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PISA según los expertos: la puntuación de España no es un suspenso
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PISA según los expertos: la puntuación de España no es un suspenso

La media obtenida en estas pruebas está muy cercana a la de la OCDE. Explicamos, de la mano de expertos, qué significan las calificaciones del Informe PISA y contextualizamos los resultados

Fuente: SHUTTERSTOCK

España no mejora en los resultados de matemáticas y ciencias que evalúa el Informe PISA: baja 5 puntos en la primera y 10 en la segunda. Desde el año 2000 apenas ha variado su posición en estas competencias. Está estancada por debajo de la media de la OCDE y a la altura de países como Lituania, Hungría, Estados Unidos, Luxemburgo o Rusia. Cada tres años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publica los resultados de los ejercicios que realizan jóvenes de 15 años de todo el mundo. Cada año, los titulares de los medios transmiten una sensación más desalentadora.

Cabe preguntarse si los adolescentes, y también los niños, están aprendiendo lo suficiente en los centros educativos españoles a razón de los datos. «Nuestros jóvenes aprenden muchas cosas en la escuela, pero yo creo que ya es hora de reflexionar sobre hacia dónde tenemos que ir. Estos jóvenes van a hacer frente a un mundo muy distinto. Esa tarea no la hemos hecho, y ahí sí que hay un estancamiento», comentaba el pasado miércoles el secretario de Estado de Educación en funciones, Alejandro Tiana, en Onda Cero. Tiana afirmaba que la aspiración es a mejorar, pero aclaraba a los oyentes que esas diferencias con la media de la OCDE no son tan sustanciales, ni tan catastróficas.

Una de las dificultades que tiene el Informe PISA es la comprensión de su puntuación. ¿Qué quiere decir que la media de España en matemáticas sea de 481 y la media de la OCDE de 489? Al no cuantificar algo tangible o parecido a las calificaciones escolares, resulta complicado saber la gravedad que implican esos 10 puntos menos en ciencias, o de que haya una diferencia de 8 puntos con respecto a la media de los países de la OCDE en matemáticas.

¿Estamos suspensos por estar por debajo de 500? No, responde a Newtral.es Alfonso Echazarra, analista de PISA en la OCDE, y una de las personas encargadas de escribir este informe. «No sólo no es un suspenso, sino que estamos hablando de diferencias con respecto a la media de la OCDE que no son muy importantes», explica.

«En los años iniciales de PISA la media de la OCDE era de 500 puntos, y el resto de puntuaciones están en relación a eso. Esa media es exigente. Son países industrializados, con rentas generalmente altas, con sistemas educativos muy maduros, no estamos hablando de una media internacional», reitera.

Análisis simplificado de un informe complejo

La interpretación de los resultados de PISA es compleja, y lo que mueve el debate público son lecturas simplificadas de este tipo de informes, explica el sociólogo José Saturnino Martínez, especialista en educación y desigualdad. «España está un poco por debajo de la OCDE, no es como para un titular escandaloso. Una distancia de 10 puntos en PISA está prácticamente dentro de los errores estadísticos y de medición, de las contingencias que tiene una prueba como esta», dice a Newtral.es.

Lo mismo opina Elena Martín, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid, que añade que en España hay poca cultura de evaluación. «Estamos acostumbrados a ver un dato, lanzar una interpretación acelerada, cargada emocional e ideológicamente, y por tanto, muy poco analítica y muy poco rigurosa. Con la misma energía la noticia deja de ser noticia y el análisis más profundo que se sigue haciendo durante años a partir de PISA no es noticia».

Además de que la diferencia de España con el promedio de la OCDE no es muy grande, los resultados de la prueba se mantienen estables. Todo ello a pesar de los cambios políticos, económicos y educativos vividos en los últimos 18 años. La generación que analizamos ahora es la primera en estudiar en un contexto de recortes educativos, sin embargo sus resultados son similares a los de sus homólogos del pasado.

España, donde «le corresponde»

En 2018, España ha obtenido una puntuación de 483 puntos en ciencias y 481 en matemáticas, es decir, está a nivel de competencia 3, según se recoge en la metodología de la OCDE. Esto, en palabras de José Saturnino Martínez, quiere decir que el alumnado español tiene «cierta madurez» sobre la información relevante y para hacer sus propios razonamientos. «Estar en unos 490 puntos no supone estar suspenso, estar por debajo de 500 tampoco es un suspenso. El suspenso en PISA sería estar por debajo de 410 o 420. Nuestros alumnos sí que manifiestan cierto nivel de competencias fundamentales. Estamos en niveles promedio», interpreta el sociólogo.

Alfonso Echazarra, que se ha encargado de escribir el tercer volumen del informe PISA 2018, concluye que los datos dicen que España está más o menos donde le corresponde en función de su PIB per cápita y también en función de lo que el equipo de la OCDE pregunta a los alumnos sobre su estatus socioeconómico, es decir, sobre la educación y ocupación de sus padres.

«No hablamos de ‘suspenso’ o ‘aprobado’ porque todo va en relación al punto de partida del sistema educativo. Otra cosa es que los resultados estén por encima o por debajo de las expectativas de un país. Pero decir ‘aprobado’ o ‘suspenso’ ya solo por el modelo estadístico que hay detrás no tiene ningún sentido», apunta Echazarra.

Estancamiento generalizado

Para todos es muy llamativo el estancamiento, tanto de España como del resto de países. José Saturnino Martínez da una explicación sociológica a los resultados españoles en PISA muy en relación a lo que sugiere Alfonso Echazarra sobre la dependencia del estatus socioeconómico de los alumnos. Según su análisis, reflejan la «inercia cultural» del país. «Si pensamos en que España tenía analfabetismo a finales de los 70 y principios de los 80, cuando ya estaba erradicado desde hacía medio siglo en el resto de Europa, es cuando nos damos cuenta de que hay una inercia histórica que explica en buena medida los resultados de PISA y esa constancia que vemos, incluso entre comunidades autónomas dentro de España».

