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¿Pagan menos impuestos las grandes empresas?
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¿Pagan menos impuestos las grandes empresas?

Las empresas tienen que pagar a Hacienda un tipo del 25% de sus beneficios, según la ley del impuesto de sociedades, pero esta norma también ofrece las herramientas para que la cifra se reduzca, lo que ha creado polémica

Fernando Alvarado (Efe)

Lo que pagan o no pagan de impuestos las grandes empresas del Ibex 35 —y en especial la banca— es un tema recurrente en el discurso político y en las preguntas que nos hacéis llegar a través de nuestro servicio de WhatsApp. El propio presidente del gobierno en funciones, Pedro Sánchez, afirmó recientemente que «el impuesto de sociedades beneficia a las grandes corporaciones». Pero no ha sido el único: los líderes de Unidas Podemos e Izquierda Unida, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, entre otros, han comparado en varias ocasiones la carga fiscal que soporta una empresa de mayor tamaño al que tiene que soportar un particular o las pequeñas y medianas empresas (Pymes).

Para saber si las grandes empresas soportan una carga impositiva menor, antes hay que tener en cuenta cuáles son los impuestos que deben pagar. Hacienda distingue tres grandes grupos de cargas impositivas que, directa o indirectamente, recaen sobre las empresas con actividades en España: el impuesto de sociedades, las cotizaciones a la Seguridad Social y los impuestos regionales y locales.

El más conocido es el impuesto de sociedades, que es a la vez el que suele generar la polémica. Este grava la renta de la empresas y demás personas jurídicas, es decir, se aplica a los beneficios que obtienen las sociedades mercantiles y otras entidades jurídicas. El tipo general de este gravamen se sitúa en el 25%, que es el que tienen que abonar las empresas, y el 30% para los bancos y las empresas de hidrocarburos, según recoge la Agencia Tributaria.

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En 2018 se recaudaron 24.838 millones de euros a través del impuesto de sociedades, el 7,3% más que el año anterior, cuando los ingresos fueron de 23.143 millones. No obstante, esta cantidad ha sufrido grandes caídas respecto a épocas anteriores. Por ejemplo, en 2007, antes de la crisis, se recaudaban 44.823 millones a través de este tributo, es decir, el 44,6% más.

El impuesto de sociedades recaudado en 2018 supone el 22,1% de todos los impuestos directos recaudados en ese año (112.434 millones de euros) y el 11,9% del total —que llegan hasta los 208.685 millones—, es decir, teniendo también en cuenta impuestos indirectos como el IVA.

«El impuesto de sociedades está generando una recaudación absolutamente insuficiente y además hay un gravamen sobre los rendimientos de capital que es mejorable», asegura a Newtral.es Carlos Bravo, secretario de políticas públicas y protección social de CCOO. Otros expertos discrepan. Para Luis del Amo, secretario técnico del Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF), la norma que regula el impuesto de sociedades en España es justa. En su opinión, no es cierto que el impuesto de sociedades «esté lleno de agujeros».

Exenciones fiscales

¿Cómo se explica que en algunas ocasiones las empresas paguen menos de lo estipulado cuando la base del impuesto es más elevada? Según publicó la Agencia Tributaria en su Estadística de Datos Consolidados de Sociedades, en 2016 las grandes empresas tributaron a un tipo efectivo sobre el resultado contable en el impuesto de sociedades del 7,88%, mientras que las medianas empresas lo hicieron al 13,65% y las pequeñas al 18,78%.

«No puede ser que cuanto más grande es la empresa, menor tipo efectivo tiene de sociedades», alerta Bravo. Lo mismo apunta Alberto del Pozo, responsable del servicio de estudios del área económica de UGT, que aclara a Newtral.es que «en realidad las empresas que salen beneficiadas y que aportan menos de lo que deberían son las que se conocen como grupos consolidados, es decir, las que tienen distintas empresas dentro de un mismo grupo participadas accionarialmente o que participan en el capital de ellas».

