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Los mayores LGTBI también existen
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Los mayores LGTBI también existen


Carlos se imagina cómo será su próximo cumpleaños en la nueva residencia mientras Rosa habla de lo encantada que está con la creación de ese espacio común para mayores LGTBI. Por su parte, Federico, presidente de la Fundación 26 de Diciembre e impulsor de esta idea, les explica que aquellos muros blancos y envejecidos, en unos meses serán coloreados por artistas urbanos que han dejado su marca en el multicultural barrio de Lavapiés. A su lado Eduardo escucha atento, planificando de qué forma podrán abrir las puertas de su futuro hogar a los vecinos “para que sea un lugar inclusivo e integrador”, dice.

Carlos Jorge, Rosa Arauzo y Eduardo Levaggi visitan, de la mano de Federico Armenteros, el antiguo edifico que está en fase de recuperación, para convertirse en la primera residencia en España para mayores LGTBI de carácter público, es decir, la Comunidad de Madrid cogerá el 80% de las pensiones contributivas y el 20% de las no contributivas para sufragar los gastos. Ellos serán los primeros residentes.

“¿Por qué una residencia especializada?” – reflexiona y hace reflexionar Federico Armenteros – “Porque va dirigida a un tipo de personas que han sido educadas en el odio y en la exclusión. ¿Cómo nos vamos a juntar la misma generación, personas que nos han educado con un muro y que no hemos podido hablar con las otras partes?». Según su experiencia, los mayores LGTBI no quieren ir a las residencias porque sienten que, después de una vida luchando por su reconocimiento, allí pueden emprender un viaje de vuelta “al armario”.

Carlos Jorge entiende el rechazo que podría generar en sus compañeros en una residencia. Para él, sería una contradicción obligar a otros mayores a respetar su orientación sexual. “Yo no le puedo convencer de nada, sería inhumano. Tan inhumano es que no me dejen ser quien soy como que yo obligue [a entenderlo]”, explica.

En el caso de Rosa, el nuevo centro significa para ella una “reparación” a la represión y persecución que ha sufrido el colectivo en nuestro país por leyes como la de Vagos y Maleantes, sustituida después por la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. “Yo tuve que pagar una historia muy dura, que fue separarme de mis hijos. Tuve que dejarlos con el padre porque si no, el juez me los quitaba por ser abiertamente lesbiana”, cuenta.

Pero también Armenteros tiene una mirada crítica hacia la propia comunidad LGTBI ya que opina que “lo están construyendo con valores de la eterna juventud y del consumo máximo” que les discrimina. “Mayores, enfermos y pobres, es el resumen de cómo está ahora el colectivo mayor en su mayoría” explica. Una realidad que, según él, no quieren ver.

Un techo que protege

“Esta idea de la Fundación, si no existiera, deberían haberla inventado”, señala Carlos quien no tiene más familia que la que esta comunidad le ha ofrecido y ante la que se siente profundamente agradecido. “No es lo mismo caminar solo que tener un bastón, que tener algo que te reconozca psicológicamente, que te reconozca humanamente. Este grupo, en el que, si tienes un problema están contigo todo el tiempo, te da cierta fuerza”, dice.

Por su parte, para Eduardo el centro será una forma de protección: “En este momento, por razones laborales y económicas, tengo una cierta fragilidad. Por tanto, venir a la residencia es una forma de recuperar mi dignidad y estar protegido”.

Una familia y un hogar son las ideas que llevaron a Federico Armenteros a luchar por que la Comunidad de Madrid les cediese el edificio abandonado hasta entonces y de cuyo centro de día se encargará el Ayuntamiento de la ciudad. A través de esta residencia, Federico quiere “valorar, acompañar, querer y despedir como se merecen” todas las personas que vayan a vivir allí. “Nosotros nos vamos a dedicar a atender y a acompañar a personas con dependencia y a aquellas que están en fase paliativa”, explica.

Poco a poco, las obras necesarias para adecentar el viejo edificio del distrito de Villaverde Alto, al sur de Madrid, están saliendo adelante. Cuentan para ello con personas que tienen que cumplir trabajos en beneficio para la comunidad ya que  por su propia historia, Federico Armenteros nos explican que creen en la resinserción social.

Esperan que antes del próximo verano, puedan abrir sus puertas para todos los que, como Rosa, Carlos y Eduardo, quieren ser los primeros residentes del nuevo centro especializado para mayores LGTBI. “El piso te soporta pero el techo te protege, que es importante”, dice Carlos mientras mira hacia arriba con sus ojos.

 

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