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‘Moonfakes’: 10 mentiras y alguna verdad inesperada sobre la Luna
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‘Moonfakes’: 10 mentiras y alguna verdad inesperada sobre la Luna


La última gran creencia errónea sobre la Luna está en nuestro imaginario televisivo. En las semidesérticas lomas entre Almería y Murcia recuerdan algunos el impacto de aquel 21 de julio de 1969. Alguno asistía incrédulo a lo que la televisión mostraba como una conquista lunar, en lo que claramente era un paisaje propio de lo que había al otro lado de sus propias ventanas. Hoy todavía hay quien dice que en aquel tiempo hubo vecinos que pensaron que aquello no era ni la Luna real ni un plató, sino las afueras de su pueblo.

Pero la tele engaña al ojo y la NASA nos mostró en directo una pobre señal en blanco y negro que construyó una imagen colectiva de la Luna en (menos de) 625 líneas. La Luna real no se ve en VHF y no es siempre como la pintamos, ni real, ni metafóricamente.

  1. Los paisajes lunares no son tan lunares

  2. Hay por la Tierra algunas zonas turísticas que se presentan como “paisajes lunares”. Espectáculos de la naturaleza producidos por una combinación de rocas peculiares y erosiones del viento o el agua. Paradójicamente, la Luna real no tiene ninguna de esas tres cosas.

    Como nos recuerda la astrofísica Eva Villaver (@villavrr), «tendríamos que pensar más en paisajes volcánicos, como los que tenemos en Canarias». La autora de ‘Las mil caras de la Luna‘ explica a Newtral que el suelo lunar cuenta con importantes formaciones de basalto procedentes de viejas erupciones, «por cuanto tiende a ser más oscuro».

    Puedes escuchar a Villaver explicar este aspecto y otros en el pódcast de Todo es Moontira.

    Desde luego, carece de sentido pensar en similitudes con «paisajes lunares» como la Ciudad Encantada (Cuenca), el de Bolnuevo (Murcia) o incluso el Pasaje Lunar de Tenerife, donde se aprecia en efecto de la erosión. «En la Luna no hay atmósfera. Por tanto no hay ni viento ni lluvia» que puedan producir semejantes relieves.

  3. La Luna llena no produce (sólo) las mareas

  4. Esto es una verdad a medias. Desde luego, sin la Luna no existirían las mareas tal y como las conocemos. La gravedad lunar es capaz de atraer las masas oceánicas en cooperación con la del Sol, que es mucho mayor, pero menos activa aquí por su lejanía con la Tierra, un objeto que, no olvidemos, está constantemente rotando.

    “El mecanismo que da lugar a estas fuerzas de marea es algo más elaborado que la atracción gravitatoria” explica el físico del CSIC Luis Mederos. La Tierra y la Luna no están quietas en el espacio y la inercia juega un papel también en estos procesos.Tal y como muestra en este documento, la atracción no sólo se produce en la cara de la Tierra que en ese momento apunte a la Luna. También se eleva en el contrario. Y su poder es mayor si están alineados el Sol, la Tierra y la Luna (que se presentará en fase nueva o llena).

    Puesto que el sistema oceánico es complejo, la repercusión gravitacional en las costas ni es inmediata ni igual en cada sitio del planeta. “No es la atracción gravitatoria de la Luna y el Sol por sí misma quien provoca las mareas. Es la pequeña diferencia entre cómo esos astros atraen a las diferentes partes del océano lo que da lugar a las fuerzas de marea”.

    En esta otra pieza, el doctor Manuel Vargas, del Centro Oceanográfico de Málaga, explica el concepto de «mareas vivas» y cómo, pese a que se difundió que este San Juan habría tal fenómeno motivado por la luna nueva, eso era falso.

  5. La Luna no provoca terremotos, pero la Tierra, sí en la Luna

  6. Ha sido un tema de discusión entre la comunidad científica si los grandes terremotos coinciden o no con la presencia de luna llena o nueva y las mareas derivadas de ellas. El de Chile de 2010 o el de Japón de 2011 sí que coincidieron con mareas altas. Pero también ocurre al contrario en las cuencas de los océanos profundos, conforme a un estudio de 2004. Sin embargo, como acabamos de ver, las mareas son más complejas que una simple presencia de la luna llena en el cielo. Después de todo, el peso del agua afecta a las placas tectónicas.

    Este estudio de 2018 concluye que, si observamos todos los grandes terremotos, por encima de magnitud 8, desde el año 1600, no hay correlación con las mareas.

    Recreación del choque entre Tea (en negro) y Tierra (azul), que hizo aparecer la Luna
    Recreación del choque entre Tea y Tierra, que hizo aparecer la Luna

    Lo sorprendente ha llegado este año: un estudio dirigido por Thomas Watters, de la Smithsonian Institution, ha probado que sí existe una influencia al contrario: la Tierra sí afecta a los movimientos sísmicos de la Luna. Por así decirlo, provoca mareas pero en la roca.

