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Las niñas que se rebelaron contra el matrimonio
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Las niñas que se rebelaron contra el matrimonio

Cada día, una media de 34.500 niñas son forzadas a contraer matrimonio, según datos de Naciones Unidas. Foto: Pablo Blázquez/Save the Children

Antes de que muriera su padre, Kadiatu Massaquoi vivía su vida como cualquier niña de 14 años. Iba a la escuela, compartía secretos con sus amigas y jugaba con sus hermanos al regresar a casa. Cuando falleció, el mundo se le cayó encima. Tuvo que dejar su formación por razones económicas y además, quedó embarazada. «No tienes opción, te tienes que casar», le dijo su madre, forzada por los líderes de su comunidad ubicada en el sur de Sierra Leona.

Junto a la activista pakistaní Hadika Bashir, ha viajado a España con la ayuda de Save The Children para dar a conocer su caso y el de más de 12 millones de niñas que, cada año, son forzadas a contraer matrimonio con hombres mucho mayores que ellas. Cuentan su historia en el marco del día internacional de la niña, que se celebró este viernes.

«Yo no quería, no era mi plan quedar embarazada ni casarme», explica Massaquoi a Newtral.es. Su mirada es seria aunque su voz, sosegada. Sentada a su lado, Bashir, que también tiene 17 años pero que logró evitar que sus padres la casaran, escucha atenta. «Cuando me casé, me mudé con mi marido y empezó todo lo malo», continúa Massaquoi. Cuenta que dejó de ver a sus amigas y que pasaba los días encerrada, cuidando de su niña. Hace poco más de un año, tuvo su segundo hijo. Durante el primer embarazo, estaba aterrorizada. Una de sus amigas, que en ese entonces también tenía 15 años, murió cuando estaba esperando a su hijo.

-¿A ella también le habían forzado a contraer matrimonio?, pregunta Bashir

-Sí, a ella también.

El embarazo adolescente implica un alto riesgo para la salud de las mujeres porque el cuerpo aún no es lo suficientemente maduro para dar a luz sin complicaciones. Además, las organizaciones denuncian que aumenta el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y VIH. Es una de las consecuencias del matrimonio infantil, que entre otros priva a las niñas de sus derechos reproductivos y de poder decidir sobre su propio cuerpo.

Según datos de Save The Children, se estima que de las 1.100 millones de niñas que habitan en el mundo, más de un 20 % (220 millones) se casará antes de cumplir la mayoría de edad. Una violación de los derechos humanos que ocurre en todos los rincones del planeta, aunque la mayor prevalencia se da en África Subsahariana. En esa región, aproximadamente 4 de cada 10 mujeres se casaron antes de los 18 años. En el sur de Asia,  la cifra baja a 3 de cada 10 mujeres y la tercera región en nivel de prevalencia es América Latina y el Caribe, seguida de Oriente Medio y África del Norte. 

Existen varias razones por las cuales las niñas son obligadas a casarse antes de los 18 años. Una de ellas es la pobreza extrema, ya que en muchos casos, el marido entrega una aportación económica en forma de dote, que puede ser dinero directo pero también puede ser un rebaño o una parcela de tierra. Los hombres mayores tienen dotes mayores, lo que explica en parte por qué muchas veces los maridos de las niñas tienen 20 o 30 años más que ellas. Otro aspecto es que en muchos países, «las vírgenes tienen mayor precio». Además, para muchas familias, casar a una niña significa una boca menos que alimentar

El peso de los conflictos y las emergencias humanitarias

Durante conflictos o emergencias humanitarias, aumenta el riesgo de que niñas y adolescentes sean víctimas de matrimonio infantil porque puede representar un alivio económico para paliar necesidades básicas, explica el último informe de Save The Children. La organización también subraya que «los padres a menudo consideran el matrimonio una forma de proteger a sus hijas de la violencia sexual».

Durante los últimos ciclones en Mozambique el pasado abril, la organización registró un aumento de las uniones. En 12 pueblos del distrito de Mossurize por ejemplo, en el suroeste del país, más de 124 niñas fueron casadas tras el ciclón Idai, una media de 10 mujeres por pueblo.

