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Así era el Pasaje Begoña. El ‘Stonewall español’ al que Correos rinde homenaje
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Así era el Pasaje Begoña. El ‘Stonewall español’ al que Correos rinde homenaje

En plena dictadura franquista, esta pequeña calle de Torremolinos se convirtió en un oasis de libertad para las personas LGTBI. En 1971, tras la detención de 114 personas, sus locales cerraron las puertas.

Postal nocturna del Pasaje Begoña | Ayuntamiento de Torremolinos.

La madrugada del 28 de junio de 1969 se produjo una redada en el bar Stonewall Inn, uno de los pocos locales que podían frecuentar las personas LGTBI en la Nueva York de la época. Los clientes se negaron a ser identificados por los agentes, lo que al final desembocó en seis días de disturbios y enfrentamientos con la policía. Stonewall fue el germen de la lucha LGTBI y la inspiración para el primer Orgullo.

Siete años antes se instalaron en España más de 50 locales frecuentados por homosexuales y travestis. En Torremolinos, en una pequeña calle en forma de L, muchas personas LGTBI encontraron la libertad que la dictadura franquista les impedía.

El Pasaje Gil Vicente (hoy conocido como Pasaje Begoña) era sinónimo de diversidad. En 2019, el Congreso de los Diputados y el Parlamento de Andalucía declararon este espacio Lugar de Memoria Histórica y cuna de los Derechos y Libertades LGTBI. Correos le ha rendido homenaje con un sello conmemorativo por el Orgullo.

La ciudad de las estrellas

El pasaje era el lugar de moda. Su fama era tal que traspasó nuestras fronteras: por allí se dejaron ver personalidades patrias como Sara Montiel, pero también Brian Epstein o John Lennon. Y, sin embargo, cayó en el olvido. «Creemos que el Pasaje Begoña no se conoce porque la dictadura ordenó hacer desaparecer aquello», explica Jorge Pérez, presidente de la Asociación Pasaje Begoña.

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Sara Montiel en el Pasaje Begoña | Fotografía cedida por la Asociación Pasaje Begoña.

Durante la década de los 60 y principios de los 70, Torremolinos era uno de los principales destinos turísticos de nuestro país. La atracción que la ciudad generaba en el exterior no solo se debía a sus playas o al glamour de sus hoteles, sino también su atmósfera de libertad, diversidad y vanguardia, explican desde la Asociación Pasaje Begoña, que en 2018 inició una investigación junto al Grupo de Investigación de la Universidad Pablo de Olavide, que trabaja en el marco del Laboratorio Iberoamericano para el Estudio Sociohistórico de las Sexualidades. Juntos tratan de recuperar la memoria histórica de este espacio.

El presidente de la asociación, Jorge Pérez explica que, en tan solo dos años, el pasaje ha pasado de «no tener ni una entrada en Google» a recibir el diploma de «Hermanamiento entre el Stonewall Inn y el Pasaje Begoña» de manos del embajador de España ante la ONU. «Todo el mundo miramos a Stonewall cuando, siete años antes, ya existía el Pasaje Begoña. Un sitio abierto en el que cualquiera podía hacer lo que quisiera. Fue un espacio de libertad único en Europa», argumenta Pérez.

El ‘Stonewall español’

La historia del pasaje se remonta a finales del año 1962, fecha en la que abrieron los primeros locales que frecuentarían las personas LGTBI de la época. El turismo de las cuatro “eses” (sun, sea, sand, sex) posibilitó que españoles y extranjeros encontrasen en Torremolinos un espacio de libertad en el que «todas las personas eran libres para amar, para ser amadas. Libres de miedos y de prejuicios».

Tal y como explican desde la Asociación Pasaje Begoña, la llegada del turismo permitió que las autoridades fueran relativamente permisivas con lo que se vivía en Torremolinos, convirtiendo a la ciudad en un lugar que «atrajo a numerosos disidentes sexuales de España».

El Pasaje Begoña tuvo dos grandes etapas «de mucho glamour» concreta Pérez. «Los locales eran súper caros. Un bar de 20 metros cuadrados pagaba 1.000 pesetas al día por el alquiler. Era un sitio de mucho nivel que empezó a masificarse en el 69. Era un escaparate al mundo. Se daba imagen de normalidad, pero era una libertad vigilada».

Quienes frecuentaban los locales del pasaje estaban acostumbrados a sufrir redadas puntuales, «destinadas fundamentalmente a que aquello no se desmadrase» puntualiza José María Valcuende, profesor de la Universidad Pablo de Olavide, quien asegura que la dictadura no podía tener una línea dura, «ya que eso podría repercutir a nivel internacional y sobre todo espantar la gallina de los huevos de oro».

Sin embargo, el 24 de junio de 1971, todo cambio. Aquel día, el ‘Stonewall español’ sufrió una ‘gran redada’ ordenada por el gobernador civil de Málaga, Víctor Arroyo. Una intervención en la que se identificó a más de 300 personas y por la que 114 acabaron arrestadas. Aquella noche fue la última para este oasis LGTBI.

«Creemos que Pasaje Begoña no se conoce hoy en día porque la dictadura ordenó desaparecer aquello». Después de la redada muchos locales fueron multados y clausurados. «El pasaje se sumió en la dejadez, las drogas y la prostitución», manifiesta Pérez. «Deportaron a los extranjeros y soltaron a aquellos que tenían dinero o no tenían antecedentes».

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‘Gran redada’, recreación de XeMarz | Fondo Documental Asociación Pasaje Begoña.

La homosexualidad era considerada delito en aquella época. La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social permitía internar a homosexuales en “centros de reeducación”, entre otras medidas. Desde la asociación explican que a algunos detenidos se les acusó de atentar contra la moral y las buenas costumbres.

Cuna de los Derechos y Libertades LGTBI

Los motivos de la ‘gran redada’ no están del todo claros. El grupo de investigación baraja varias teorías entre las que estaría la masificación del turismo. Por un lado, esta masificación hizo que Torremolinos dejase de ser el centro emblemático del turismo; por otro, apuntan, «la visibilidad del Pasaje Begoña fue mayor y por tanto su existencia más difícilmente justificable».

Desde la asociación no quieren que se olvide el legado del pasaje y lo que significó para las personas LGTBI de la época. «Queremos traer el Pasaje Begoña de los 60, con la música y el aspecto que tenía. Queremos que la gente venga y lo conozca, que esta historia no se muera».

Pérez añade que, además de las actividades que realiza la asociación que preside, y de la investigación que llevan a cabo junto a la Universidad Pablo de Olavide, hay otras acciones encaminadas a dignificar y recordar «a aquellas personas que perseveraron para que hoy podamos disfrutar de ciertas libertades».

Por ahora, un tour gratuito recorre el pasaje semanalmente, pero su historia también se contará en formato serie para quien no pueda acercarse a Torremolinos. La productora WinWin se hará cargo del rodaje.

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