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Mitos y falsas creencias sobre la conducta suicida
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Mitos y falsas creencias sobre la conducta suicida


En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio te explicamos, de la mano de dos psicólogas expertas en prevención de la conducta suicida, por qué muchas de las creencias que tenemos respecto a este problema son erróneas.


Dice la psicóloga Adriana Goñi, experta en prevención de la conducta suicida, que «nunca va a haber un único motivo para que una persona se suicide». Partiendo de esa base, lo correcto sería abordar el problema teniendo en cuenta las circunstancias vitales, el sufrimiento psíquico o los posibles detonantes que, en conjunto, podrían acercarnos a las causas por las que alguien comete este acto.

Así, según expone Goñi, puede haber factores como «la pobreza, el desempleo, la condición migrante o la condición trans» y detonantes tales como «la pérdida de seres queridos, la ruptura de relaciones y problemas jurídicos o laborales». La Organización Mundial de la Salud (OMS) también señala que «el abuso de alcohol y estupefacientes, los maltratos en la infancia, los abusos sexuales y la violencia, el aislamiento social y determinados trastornos mentales o el dolor discapacitante» también pueden influir en este problema.

«Cada persona es totalmente diferente y no podemos decir que lo que cause dolor en una lo pueda causar en otra. Pero sí podemos decir que todas ellas comparten un alto sufrimiento psicológico que creen que no van a poder superar y que les impide encontrar otras alternativas para acabar con este sufrimiento que no sea la propia muerte», apunta la psicóloga Sílvia Fort, directora de la Sociedad Española de Suicidología.

Tanto Goñi como Fort abogan por hablar de «problema de salud pública» y no de «epidemia» sin que eso signifique suavizar la realidad o una concesión al lenguje eufemístico.

«En España, las cifras de fallecimientos por suicidio se han mantenido más o menos estables en los últimos 17 años. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2017 [los últimos datos disponibles] hubo 3.679 suicidios, 10 al día. En el mundo hay, aproximadamente, un millón al año. Sin dejar de mencionar que por cada persona que se suicida, hay otras 20 que lo intentan», apunta Sílvia Fort.

De cara a informar sobre este problema global en los medios de comunicación, ambas expertas consideran «necesario» visibilizar esta realidad: «No se trata de no hablar de ello, sino de hacerlo correctamente. Hay que evitar dar detalles de la muerte, hablar de los métodos usados o inferir una relación de causa-efecto». Por ello, en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, hablamos de los mitos y las falsas creencias

Ilustración de Carlos Palanca (Newtral)

Mito 1: «Llamar la atención»

Tanto Goñi como Fort inciden en la necesidad de desterrar del habla común la expresión «llamar la atención» para referirnos a la conducta suicida. «La expresión correcta sería ‘llamada de auxilio’ o ‘pedir ayuda’», apuntan las expertas.

«La gente tiene que comprender que una persona con una crisis suicida no es tan extraño, y que verbalizarlo ya libera. Hay señales para detectar que alguien tiene ideaciones suicidas», añade Goñi, quien aconseja acudir al médico de cabecera, a un profesional del ámbito de la salud mental, a Urgencias o incluso a un familiar, amigo o vecino. «Lo primero es decirlo y que esa persona sea consciente de que no está sola, de que la crisis que le ha llevado a la conducta suicida se puede gestionar de muchas otras maneras», explica.

Mito 2: «Quien lo dice no lo hace» y «quien lo hace no lo dice»

«Los estudios científicos nos dicen que una gran proporción de personas que se suicidan contactan previamente con los servicios de salud, especialmente con Atención Primaria. Entre el 75 y el 83% contactaron con su médico de AP el año previo al suicidio y entre el 45 y el 66% en el mes anterior. Uno de cada tres contacta con un servicio de salud mental en el año previo al suicidio, y sólo uno de cada cinco en el mes anterior», apunta Adriana Goñi.

Por eso, para la experta es imprescindible que el personal sanitario, especialmente los médicos de cabecera, tenga formación específica en la prevención del suicidio: «No se trata de preguntar a todo aquel que entra en la consulta si se quiere suicidar o tiene ideas de muerte, pero sí saber identificar grupos de riesgo y saber llevar a cabo una entrevista adecuada para estos casos», añade.

Para Goñi, este tipo de creencias «estigmatizan aún más a las personas con ideación suicida», y, además, como señala Sílvia Fort, son «totalmente falsas»: «Son prejuicios o falsos mitos alrededor del suicidio que, de alguna manera, nos ayudan a desentendernos del problema. Cualquier expresión suicida debe ser tomada en serio, aunque haya gente que crea que ‘quien lo dice no lo hace’. Si no nos tomamos en serio los indicios o señales de conducta suicida, caemos en el riesgo de que acabe convirtiéndose en un suicidio consumado».

Mito 3: «Si alguien está decidido a suicidarse, no se puede evitar»

Existen señales de alerta pero estas no son comunes a todas las personas. Según la directora de la Sociedad Española de la Suicidología, Sílvia Fort, «es importante evitar el alarmismo porque observar alguna de las señales de alerta en alguien no quiere decir que la persona tenga un riesgo inminente de suicidarse». «Es últil porque estos signos nos pueden servir como aviso para aquellas personas que ya están en riesgo, y esto nos permite poder actuar para prevenir posibles intentos futuros», añade.

Según Fort, algunas de estas señales corresponden a «un cambio en las formas de expresarse y actuar habituales de la persona o a las ‘conductas de cierre’: regalar pertenencias u objetos apreciados o valiosos, cesión de mascotas, redacción de testamento, visitas inesperadas a personas cercanas o puesta en orden de cosas».

¿Y cómo habría que proceder si se identifica esta conducta? «Conservar la calma, estar atento, acompañarle siempre, hablar del tema que le preocupa, valorar el riesgo, hablar con otras personas que le conozcan para ver si también han notado algo fuera de lo habitual o piensan lo mismo, ofrecer ayuda en tareas prácticas y animarle a pedir ayuda», explica la psicóloga Adriana Goñi. «Sí se puede evitar y se debe intentar. Lo que no se debe hacer es dar por hecho que es imposible hacer nada», añade.

Mito 4: «Si hubiese querido morir, lo habría conseguido»

Esta frase se emplea, sobre todo, para referirse a aquellas personas que sobreviven tras un intento de suicidio. «’No iba en serio’, ‘solo quiere llamar la atención’, ‘si se hubiese querido morir de verdad, lo habría conseguido’… Este tipo de frases son muy dañinas y no son ciertas», insiste Sílvia Fort.

La OMS advierte que las ideaciones suicidas han de tomarse en serio y que «no se debe subestimar la intención de alguien de acabar con su vida».


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