«El IS un impuesto cuyo resultado es regresivo, pagan menos proporcionalmente las grandes empresas y eso es justo lo contrario de lo que debería suceder»

«Es un impuesto cuyo resultado es regresivo, pagan menos proporcionalmente las grandes empresas y eso es justo lo contrario de lo que debería suceder. Es un tipo fijo para todas las empresas del 25%, pero resulta que las grandes tienen un mayor juego fiscal para poder eludir este tipo de pago», denuncia Del Pozo. De hecho, en el Informe País por País para multinacionales con matriz española —publicado en 2019 pero referente a 2016— la Agencia Tributaria ha dado a conocer que las 134 multinacionales españolas que cuentan con una facturación anual de más de 750 millones de euros pagaron en 2016 en todo el mundo 11.594 millones por el impuesto sobre sociedades. Es decir, el 12,6% de su beneficio global, que alcanzó los 91.849 millones.

Hay varias razones que explican que esto sea así. Una de ellas es que la propia ley de sociedades ofrece que se lleven a cabo deducciones que rebajan lo que deben pagar estas grandes empresas. Así, se dan casos en los que el tipo nominal (lo que recoge la Agencia Tributaria que deben pagar) no coincide con el tipo efectivo (lo que terminan pagando). Entre estas hay algunas como, por ejemplo, contratar a personas menores de 30, deducción por inversión de beneficios, gasto en innovación tecnológica, investigación y desarrollo o producciones cinematográficas.

Otros elementos que permiten que se den diferencias entre lo que establece el impuesto y lo que terminan pagando las grandes empresas son la internacionalización (o ajustes por consolidación) y los créditos fiscales. Este último se regula en la Ley del Impuesto de Sociedades.

«Las bases imponibles negativas que hayan sido objeto de liquidación o autoliquidación podrán ser compensadas con las rentas positivas de los períodos impositivos siguientes con el límite del 70% de la base imponible previa a la aplicación de la reserva de capitalización establecida en el artículo 25 de esta Ley y a su compensación»

Ley 27/2014, de 27 de noviembre, del Impuesto de Sociedades.

Empecemos por los créditos fiscales. Son instrumentos que permiten a las empresas pagar menos impuestos (con la condición de pagarlos más adelante) alegando motivos o circunstancias especiales. El caso más común es el que justifica un «crédito fiscal» para que la empresa pueda compensar pérdidas de años anteriores. Otros casos por los que se puede justificar estos «créditos» son por saneamientos realizados (restructuración de una línea de negocio que no ha funcionado) o las aportaciones a los planes de pensiones de sus trabajadores.

Por tanto, en ocasiones como que las empresas tengan pérdidas, realicen grandes desembolsos como la compra de otro negocio o el saneamiento de las cuentas, pueden no pagar el impuesto de sociedades y hacerlo más adelante, cuando haya beneficios suficientes que compensen las pérdidas.

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«Durante la crisis hubo unas pérdidas importantes y los créditos fiscales se utilizan para que de alguna forma se compense. Ahora mismo el plazo de compensación de las pérdidas es indefinido y esta es una de las razones por las que se tributa menos», explica a Newtral.es Francisco de la Torre, experto fiscal e inspector de Hacienda (y exdiputado de Ciudadanos).

Por su parte, desde la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) comentan a Newtral.es que los créditos fiscales «están presentes en todos los sistemas fiscales de la UE y la OCDE, y es importante que se mantengan para respetar el principio constitucional de capacidad contributiva». «Si una empresa pierde 100 un año y gana 50 el siguiente su renta sigue siendo negativa y por lo tanto no debe tributar porque no ha tenido beneficios», defienden.

Los ajustes por consolidación

Los «ajustes por consolidación» son un procedimiento que utilizan las empresas internacionalizadas (es decir, que tienen negocio en otros países) o grupos empresariales. Mediante él, las compañías tributan por sus beneficios en el país en el que los han obtenido, y luego estos beneficios se los pueden traer al país donde cuentan con su matriz. Se considera por algunos expertos como un agujero fiscal —porque pueden ser países con impuestos más bajos— pero para otros como un método lógico —porque están pagado impuestos donde han generado beneficios—.

Luis del Amo recuerda que las grandes empresas en España están muy internacionalizadas, y que no pueden volver a pagar en España un impuesto que ya han pagado fuera. «Cuando se habla de los tipos sobre beneficios —lo que se paga a Hacienda por lo que se ingresa—, hay que tener en cuenta que, aunque los beneficios luego se repatrian a España y se incluyen en el resultado contable, estos ya han tributado fuera», alega.

