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«O velo o palo»: La revuelta de las hijas de ‘Persépolis’
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«O velo o palo»: La revuelta de las hijas de ‘Persépolis’

Las activistas iraníes Mojgan Keshavarz, Monireh Arabshahi y Yasaman Aryani son las últimas detenidas por las autoridades por protestar contra la obligatoriedad de llevar velo. Te contamos en qué consiste la revuelta feminista iraní

Ilustración de Carlos Palanca (Newtral)

Hay diferentes maneras de estar en un lugar público: por lo general, se habita o se transita, pero también se puede disputar. Sucede algo parecido con los cuerpos de las mujeres, donde las geografías de la moral, la religión y la cultura se entrelazan para generar libertades artificiales; ficciones de lo propio. Los cuerpos como espacios politizados en los que incluso la ropa tiene una carga simbólica —y el uso de una u otra prenda, interpretaciones muy diversas—.

«Un trozo de tela me había suplantado», dice la periodista y feminista egipcia Mona Eltahawy en su libro «El himen y el hiyab» (Capitán Swing, 2018) acerca del uso del velo. Algo similar sobre la identidad y las decisiones venía a decir la campaña irlandesa #ThisIsNotConsent#EstoNoEsConsentimiento—, en la que miles de mujeres compartieron fotos de su ropa interior después de que una adolescente que había denunciado una agresión sexual fuese cuestionada por llevar un tanga de encaje cuando fue violada. Al parecer, en su caso, un trozo de tela también habría suplantado su autonomía.

Consigna popularizada en Twitter e Instagram tras el cuestionamiento de la víctima que había denunciado una violación en Irlanda

Desde mediados de 2017, miles de mujeres iraníes desafían a las autoridades quitándose el velo en público —plazas, supermercados, autobuses—. Se graban a sí mismas o entre ellas y lo cuelgan en redes sociales bajo el hashtag #WhiteWednesdays#MiércolesBlancos—. Desafían la obligatoriedad de cubrirse, como lo hicieron sus predecesoras en marzo de 1979, poco después de la Revolución iraní que cristalizó con el régimen del ayatolá Ruhollah Jomeini, que instauró una república islámica o teocrática que, entre otras muchas cosas, impuso códigos de vestimenta muy restrictivos para las mujeres.

El 8 de marzo de 1979, miles de mujeres protestaron por la deriva restrictiva que se atisbaba en el país:

«Había pasado solo un mes desde la victoria de la Revolución, pero ya se hablaba de imponer el uso obligatorio del hiyab. Por aquel entonces se había empezado a alejar a algunas mujeres de puestos de responsabilidad, por ejemplo en el sistema judicial, y todas las empleadas gubernamentales tenían que cubrirse. Aquel 8 de marzo varios miles de mujeres se reunieron frente a la oficina del primer ministro y empezaron a agitar pañuelos en señal de protesta. La Policía las miraba desde la distancia. Ese día quedó en evidencia lo que iba a ser este sistema islámico. Gradualmente la situación fue cambiando: llegó la imposición del velo, el uso del roupush —o gabardina— con el que tenían que cubrirse, la prohibición de usar esmalte de uñas para ellas o camisas de manga corta para ellos. Si se bebía alcohol se recibían latigazos», cuentan los reporteros de esta crónica publicada en la revista 5W sobre los primeros años de la República Islámica de Irán.

El 11 de marzo de 1979, el diario El País publicaba esta crónica:

«Por tercer día consecutivo, miles de mujeres iraníes se manifestaron en la capital para protestar por la imposición de las autoridades islámicas de que las mujeres lleven velo. La manifestación, con más de 100.000 mujeres, se dividió en dos grupos, uno compuesto por algo más de 50.000, que pretendió entrar en el Palacio de Justicia, y el resto que protagonizó una sentada en una céntrica mezquita de Teherán. Las demostraciones contrarias al ayatollah Jomeini tienen como fundamento protestar por las declaraciones de este, pidiendo el uso del velo a la ‘usanza árabe’ y los excesos cometidos por las Brigadas de Islamización, que han agredido a algunas mujeres que se han negado a ponerse esta prenda».