    El geólogo planetario y divulgador Nahúm Méndez-Chazarra (@geologoenapuros) recuerda que “los lunamotos, a diferencia de los terremotos, indican que la Luna es un cuerpo frío con muy poca actividad interna”. La Luna está encogiendo por esa razón y se arruga; “cuando se enfrían los materiales y no puede aguantar más esa contracción libera esa energía en forma de lunamotos, como cuando estiramos una goma hasta que se rompe y notamos en nuestra mano esa vibración”.

    La Luna no siempre está a la misma distancia de la Tierra. Cuando está particularmente lejos se dan más lunamotos, tal y como muestra el estudio de Watters, que ha revisado las estadísticas recogidas por las misiones Apolo.

    Cuando la Luna está más lejos de la Tierra (el apogeo) “es el momento en que sufre más la acción de la gravedad de la Tierra, por un lado, y del Sol, por otro”, explica Méndez-Chazarra a Newtral.

  7. Las cosechas no brotan mejor en cuarto creciente ni luna llena

  8. “Agricultor lunero no llena granero” reza un dicho con razón. Y, sin embargo, hay una creencia entre ciertas personas de que sembrar cuando la Luna está en cuarto creciente o llena éstas brotan mejor.

    “La luz es un factor esencial en el crecimiento de las plantas”, explica el biólogo y experto en cultivos espaciales del CSIC Francisco Javier Medina, “eso no implica que las leyendas sean ciertas. Lo que ocurre es que las plantas cuentan con unos receptores llamados fitocromos sensibles a los distintos colores de la luz”.

    Obviamente, una semilla recién plantada no accede a ningún tipo de luz. Ahí, la gravedad juega un papel clave para que las raíces vayan hacia abajo y las hojas hacia arriba. A partir de ahí, cualquier planta es sensible a la luz, pero la de la Luna tampoco es tan determinante, como explica el también lider del protecto SeedGrow en esta parte del especial Todo es Moontira.

    Por otro lado, cabe pensar que no hay ninguna diferencia de irradiación lumínica entre una luna creciente y otra menguante, pese a que se tienda a pensar que las plantaciones se ven estimuladas por la primera.

  9. No hay más nacimientos en luna llena…

  10. “Un análisis de 5 años de datos no ha demostrado una influencia predecible del ciclo lunar en los partos o sus complicaciones. Como era de esperar, este mito generalizado no se basa en la evidencia”. Así de concluyentes se muestran los autores de uno de los más completos estudios sobre la posible relación entre la luna llena y el nacimiento de bebés.

    Fue un equipo del Mountain Area Health Education Center de Asheville (EE.UU) el que publicó en 2005 los resultados del seguimiento de más de 560.000 nacimientos durante 62 ciclos lunares.

    Los nacimientos aumentan en los días laborables por la mañana. Principalmente, porque es la hora en la que se practican más cesáras programadas. En cuanto a los partos inducidos, es la primera hora de la tarde cuando se produce el pico, según este seguimiento hecho en Estados Unidos. Así que hay más partos en días laborables y, básicamente, cuando lo deciden los equipos hospitalarios. El infografista y analista Zan Armstrong hizo una visualización muy elocuente de todos estos datos para Scientific American en 2017.

    …ni se sincroniza con la menstruación

    Tampoco se ha demostrado relación alguna entre los ciclos lunares y menstruales. La gravedad lunar es incapaz –por fortuna– de tirar de nuestros fluidos corporales u hormonales. Y estamos lejos de exponernos más a la luz de la luna llena que a la de las farolas o la artificial de casa. Por tanto, es mera coincidencia que se sincronicen. Y matemáticamente tiene una explicación: la Luna tarda 29,5 días en completar una vuelta alrededor de la Tierra. El ciclo menstrual es, en teoría, de 28 días. Siempre habrá un momento en que coincidan aproximada o precisamente. Durante unos meses se dará una relativa coincidencia hasta que se vuelvan a desacompasar.

  11. Los crímenes no se disparan en luna llena

  12. Según recoge Eva Villaver en su libro ‘Las mil caras de la Luna’ en 1995, el 98% de los médicos aún creían que la Luna era capaz de influir de alguna manera en sus pacientes. De igual forma, En el siglo XIX, hospitales como el Royal Hospital de Bethlem (Londres, Reino Unido) era práctica común atar, encadenar, azotar y privar de alimentos a los pacientes con problemas mentales de acuerdo con la fase que mostrase la luna en el calendario.

    No hay una sola evidencia de que haya una influencia lunar en los pacientes. Y todo parece venir de la larga tradición de los licántropos. De origen griego, la leyenda del hombre-lobo, según la cual hay personas que se transforman en estos animales al exponerse a la luz de la luna llena se ha adaptado en distintas culturas.