Lo que cree el sociólogo en base a sus investigaciones es que si igualamos nuestras tradiciones educativas, es decir, el nivel de estudios de la población adulta, con las de los países de nuestro entorno o de las propias comunidades autónomas españolas, esas diferencias que se observan se reducirían e incluso llegarían a invertirse. «He hecho una investigación que dice que las diferencias importantes que hay entre el norte y el sur [de España] en buena medida están relacionadas con las tasas de alfabetización que había en el siglo XIX. Cuando uno tiene en cuenta esta inercia histórica, el tremendismo y la urgencia en la política educativa se relativiza bastante», comenta.

Pero España no es el único país ‘estancado’, la mayoría de los países de la OCDE también. «A nosotros también nos sorprende», enfatiza Alfonso Echazarra. «Uno de los riesgos que teníamos en mente en la OCDE es que los estudiantes se prepararan para la prueba, que se acostumbraran al tipo de preguntas que hacemos y que con el tiempo mejoraran de forma un poco artificial. Y sin embargo, lo que hemos encontrado es que no hay una mejora global, sobre todo en los países de la OCDE».

El analista de PISA cuenta además que es más acertada una evaluación de cada país y su sistema educativo con más de tres años de distancia. Sobre todo, invita a adentrarse en el resto de datos que analiza el Informe PISA, en lugar de quedarnos únicamente con las puntuaciones, que centran la atención de los medios cuando se publica el informe.

Los tests no evalúan conceptos teóricos

El currículum educativo español no está pensado para pruebas como PISA, exponen los expertos. En estos tests no vale ni la memoria, ni las rutinas para resolver ejercicios. No evalúan el conocimiento de los alumnos, sino cómo el conocimiento de sus habilidades se pueden aplicar para resolver problemas de la vida cotidiana. Algunas preguntas son multirespuesta, pero un tercio del total son de respuesta libre.

¿Por qué es así? José Saturnino Martínez opina que PISA examina de esta forma por una cuestión práctica, ya que no se pueden evaluar contenidos teóricos cuando participan más de 70 países en una misma prueba. «Cada país enseña cosas distintas, entonces tiene que buscar una prueba que sea más o menos independiente del currículum de cada país», explica.

Los tests que después conforman el Informe PISA tampoco son exámenes que se evalúan del 0 al 10, o del 0 al 1000. Estas pruebas son un conjunto de ‘cuadernillos’ que algunos alumnos de 15 años -no una clase entera- hacen de forma aleatoria sobre las distintas materias durante dos horas. La evaluación es compleja y la dificultad de las preguntas no se establece a priori, como en un examen habitual en el que los puntos de cada pregunta están tasados. La puntuación se dispone después, según se analice cómo de difícil han resultado las pruebas.

Los contenidos suelen ser parecidos cada tres años. No ha habido cambios en las pruebas de matemáticas ni de ciencias entre 2015 y 2018. En lectura sí han incluido ejercicios nuevos, pero de las 245 actividades principales de comprensión lectora que se evaluaron en 2018, más de 70 eran iguales a las de hace tres años. «Si queremos que haya un vínculo entre los años tenemos que utilizar las mismas preguntas. Hay un porcentaje de éstas que son comunes entre el 2018 y el 2003, entre el 2018 y el 2009, etc. El marco teórico va avanzando, pero siempre tiene que haber preguntas que unan distintos años», explica Alfonso Echazarra.

El academicismo en las aulas dificulta la mejora

Los expertos coinciden en que se sigue transmitiendo un método academicista desde las instituciones y que eso dificulta poder mejorar en pruebas con modelos mucho más flexibles, como el de PISA. «El profesorado tiene poca capacidad para desarrollar el tipo de competencia que se piden en los ejercicios de PISA. Tiene que cumplir con el temario que se programa desde el Ministerio y luego evaluarlo. Para acercarnos a estos modelos se necesitaría mucho más espacio para que los alumnos exploren por su propia cuenta, en vez de ser un receptáculo de adquisición de conocimientos que es como están pensados», opina José Saturnino Martínez.

Elena Martín destaca que no mejoramos, pero no lo estamos haciendo peor. Ella espera que los currículos que se formulen a partir de la nueva ley de educación se descarguen de información y se pongan al servicio de tareas más funcionales, más relevantes culturalmente: «Tareas que permitan dar un salto a los alumnos a ‘aprender a aprender’ y no tanto a aprender cosas concretas que no son las que luego te van a servir a lo largo de la vida».

En el mismo sentido respondía esta semana Alejandro Tiana, que admitía que la principal tarea era virar el modelo educativo hacia una aplicación más práctica de los conceptos. «Lo que mide PISA no es si nosotros sabemos aplicar leyes físicas o químicas, si sabemos cómo se debe formular. Eso nuestros estudiantes lo hacen bien. Lo que hacen peor es lo que tiene que ver con creatividad, con la inferencia de datos, con el análisis de si es científica una afirmación o no. O sea, todo lo que supone aplicar esos conocimientos a una cultura científica más amplia», analizaba.

Para Alfonso Echazarra, todos los sistemas educativos han entendido que tienen que seguir incluyendo en sus currículos educativos una parte más conceptual, más abstracta, relacionada con la creatividad y el pensamiento crítico: «Yo creo, aunque es difícil de medir, que los centros españoles están yendo en esta dirección, pero la velocidad de los sistemas educativos es muy lenta, porque muchas veces tiene que ver con un cambio generacional».

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