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Muerte y resurrección de Sherlock Holmes
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Muerte y resurrección de Sherlock Holmes

En diciembre de 1893, sir Arthur Conan Doyle publicaba la obra en la que Sherlock Holmes moría durante un enfrentamiento con Moriarty

Diciembre de 1893. Sherlock Holmes muere en las cataratas de Reichenbach, en Suiza, durante una pelea con el profesor Moriarty, que también fallece. Quien fumaba en pipa, se hinchaba a galletas y consumía grandes dosis de cocaína cuando se aburría, moría por una caída perniciosa ante su mayor enemigo. La historia estaba escrita, sir Arthur Conan Doyle había matado a su hijo literario.

Harto de la fama que tenía el detective y, sobre todo, de que este opacara el resto de sus obras, Conan Doyle vio con buenos ojos ejecutar a Holmes, algo que no había logrado el resto de sus enemigos. Pero lo que no pensó el escritor es que, como la parábola, el hijo pródigo volvería.

Hermano y químico

Sherlock Holmes había muerto, pero su legado se mantenía. Aunque Conan Doyle trató de huir de su figura, la gente seguía recordando al hombre más inteligente de Baker Street. Desde la primera obra, Estudio en escarlata (1887), la pipa del investigador cautivó a un gran número de personas.

Nacido en 1854, hijo de un inglés y de una descendiente francesa, era el pequeño de tres hermanos: Sherrinford, Mycroft y Sherlock. Estudió en alguna de las universidades más famosas de Inglaterra, seguramente Oxford, donde aprendió sobre música – era un excelente violinista –, medicina, derecho y, sobre todo, química. Además, Holmes era ducho sobre el escenario, algo que bien le sirvió durante sus investigaciones.

Tras su fallecimiento en El problema final, fueron muchos los lectores que comenzaron a acosar a Conan Doyle exigiéndole la vuelta del célebre detective. El escritor, que pensaba ya cerrada aquella etapa, no lograba que sus obras (más históricas) tuvieran el mismo impacto que el conocido detective.

La vuelta a Baker Street

Doyle reculó en El regreso de Sherlock Holmes de 1903, donde, sin dar demasiados detalles, Sherlock Holmes reapareció de entre el reino de las sombras, donde sí se había quedado el profesor Moriarty. A partir de ahí, el detective jamás moriría.

La ficción superó la realidad de Conan Doyle quien, en sus últimos años, solo era recordado por Holmes y por su inesperado acercamiento hacia el espiritismo – incluso el mago Houdini lo criticó públicamente por esto último –. El impacto de Sherlock ha sido tal que no solo en la actualidad siguen produciéndose series sobre el personaje, sino que en 2002 la Real Academia de Química (Royal Academy of Chemestry) el detective fue galardonado con la medalla de miembro honorífico:

«Por supuesto, Sherlock Holmes no existía, a pesar de las ilusiones de millones de personas en el país y en el extranjero que han seguido sus aventuras en los libros, la televisión, la radio y en películas. Sin embargo, el valor de la leyenda de Holmes hoy, y en décadas anteriores, es profundo, ya que ha aportado beneficios morales tangibles a la sociedad, además de proporcionar un valor de entretenimiento extraordinario que ha continuado durante seis o siete generaciones”, explicó el jefe ejecutivo, Dr. David Giachardi.

Fuentes

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