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De supercontagiadores silenciosos a casi inmunes: así avanzan las investigaciones científicas sobre el papel de los niños en la transmisión del coronavirus
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De supercontagiadores silenciosos a casi inmunes: así avanzan las investigaciones científicas sobre el papel de los niños en la transmisión del coronavirus

La ciencia busca respuestas a por qué la COVID-19 ataca menos a los niños, cómo transmiten el virus entre ellos o con los adultos y en qué medida. Te lo explicamos

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Si no hay cambios, los niños regresarán a las aulas en septiembre con medidas estrictas para mantener a raya el coronavirus mientras las investigaciones siguen arrojando datos sobre su capacidad de contagio. La ciencia ha pasado de sospechar que los menores podrían ser supercontagiadores silenciosos a considerar que su impacto es mínimo, aunque todavía no hay un consenso al respecto.

En los últimos días, la ministra de Educación, Isabel Celaá, ha repetido en varias entrevistas que «cuanto menor es el niño, menor posibilidad tiene de transmitir el virus», pero desde Educación matizan que «la literatura médica y científica es todavía limitada». «Varios artículos acerca del Covid-19 y los niños y adolescentes señalan que se contagian en menor medida que los adultos, que cuando lo hacen sus síntomas y procesos infecciosos son menos graves y que podrían tener menor capacidad de contagio», apuntan a Newtral.es desde Educación.

Las dudas surgen porque la mayoría de los estudios que citan se han realizado durante el confinamiento, sin que los niños convivan con otros y con los colegios cerrados, lo que podría generar un sesgo en los hallazgos. Por ahora, la ciencia busca respuestas a por qué la COVID-19 ataca menos a los niños, cómo transmiten el virus entre ellos o con los adultos y en qué medida. Te explicamos lo que se sabe hasta el momento.

Menos síntomas, ¿menos transmisión?

La mayoría de los estudios coinciden en una conclusión: los niños desarrollan menos síntomas y los que los tienen son menos graves que en los adultos. Aunque también advierten de que eso no implica necesariamente que tienen menor poder de transmisión del virus.

Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo de Icrea, en el Instituto de Salud Global (ISGlobal), lo explica así: «El gran problema es que como la mayoría de los casos en niños cursan sin síntomas, eso no motiva la búsqueda de diagnóstico proactiva como sí pasa en los adultos, que vas al médico. Pero en los niños, que tengan mocos no es motivo suficiente para ir a buscar cuidados médicos o hacerles el test, por eso tenemos un sesgo de detección importante: probablemente se infectan de manera parecida, pero como no expresan la infección de manera clínica, no se les está diagnosticando. Eso quiere decir que no se infectan menos, se infectan de manera diferente».

Por ejemplo, los menores de 20 años tienen la mitad de posibilidades de infectarse que los adultos, y los síntomas clínicos solo se manifiestan en el 21%, según un estudio publicado en Nature. Pero los autores creen que, aunque los niños contagiados tienen menos probabilidades de desarrollar síntomas clínicos, «podrían ser capaces de transmitir el virus a otros». 

Para la pediatra e infectóloga María José Mellado, presidenta de la Asociación Española de Pediatría (AEP), los niños tienen menos capacidad que los adultos para desarrollar la enfermedad porque tienen menos receptores del virus en la faringe, pero eso «no implica que cuando estén enfermos contagien menos, contagian igual que el adulto«. 

Uno de los factores clave es que los niños tienden a hacer más contactos sociales que los adultos y, por tanto, en igualdad de condiciones, deberían contribuir más a la transmisión que los adultos, sugiere el estudio de Nature. El problema es que «los cierres de escuelas disminuyeron potencialmente la transmisión entre los niños, pero no está claro hasta qué punto«, señala. Por eso consideran clave resolver esta duda antes de realizar acciones enfocadas en los menores.

La gran incógnita

Ahora, los expertos esperan que las investigaciones ayuden a responder esa incógnita: cuál es la capacidad de transmisión de niños. «Hemos partido de la base de que los niños transmiten el coronavirus como los adultos por ser cautos, pero si queda demostrado que esto no es así, las medidas de protección pueden relajarse», advierte Bassat.

El problema, explica, es que es muy difícil demostrarlo en un contexto de baja transmisión como el que hay ahora. «Puede haber algo que haga que los niños sean peores transmisores y que no conocemos. Hay reportes de escuelas que han tenido que cerrar después de haber reabierto», señala. Por eso hay que entender si los casos que aparecen en las escuelas son por los adultos que trabajan ahí o provienen de los niños, pero todavía no hay una evidencia clara, ni tampoco hay focos de rebrote originados entre los menores que se puedan estudiar.

Mellado concluye que hay que esperar a que pase el periodo epidémico. «Si no han ido al colegio no han podido contagiarse y no se pueden hacer test epidemiológicos si no hay un ciclo normal». 

No son supercontagiadores

Los primeros indicios apuntaban a que los niños podrían ser supercontagiadores, transmitiendo la enfermedad sin siquiera mostrar síntomas, y las autoridades cerraron las escuelas. La idea partía de asumir que la COVID-19 podría comportarse igual que otros virus como la gripe, donde sí lo son. «Al principio como no sabíamos nada, teníamos que asumir que se iba a comportar como otros. Ahora seguimos teniendo pocos datos fiables, pero la ausencia de brotes que empiecen por un niño y la ausencia de muchos casos alrededor de niños nos indica esto», explica Bassat. 

Una investigación inicial sobre la transmisión en hogares de China apuntaba a que los niños tenían un riesgo de infección similar al de la población general, reforzando esa idea, por lo que los autores recomendaban tenerlos en cuenta a la hora de tomar medidas de transmisión y control

Con el tiempo, otros análisis han ido desmontando esta idea. Por ejemplo, un estudio en los Alpes franceses siguió el caso de un niño con COVID-19 que no había contagiado a nadie a pesar de estar en contacto con más de cien niños. En otro estudio en Australia se dio seguimiento a 863 contactos cercanos de nueve niños y nueve profesores analizando si habían desarrollado anticuerpos, pero no se encontró evidencia de que los alumnos infectaran a los profesores.

El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) concluyó en un informe del 23 de abril que «la transmisión de niños a adultos parece ser poco común», al igual que un estudio de Países Bajos actualizado el 11 de junio, que concluyó que los niños juegan un papel menor en la propagación del nuevo coronavirus. «El virus se transmite principalmente entre adultos y de familiares adultos a niños. La propagación del virus entre niños o de niños a adultos es menos común«, advierte.

Lo que reflejan los datos

Hasta el 29 de mayo, en España se habían notificado 1.409 casos entre menores de 14 años, de los cuales 52 habían tenido que ser atendidos en la UCI y tres fallecieron, según datos del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), que los sitúan muy por debajo de las tasas entre adultos.

Pero el estudio de seroprevalencia también detectó menos anticuerpos conforme menores eran los niños. Mientras que la media nacional era del 5%, el grupo de 1 a 4 años solo registró un 2,4%, menos de la mitad. Algo similar sucedió en la ciudad de Vo, Italia, donde se hicieron pruebas al 86% de su población después de la primera muerte, a fines de febrero. Ningún niño de menos de 10 años dio positivo frente al 2,6% de la población general.

Por ejemplo, un caso diferente son los resultados del estudio de seroprevalencia en Torrejón, donde los menores de 10 a 14 años son el grupo con mayor prevalencia, con un porcentaje del 26,47%, frente al 20,18% registrado en el promedio. Aunque este caso es particular, y no puede ser extrapolable, explican lo expertos. 

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