Nilufar Saberi es una activista pro derechos humanos nacida en Teherán en 1966. Un año después de que Jomeini llegase al poder, sus padres, que eran artistas, y ella tuvieron que exiliarse de Irán. Era 1980 y Saberi tenía 14 años; una adolescente, testigo en primera persona de las protestas feministas contra la usurpación de las libertades de las mujeres: «Miles y miles de mujeres iraníes se echaron a las calles en contra de la traición por parte de quien supuestamente iba a ser un líder espiritual. La protesta se redujo con agresiones a las manifestantes bajo el lema de ‘Alaho Akbar. Ya Rusari, Ya Tusari’, que significa ‘Dios es grande. O velo, o palo’. Esa lucha, por suerte, ha seguido respirando durante estos 40 años de inquisición islamista», explica Saberi a Newtral. «El único  derecho intacto que conservamos las iraníes es el derecho al voto», añade.

El movimiento feminista de los últimos años tiene similitudes con el de 1979 en sus consignas y exigencias, y este tampoco ha salido indemne: el actual Gobierno iraní ha respondido con violencia a las manifestaciones y revueltas, como lo hizo décadas atrás el primer Gobierno de la República de Irán.

Dos iraníes se quitan el velo en un lugar público como parte del movimiento #WhiteWednesdays y #MyStealthyFreedom

Reinhard Lamsfuss, coordinador del Equipo de Irán de Amnistía Internacional, explica a Newtral que «en la teoría, el país defiende la igualdad de género, ya que está recogida en la Constitución». Sin embargo, «esta igualdad nunca debe contradecir los principios de la ley islámica, y ahí es donde hay un conflicto porque, por ejemplo, el código de vestimenta es un pilar básico de la República islámica», añade Lamsfuss.

«El código de vestimenta impuesto por las autoridades desde los primeros meses de llegar Jomeini al poder empezó con la obligatoriedad para las empleadas públicas, pero acabó extendiéndose a todas las mujeres dentro de las fronteras de la República Islámica», señala la activista Nilufar Saberi.

Según las leyes del país recogidas en la web de Amnistía Internacional, «una mujer o una niña —ya a partir de los nueve años— que sea vista en público sin llevar hiyab puede ser multada o penada con entre 10 días y dos meses de cárcel». Diferentes organizaciones no gubernamentales han denunciado que en la práctica, las autoridades iraníes han obligado a usar hiyab a niñas menores de nueve años.

Así comenzó esta revuelta feminista

En mayo de 2014, la periodista y activista Masih Alinejad creó el movimiento #MyStealthyFreedom —#MiLibertadFurtiva—, que lanzó inicialmente a través de Facebook. El objetivo era desobedecer el código de vestimenta e inmortalizarlo de alguna forma. Internet fue la plataforma elegida para difundir la acción, que ha sido respaldada por miles de mujeres. Alinejad creó una web donde alberga todos los documentos gráficos (fotos y vídeos) de mujeres que, de una manera u otra, han protestado contra la obligatoriedad de cubrirse.

En 2017, Alinejad lanzó otra nueva campaña para revitalizar el movimiento: se trata de #WhiteWednesdays, que mantiene el espíritu de #MyStealthyFreedom pero que también pretende visibilizar las consecuencias de sus actos de desobediencia. Es decir, no solo graban o fotografían sus acciones, sino que también filman y difunden cuando los policías u hombres que defienden el código de vestimenta las acosan o increpan por quitarse el hiyab en un lugar público, una iniciativa que también se comparte en redes con el hashtag #MyCameraMyWeapon#MiCámaraMiArma—.

El porqué de la elección del día de la semana (miércoles) y el color (blanco) no está claro: «Desconozco el motivo exacto, aunque me atrevo a aventurar que teniendo en cuenta que los fines de semana en Irán son jueves y viernes, sería por razones prácticas. En cuanto al color, el blanco simboliza la paz, así que me parece muy acertado para unas reivindicaciones pacíficas», explica la activista iraní Nilufar Saberi.

