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¿Por qué fusilaron a las Trece rosas?
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¿Por qué fusilaron a las Trece rosas?

«Que mi nombre no se borre de la historia» así se despedía de su madre Julia Conesa, antes de ser fusilada junto a otras doce inocentes.

5 de agosto de 1939. Trece mujeres indefensas son acribilladas a balazos frente a la tapia de un cementerio. Su crimen fue pertenecer al bando perdedor de la guerra: la mayoría de ellas estaban afiliadas a las Juventudes Socialistas Unificadas.

Meses antes, un parte fechado el 1 de abril de 1939 y firmado por el general Franco daba por finalizada la Guerra Civil Española. A partir de aquel día comenzarían unos días no menos difíciles, de posguerra, en los que el bando vencido y sus partidarios serían perseguidos constantemente.

Entre ellos, trece mujeres, de entre 18 y 29 años, que serían ejecutadas por un delito que no cometieron. Todo comenzó un 29 de julio. Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, su hija y su chófer, fueron asesinados aquella noche por tres miembros de las JSU.

Esta organización llevaba meses perseguida. Sus integrantes estaban siendo encarcelados, fusilados y llevados a campos de concentración; sus dirigentes se encontraban en el exilio. Las mujeres militantes de la organización asumieron puestos de mayor responsabilidad.

Roberto Conesa, jefe de la Brigada Político-Social de la Policía franquista, se había relacionado con las JSU antes de la guerra. Según se relata en el documental de RTVE Que mi nombre no se borre de la historia, Conesa acudía todas las semanas al comité provincial.

Como expone el periodista Carlos Fonseca en su libro Las Trece Rosas, el policía aprovecharía su antigua militancia en la organización para permanecer como infiltrado. Tras delatar a sus compañeros, comenzó el ascenso en su carrera. El secretario general del comité provincial fue detenido y, bajo tortura, obligado a dar todos los nombres que supiera.

“Adhesión a la rebelión”

Después de la guerra había miedo en las calles. La vida estaba marcada por la pobreza, la sospecha y la represión. El único delito de estas trece jóvenes fue militar en una organización (o haber tenido contacto con ella) que buscaba luchar contra la dictadura. De hecho, una de ellas (Blanca Brisac) era votante de derechas, pero había tenido relación con un miembro del Partido Comunista.

Las Trece Rosas fueron capturadas y llevadas a la antigua cárcel de Ventas de Madrid entre abril y junio de aquel año. Esta prisión comenzó a construirse en 1931 bajo las órdenes de Victoria Kent como un lugar para la rehabilitación de las reclusas. Una “prisión modelo” concebida para 500 presas y en la que se encontraban privadas de su libertad unas 4.000.

El atentado contra Gabaldón desembocó en un consejo de guerra sumarísimo, celebrado el 4 de agosto y que concluyó con la condena a muerte de 56 personas, entre ellas las Trece Rosas, que se encontraban en prisión en el momento del atentado.

El delito por las que se firmó su sentencia fue “adhesión a la rebelión”. En lugar de buscar a los verdaderos culpables, el régimen atribuía el asesinato a la existencia de una red comunista de la que estos 56 acusados formarían parte.

«Que mi nombre no se borre de la historia»

Antes de morir, les permitieron escribir unas cartas de despedida. La más conocida, la de Julia Conesa, terminaba así: «Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar… Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia».

Tan solo 24 horas después del juicio, los reclusos fueron llevados ante las tapias del cementerio del Este (hoy de la Almudena, en la capital de España), donde fueron ejecutados. Primero los hombres; luego las mujeres. El asesinato de trece mujeres jóvenes, inocentes, que ni si quiera habían combatido en el frente, tuvo una enorme repercusión, también en el extranjero.

Además, siete de las mujeres eran menores de edad (por aquel entonces la mayoría de edad se situaba en los 21 años). Según la profesora Mirta Núñez Díaz-Balart, la dictadura franquista estaba buscando dar una lección a la ciudadanía.

Su historia permanecería en el recuerdo de los españoles como símbolo de lo que fue la represión de posguerra, de lo que fue la dictadura. La ciudadanía las recordaría con el nombre colectivo de ‘Trece Rosas’. Sus nombres, para que no se borren, son: Ana, Carmen, Martina, Blanca, Pilar, Julia, Adelina, Elena, Virtudes, Joaquina, Dionisia, Victoria y Luisa.

Fuentes:

  • RTVE
  • Ayuntamiento de Madrid
  • Fonseca, Carlos Las Trece Rosas

1 Comentario

  • Podrían dejar la ubicación de la placa donde está exactamente en el cementerio?

    Yo la he buscado y no la encuentro

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