Newtral


Cinco libros bélicos
Siguiente

Cinco libros bélicos

  1. Adiós a las armas (1929). Ernest Hemingway

Más allá de los premios Pulitzer y Nobel lo que hace de Hemingway un creador fundamental es la rotundidad que otorga a su obra la propia experiencia vital del autor. No hay duda de que detrás de la gran versatilidad de género se ha de entender en un marco de realidad vivida, en muchos casos sobrepasando la verosimilitud con pura verdad. La vida de un hombre reflejada en sus novelas, desde el joven París de los años 20, pasando por la ruta del Baztán, Pamplona, África y numerosos conflictos, entre ellos la Primera y Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil.

Lo más interesante de todo es que el hecho de estar presente en todos estos acontecimientos bélicos no implica para el autor certidumbre alguna sobre la guerra y sus consideraciones,  pues ya se sabe que un escritor no escribe nunca de lo que conoce, sino precisamente de lo que ignora. Por ese motivo, las novelas de Hemingway sobre la guerra se caracterizan por la acción trepidante y la capacidad de hacer que los acontecimientos describan el escenario por sí mismos.

Cuando en 1918 Hemingway viajó al frente italiano como voluntario para conducir ambulancias, difícilmente podría imaginar los sucesos que le llevarían a su vuelta a relatar su desencuentro en “Adiós a las armas”. Después de todo, esta no deja de ser una novela de amor y supervivencia, donde la crudeza de la guerra acompaña a los protagonistas a cada paso, casi diría que jactándose de su gobierno sobre el destino de ellos, como un gato que, una vez atrapa a su presa, juguetea con ella antes de devorarla.

Seguimos remontando el lago. En la orilla derecha había un entrante de montañas y un llano que pensé que debía de ser Cannobio. Me aparté cuanto pude porque allí era donde corríamos más peligro de encontrarnos con la guardia. En la otra orilla había una montaña nevada a lo lejos. Estaba cansado. No era una gran distancia pero estaba bajo de forma y se me hizo larguísima. Sabía que tenía que dejar atrás esa montaña y continuar remontando el lago al menos ocho kilómetros antes de llegar a aguas suizas. La luna estaba muy baja, pero antes de que se ocultara del todo el cielo volvió a nublarse y oscureció. Me quedé en el centro del lago, remando de vez en cuando, descansando y levantando los remos de modo que el viento golpeara en las palas.

 

-Déjame remar un rato – Dijo Catherine

-No creo que debas.

-Tonterías. Me sentará bien. Así no estaré tan anquilosada.

-No me parece lo más conveniente.

-Remar con moderación es muy bueno para las embarazadas.

-De acuerdo, rema con moderación. Pasaré a popa, luego ven tú aquí. Sujétate a la borda al pasar.

 

Me senté en popa con el cuello del abrigo subido y observé remar a Catherine. Remaba muy bien, pero los remos eran demasiado largos y le molestaban. Abrí la bolsa, comí un par de bocadillos y eché un trago de brandy. Todo cobró un aspecto menos sombrío y eche otro trago.

 

-Cuando te canses, avísame –dije. Poco después añadí-: Ten cuidado de no darte en la barriga con el remo.

-Si lo hiciera –respondió Catherine mientras remaba -, la vida sería mucho más fácil.

Bebí otro trago de brandy.

 

  1. Viaje al fin de la noche (1932). Louis-Ferdinand Celine.

Esta novela deja en evidencia la vulgaridad y necedad de la guerra a  través de los ojos de un joven alistado en el frente francés. El desencanto vence a la euforia al primer envite, dejando como protagonistas a la podredumbre y la deshumanización.

Viaje al fin de la noche es la vivencia de un niño inteligente entre las bestias, el descubrimiento de la naturaleza humana, del miedo y el odio. Es también la ingenuidad que pone en evidencia a la sinrazón. La prosa de Céline contrapone su limpieza y su amargura, dos cualidades excepcionales que el autor entrelaza en esta obra provocando al lector un placer incómodo. La ironía asoma en cada página convirtiéndose en el ingrediente estrella de esta obra universal.

Sin embargo, aún necesitaba yo hacer acopio de imaginación, facundia que pudiera agradar a mis nuevos amigos, la fácil. No cesaba, por miedo a equivocarme, en mi admiración patriótica y pedía una y mil veces a aquellos héroes, por turno, historias y más historias de bravura colonial. Son como los chistes verdes, las historias de bravura, siempre gustan a todos los militares de todos los países. Lo que hace falta, en el fondo, para llegar a una especie de paz con los hombres, oficiales o no, armisticios frágiles, desde luego, pero aun así preciosos, es permitirles en todas las circunstancias, tenderse, repantigarse entre las jactancias necias. No hay vanidad inteligente, es un instinto. Tampoco hay hombre que no sea ante todo vanidoso. El papel de panoli admirativo es prácticamente el único en que se toleran con algo de gusto los humanos. Con aquellos soldados no tenía que hacer excesos de imaginación. Bastaba con que no cesara de mostrarme maravillado. Es fácil pedir una y mil veces historias de guerra.

 

  1. Soldados de Salamina (2001). Javier Cercas

Esta historia sorprende tanto por los sucesos que acontecen  como por la manera de contarlos. El hecho sobre el que gira el libro, (el indulto del falangista y poeta Rafael Sánchez Mazas por parte de un soldado republicano), se entrelaza con el propio proceso de investigación sobre la situación y los personajes por parte del autor, con un resultado armonioso y sorprendente.