Penas de cárcel

En marzo de este año, la abogada de derechos humanos Nasrin Sotoudeh «fue condenada a 33 años de cárcel y 148 latigazos por, entre otros motivos, su oposición a la legislación sobre el uso forzoso del hiyab», informaba Amnistía Internacional. Y en abril, tres mujeres —Mojgan Keshavarz, Monireh Arabshahi y Yasaman Aryani— fueron detenidas después de que el 8 de marzo llevasen a cabo una protesta en el metro de Teherán que consistía en entregar flores a las mujeres mientras proclamaban libertad de elección sobre el uso del velo.

Estas tres mujeres, además de detenidas, han sido condenadas a penas de cárcel, tal y como informaba la ONU en un comunicado a mediados de agosto: 23 años y seis meses para Mojgan Keshavarz, y 16 años para Monireh Arabshahi y Yasaman Aryani, que, además, son madre e hija.

Los cargos que se les imputan van desde «incitar a la corrupción y la prostitución» hasta «difusión de propaganda contra el sistema”, pasando por “reunión y conspiración para cometer delitos contra la seguridad nacional», asevera Reinhard Lamsfuss, coordinador del Equipo de Irán de Amnistía Internacional.

El uso del velo en Europa

Las diferentes legislaciones en torno al velo nunca están exentas de polémica. Francia prohibió el uso velo integral —burka y niqab— en 2010 en cualquier espacio público, y en octubre de 2018, el Comité de Derechos Humanos de la ONU advertía al país de que esta decisión suponía «una violación de la libertad religiosa».

Recientemente, Holanda ha prohibido el uso del burka, aunque el Ejecutivo asegura que se trata de una medida de seguridad: aunque informalmente la norma haya sido apodada como «ley del burka», la legislación contempla también multas para quienes usen, por ejemplo, casco o pasamontañas en transporte, escuelas, hospitales y edificios gubernamentales.

La decisión de Holanda convertía al país europeo en uno más de los que han legislado sobre esta prenda religiosa. La lista incluye también a estados como Bélgica, Dinamarca, Alemania, Bulgaria o Italia, aunque no todos estos países lo han legislado de la misma forma, según publicaba la agencia EFE hace un mes.

Dice Mona Eltahawy en su ensayo sobre la imposición de cubrirse que los críticos la acusan de querer que Occidente rescate a las mujeres de Oriente Medio y el norte de África, a lo que la periodista egipcia responde: «Solo nosotras podemos rescatarnos».

Y añade: «Nunca le he rogado a nadie que nos rescate de nuestra misoginia; esa batalla la tenemos que ganar nosotras. Les ruego a los aliados de los países en esta parte del mundo que presten más atención a los derechos de las mujeres y se nieguen a permitir que el relativismo cultural justifique las tremendas violaciones de los derechos de las mujeres. Eso es muy diferente a pedirle a alguien que ‘nos rescate’. Insisto en el derecho a criticar mi cultura y mi fe a través de formas que rechazaría si vinieran de alguien ajeno a ellas».

Sin embargo, en su libro «El himen y el hiyab», Eltahawy ataca la asunción de que el feminismo y el islam son incompatibles: «Descubrí que Oriente Medio también tenía su propia tradición feminista; no había sido importada de Occidente, como a veces sostienen los detractores de los derechos de las mujeres. Ahí estaba Huda Shaarawi, una feminista que fundó el movimiento por los derechos de la mujer en Egipto y que se arrancó públicamente el velo que le cubría el rostro en 1923 en El Cairo; Doria Shafik, que lideró a 1.500 mujeres que tomaron al asalto el Parlamento egipcio en los años cincuenta y luego organizaron una huelga de hambre para exigir el sufragio femenino; la médica, escritora y activista egipcia Nawal el Saadawi; la socióloga marroquí Fatima Mernissi… Todas ellas son fieras defensoras de los derechos de las mujeres».

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