin un crédito tan importante como el de director. ¿Cuál era la solución? Crear un pseudónimo oficial.

Necesitaban un nombre que no hubiera firmado antes en la historia del cine o, de hacerlo, se tratara de un pseudónimo utilizado por algún director no adscrito a la DGA. Además, tenía que sonar común, no podía ser un nombre que llamara la atención. “Alan Smith” fue la primera opción, pero ya había vivido algún director con ese nombre, así que crearon “Alan Smithee”, de fonética similar. En el caso de las mujeres, “Alana Smithee” (nunca se ha utilizado).

Una de cal y otra de Smithee

Las normas estaban claras para la DGA: utilizar el pseudónimo era renunciar a su autoría, por lo tanto, a sus derechos. Si la cinta tenía éxito, el director no vería un duro. También estaba obligado a no contarlo a nadie, ya que era “la última opción” y solo debía utilizarse en el caso de que nadie pudiera figurar como director.

Y el engaño funcionó. The New York Times, en su crítica a la cinta, dedicaba varias críticas al director, “dirigida torpemente” y a partir de entonces, continuaron así. Aunque nadie le ponía cara, las películas eran, en su mayoría, destrozadas por la prensa.

Poco a poco, el pseudónimo se hizo fuerte. Pronto fueron muchos los directores que se acogían a esta opción e incluso empezó a aparecer el nombre en seres de televisión y videoclips. El caso más conocido es el de David Lynch, reconocido director, que firmó la serie Dune bajo el beneplácito del anonimato.

Muerte del no vivo

Pero Hollywood es Hollywood, y todo se magnificó. Ya eran demasiados los que recurrían a este engaño – ya sea por las verdaderas presiones de la producción o por que las cintas eran realmente malas – y en 1997 Alan Smithee protagonizó su propia película: ¡Arde Hollywood!

“El director Allan Smithee no está nada conforme con el resultado de su última película, así que decide utilizar un pseudónimo para firmarla. El problema aparece cuando la Asociación de Directores le propone un nombre, el usado en esas situaciones, que resulta ser el suyo propio”. Esta es la sinopsis de la cinta, que ganó todos los Premios Razzies que podía ganar.

El director, Arthur Hiller, vio cómo el resultado final no era de su agrado y decidió, por enésima vez en la historia de Hollywood, firmar bajo el nombre de Alan Smithee. El secreto había sido desvelado. Y la DGA no estuvo conforme con que saliera a la luz.

Aunque aún se utiliza como pseudónimo e incluso el homólogo canadiense de la DGA lo mantiene (aunque matizando que es un “pseudónimo oficial”); en el año 2000, y tras mucho debate, el sindicato de directores decidió matar a Alan Smithee definitivamente y desapareció de la lista de miembros (en la que estaba desde 1997). El no vivo más importante de la historia del cine.

Fuentes

  • Perfil de Alan Smithee en IMDB.
  • El director de cine más odiado de la historia, en Jot Down.
  • Muere Alan Smithee, el director inexistente con más pelis en la historia del cine, en GQ.
  • A Movie About a Really Horrendous Movie. Get It?, en The New York Times.
  • Registro de The Writers’ Union of Canada.

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