Así, explica que las empresas no pagan tipos bajos del impuesto de sociedades: «Se publica en algunos sitios que el tipo de los grandes grupos es el 5 o el 7%, eso es una falacia absoluta. Están dado el porcentaje sobre el resultado contable, donde se incluyen los beneficios que ya tributan fuera».

Este dato sale del método que utiliza la Agencia Tributaria en sus informes. A la hora de calcular qué porcentaje pagan de impuesto de sociedades, Hacienda utiliza el cómputo global de beneficios. Sin embargo, parte de estos salen de los beneficios obtenidos en el extranjero y que ya han pagado impuestos fuera.

El ya citado Del Pozo, responsable del área económica de UGT, explica que estos ajustes suponen la gran diferencia entre los impuestos que pagan las grandes empresas frente a las pymes. Del Pozo denuncia que este procedimiento se utiliza en ocasiones por las empresas para pagar menos impuestos en España.

«Los ajustes por consolidación en el Impuesto sobre Sociedades del año 2018 han hecho que se hayan declarado 48.000 millones menos de beneficios de los que se hubieran declarado»

Él lo explica así: «Los ajustes por consolidación permiten a las empresas trabajar de manera coordinada con sedes del grupo para tributar donde más les conviene, de tal manera que a veces realizan operaciones intraempresa en los países donde el tipo es más bajo para luego restar esos ingresos en aquellos países donde el tipo es algo mayor, como podría ser en España, donde salen unas rentas obtenidas muy reducidas».

Del Pozo calcula que los ajustes por consolidación en el Impuesto sobre Sociedades del año 2018 han hecho que se hayan declarado 48.000 millones menos de beneficios de los que se hubieran declarado sin ese ajuste. «Esto se ha convertido en un auténtico agujero», alega. Por su parte, el experto fiscal De la Torre comenta que el problema de internacionalización «le ocurre a todos los países». «Al internacionalizarse la tasa efectiva ha ido cayendo por la utilización de agujeros legales para pagar menos. No obstante, no implica necesariamente fraude, sino que se aprovechan de los convenios de doble imposición«, afirma. Estos convenios son tratados internacionales que contienen medidas para evitar que un mismo rendimiento sea gravado en dos países distintos.

El secretario de CCOO añade que hay también «un problema cultural». «Se tiene que combatir un discurso que presenta como doble imposición lo que no lo es. En un caso se grava el beneficio por producción y el otro el dividendo por rendimiento. Es una cadena donde el conjunto de beneficios tiene que tener un retorno tanto en el lugar donde se implanta como en la matriz, así, cuando traen el beneficio a España tiene que tributar y no es verdad que sea una doble imposición, sino que cumple con la normativa fiscal en cada caso», comenta.

Establecer un tipo mínimo

La CEOE alega que «no siempre la tributación de las grandes empresas es inferior» y defiende que la media del tipo fijo del impuesto de sociedades en el resto de países «está alrededor de un 22%, por lo que el tipo del 25% español la supera». No obstante, los sindicatos lo que piden no es que se aumente el tipo fijo, sino que se establezca un tipo mínimo para que las deducciones no permitan que se pague por debajo del 15%.

«Se habla de que si se introdujera un tipo mínimo del 15% como estamos poniendo los sindicatos tienden a estimar que se podrían recaudar en torno a unos 5.000 millones de euros al año», explica Alberto del Pozo, que asegura que se puede modificar el impuesto de sociedades «para hacerlo más justo y más acorde con lo que necesita un sistema fiscal como el español, que tiene siete puntos de PIB menos de recaudación respecto a la media de la UE».

Así, comenta que «hay mucho margen de mejora» con las medidas a nivel nacional. «Simplemente con dos o tres medidas que se adoptaran en nuestro país aceleraría mucho la recaudación del impuesto. De todas maneras, es cierto que es un fenómeno internacional, una cuestión global. Por tanto, las medidas a medio plazo deberían adoptarse también a nivel internacional porque si no se puede generar un flujo movimiento del asentamiento de empresas por cuestiones fiscales», afirma.

«El impuesto sobre sociedades es absolutamente necesario en nuestro sistema tributario, que quede claro. Es un impuesto crucial porque es imprescindible gravar a las rentas del capital que están representadas por las grandes corporaciones. Lo que hay que ver es dónde están esos grandes agujeros y esos sumideros con los cuales se escapa la tributación y que no responden realmente al espíritu de la ley», sentencia Del Pozo.

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