Kadiatu Massaquoi, a la derecha, durante un acto en Madrid el 10 de octubre. Foto: Pablo Blázquez/Save the Children

En el caso de Kadiatu, las razones no fueron únicamente económicas sino que se trató de evitar un estigma por parte de la comunidad. «Es un tabú para una chica estar embarazada y no estar casada», explica. Es otras de las razones del matrimonio forzado, ya que «protege el supuesto honor de las familias en un intento de controlar la sexualidad de las adolescentes y ocultar el sexo extramatrimonial y el embarazo, que reduciría la dote que corresponde a una niña que ya no es virgen».

Según Andrés Conde, director ejecutivo de Save The Children, «muchas veces se casan incluso con el agresor sexual, lo que perpetúa los abusos».

«Es difícil encontrar una violación de derechos humanos que implica tantas violaciones a la vez», señala Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, que junto con las organizaciones Entreculturas, Mundo Cooperante y Save The Children, organizó la campaña ¡No quiero! Contra el matrimonio infantil, temprano y forzado, . El matrimonio infantil afecta tanto el derecho a la educación, como el derecho a la igualdad, a la información o a la libre expresión.

«Si me casas, te denuncio ante los tribunales»

Hadiqa Bashir sabía que su turno también llegaría. En Pakistán, cuenta, «es costumbre que las niñas se casen cuando tengan 9, 10 o 11 años, al iniciar la pubertad». Aún recuerda cuando le tocó a su amiga, a los siete años. Dejó de ir a la escuela y cuando organizaron una fiesta para poder verla, les contó que su marido le había pegado con una vara de hierro. Esto, relata, le quedó grabado.

El hombre con el que querían casar a Bashir era un taxista de 35 años. El padre de la activista pakistaní apoyaba el matrimonio, a pesar de de ser un hombre con formación. «Es muy tradicional, escuchaba todo lo que decía mi abuela», señala. Cuando supo que la iban a casar, se negó. Fue su tío, Irfan Hussain, quien por primera vez le habló de sus derechos y de la ley que existía en Pakistán contra el matrimonio infantil. Y así, Bashir decidió plantarles cara.

Cuando fue a ver a su abuela, le dijo: «si me casas, te voy a denunciar ante los tribunales». Esta frase le cambió la vida, aunque en lo inmediato, la primera reacción de la abuela fue pegarle. «Yo era muy tímida, fui silenciosa durante mucho tiempo. Pero esta vez, mi abuela entendió que iba a actuar de verdad», relata Bashir. Logró que no la casaran y pudo seguir con su educación. Pero también decidió actuar, ayudada por su tío.

Hadiqa Bashir, retratada en Madrid. Foto: Pablo Blázquez/ Save the Children

Junto con otras niñas de la escuela, decidieron alzar la voz para oponerse a uno de los mayores abusos que existe contra las niñas en el mundo y que constituye también una forma de violencia de género. Empezaron a ir de puerta en puerta, para tratar de concienciar a la comunidad sobre las consecuencias negativas de la unión forzosa: secuelas físicas, intelectuales y psicológicas.

En el caso de Bashir, no fue fácil convencer a las comunidades de Swat, un distrito ubicado en el norte de Pakistán, donde vive. Le amenazaron de muerte y hasta hoy, recibe llamadas anónimas diciéndole que lo hace para ser famosa o «porque ha tenido algún ligue con occidentales».

Massaquoi y Bashir decidieron rebelarse contra una costumbre muy anclada en sus comunidades. Y ambas han decidido concienciar a la población sobre ello. Saben que la tarea es difícil y que por ello, necesitan pasar por los líderes locales o religiosos de sus pueblos. Muchas veces, no quieren escucharlas. Pero ellas insisten. Porque aunque el matrimonio infantil esté prohibido en casi todo el mundo, las leyes no se respetan y las uniones se celebran de manera extraoficial bajo la supervisión de líderes locales y leyes consuetudinarias o religiosas. 

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