  13. Las superlunas no existen, pero ‘provocan’ accidentes

  14. Una pena. Pero son pura poesía y poca astronomía. Científicamente hablando, una superluna no es más que una luna llena en el perigeo, es decir, cuando la Luna está particularmente cerca de la Tierra. Eso implica que se ve de un 13% a 14% más grande que cuando está en su distancia media. ¿Puede nuestro cerebro distinguir tal magnitud? No.

    Eso sí, se ha demostrado que las noches de superluna aumentan los accidentes de tráfico, particularmente, entre los motoristas. El psicólogo Eldar Shafir recopiló en 2017 los datos de accidentes mortales en motocicleta entre 1975 y 2014 en Estados Unidos, Canadá y Australia. Descubrió que las noches de plenilunio (494 en el periodo, 65 de ellas, superlunas), las muertes se elevan hasta un 5%. Cuando hay una superluna, el incremento llega al 36%, según publicó en el British Medical Journal, eso sí, con una muestra relativamente limitada.

    Diferencia de aspecto entre superluna y miniluna
    Diferencia de aspecto entre superluna y miniluna

    Las superlunas no existen, pero la sola creencia en su espectacularidad puede provocar distracciones al mando de una moto. En todo caso, son una buena excusa para hacer fotografías, siempre que no sea con el móvil, tal y como contamos en el último punto de esta lista.

  15. Holanda exhibió durante años una falsa roca lunar

  16. Durante una década, los Países Bajos expusieron en el Rijksmuseum una roca lunar donada por el ex primer ministro Willem Drees como verdadera, cuando en realidad se trataba de un trozo de madera. Puede sonar increíble, pero ocurrió en 1969, cuando la falsa roca fue parte de un regalo al jefe del gobierno holandés en la gira que hicieron los astronautas Neil Alden Armstrong, Michael Collins, y ‘Buzz’ Aldrin por Europa.

    Roca lunar
    Roca lunar de la misión Apolo 17 preservada en EE.UU. | NASA

    No fue hasta mediados de los 2000 en que las dudas sobre la pieza se hicieron más patentes y se solicitaron varias pruebas. En 2009 se confirmaron las sospechas. Aquello no podía haber venido de la Luna. La NASA aún no ha encontrado una explicación.

  17. España sí tiene rocas lunares; una la ‘perdió’ Franco

  18. En España sí existen rocas lunares. Una está custodiada por el Museo Geominero. Ingenieros españoles fueron cruciales durante las misiones Apolo gracias a las instalaciones espaciales que existen en Robledo de Chavela y Fresnedillas de la Oliva, en Madrid. Como muestra de agradecimiento, el presidente estadounidense Richard Nixon regaló dos rocas de la Luna al gobierno de Franco.

    Una de las rocas fue recogida por la histórica misión Apolo 10. La segunda, por la última, la Apolo 14. Sorprendentemente, a la primera de ellas se le pierde la pista. Tal y como explicó en 2009 a ‘El Mundo’ el exingeniero de la NASA Luis Ruiz de Gopegui, la primera se extravió. La familia Franco desconoce hoy en día su paradero. La segunda piedra, entregada por Kissinger, fue entregada al presidente Carrero Blanco, y terminó como pieza de museo. Primero el Naval y ahora el Geominero de Madrid.

    Por ley, un particular no puede poseer una roca lunar. Son consideradas en Estados Unidos un «bien nacional». Un bien que se está deteriorando a tal velocida que «se están literalmente convirtiendo en polvo», según un estudio dirigido por Bonnie Cooper, de la Universidad de Hanyang en Corea del Sur en 2015. La paradoja es que sí es legal guardar polvo de la Luna que quedase accidentalmente atrapado en las naves. Como curiosidad: 382 kg de Luna están ya (“de vuelta”) a la Tierra en forma de rocas recogidas por los astronautas de las misiones Apolo.

  19. Nunca sacarás una buena foto a la luna con tu móvil

  20. Lo sentimos: es casi imposible. Sin entrar en la calidad de la cámara del teléfono o su sensor, las ópticas que suelen llevar tienden a ser angulares. Eso implica que los objetos lejanos se verán más bien pequeños. ¿Cómo consiguen los profesionales de la fotografía semejantes lunas gigantes? Basta fijarse en que las encuadran con algún objeto de referencia lejano: un edificio, un árbol, la silueta de un horizonte, etc. Al tirar de teleobjetivo, no sólo se ‘acercan’ los elementos de la escena alejados, también veremos ocupando buena parte del campo visual a la Luna. Con lo que nos dará la sensación de que es enorme.

    Es la razón por la que tendemos a ver lunas muy grandes cuando salen o se ponen por el horizonte, cuando, en realidad, se ven con el mismo tamaño que cuando lucen en todo lo alto del cielo. Nuestro cerebro también encuadra con objetos de referencia conocidos, como lo hace quien dispara una foto con toda la intención.

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