Soldados de Salamina es un estudio sobre la naturaleza humana, un rayo de luz en la trágica locura que supuso la guerra civil española. La presentación del acto heroico en esta novela solo arroja verdad sobre el sinsentido del conflicto, y en ningún momento lo humaniza. Como si la posibilidad de matar, incluso en su negación, fuera suficiente demostración de desvarío. La jugada maestra de Cercas es hacer protagonista al salvado y no al salvador, ahondar en su figura y circunstancias,  pretendiendo que el héroe no dignificara el terrible conflicto.

¿Y qué es un héroe?

La pregunta pareció sorprenderle, como si nunca se la hubiera hecho, o como si se la hubiera estado haciendo desde siempre; con la taza en el aire, me miró fugazmente a los ojos, volvió la vista hacia la bahía, por un momento reflexionó; luego se encogió de hombros.

No lo sé –dijo-. Alguien que se cree un héroe y acierta. O alguien que tiene el coraje y el instinto de la virtud, y por eso no se equivoca nunca, o por lo menos no se equivoca en el único momento en que importa no equivocarse, y por lo tanto no puede no ser un héroe. O quien entiende, como Allende, que el héroe no es el que mata sino el que no mata o se deja matar. No lo sé. ¿Qué es un héroe para ti?

 

  1. Por quién doblan las campanas (1940). Ernest Hemingway

Dijo Roberto Bolaño cierta vez que le preguntaron por la caída (el asesinato) de Allende y el golpe de Pinochet que aquello fue “como una película de los hermanos Marx, pero con muertos”. Y no se me ocurre una imagen más acertada para definir el tremendo desbarajuste que fue la Guerra Civil. Principalmente si hablamos del bando republicano, la caótica organización, la desconfianza y la desunión neutralizaron la ventaja que le otorgaba un factor común a cualquier conflicto y nada baladí: un motivo mayor por el que luchar.

Hemingway también estuvo presente en la guerra civil, esta vez como reportero. Su novela narra la historia de Robert Jordan, un artificiero norteamericano que se alista voluntariamente con el bando republicano y recibe la misión de integrarse en un grupo guerrillero oculto en la sierra madrileña y volar un puente controlado por el enemigo. En ese marco, de nuevo una historia de amor que se desarrolla magistralmente con la novela, y una descripción precisa de las circunstancias del conflicto de guerrilla y el marco general por medio de la acción, seña de identidad inequívoca del autor.

El teniente Barredo, siguiendo el rastro de los caballos, subía la cuesta al trote, y en su rostro había una expresión seria y grave. Su ametralladora reposaba cruzada sobre la montura, apoyada en su antebrazo izquierdo. Robert Jordan estaba tumbado boca abajo detrás del árbol, conteniéndose con todo cuidado para que no le temblaran las manos. Aguardaba a que el oficial alcanzase el lugar alumbrado por el sol, donde los primeros pinos del bosque llegaban a la verde ladera cubierta de hierba. Podía sentir los latidos de su corazón golpeando contra el suelo cubierto de pino.

 

5.Las cosas que llevaban los hombres que lucharon (1990). Tim O´Brien

Podríamos esperar de un libro de relatos sobre la guerra de Vietnam, escrito por un veterano de guerra y publicado veinte años después de su regreso, que penetrara en el corazón del conflicto y se esforzara por narrar la memoria del soldado, sus experiencias de la manera más fiel y realista, como un ejercicio de comprensión o incluso, como tantos otros autores, para repartir el recuerdo entre los lectores y aliviar así el peso postraumático.

Sin embargo, nada de esto tiene que ver con los fantásticos relatos de Tim O´Brien, un ejercicio de literatura magistral que aúna realidad y ficción, enfocado en el momento cotidiano del conflicto y sus personajes, lejos de categorizaciones, castigos y secuelas. La generosidad de un autor que renuncia al resentimiento y convierte “el peor verano de su vida” en una colección de historias brillantes sobre personajes inolvidables.

Al fin y al cabo, el lector tiene la sensación de que los relatos de O´Brien no responden a lo que recuerda que ocurrió en Vietnam, si no lo que recuerda haber contado otras veces. Esta composición, en manos de un talento así, resulta un libro conmovedor.

Y en último extremo, desde luego, una auténtica historia de guerra nunca trata de la guerra. Trata de la luz del sol. Trata de ese modo tan especial con que el amanecer se despliega sobre un río cuando sabes que debes cruzar el río y marchar hacia las montañas y hacer cosas de las que tienes miedo. Trata del amor y la memoria. Trata de la pena. Trata de hermanas que no contestan las cartas y gente que no escucha.

18 Comentarios

  • Gracias Esteban por tus recomendaciones, otro linro interesante para leer es Patria de aramburu, a mi me gusto mucho . Visca l’Espanyol .

  • Gracias por los libros, Estebán! Me encanta tu visión cultural y deportiva.»Homenaje a Cataluña», que he leído en portugués, es una grandísima obra de Orwell también. Saludos desde Brasil.

  • Gracias, Quim. No conozco a Mark Helprin pero prometo echarle un vistazo en mi próxima visita a la librería. Abrazos!

  • Buenas tardes Esteban,
    antes de nada agradecerte este post con tus recomendaciones, siempre es bueno salir de lo conocido y más si son recomendaciones de alguien como tú. Ya que estas por aqui me encantaría saber si tienes alguna recomendación sobre libros de filosofía.
    Muchas gracias!
    Un saludo desde Málaga.

    • Gracias Gabriel.
      No se si vale, pero mi favorito sin duda es «Así habló Zaratustra», de Nietzche. Acompáñalo con la música de Strauss! Abrazos

¿Quieres comentar?

Relacionados

Más vistos

Siguiente