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La Resistencia que liberó París de los nazis
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La Resistencia que liberó París de los nazis

El desembarco de Normandía, en junio de 1944, supuso un punto de inflexión para la Francia ocupada. Las victorias de los aliados en Europa levantaron el ánimo de un pueblo que anisaba la libertad.

19 de agosto de 1944. Vestidos de paisano, 3.000 policías parisinos acuden a la Prefectura de Policía armados con sus pistolas. Una vez dentro, izan la bandera tricolor y cantan la Marsellesa. Desde allí, empezaron a disparar a los alemanes. Así comenzó la liberación de París tras cuatro años de ocupación nazi.

Doce días antes, el 7 de agosto, Hitler había encomendado al gobernador militar de París, Dietrich von Choltitz que volase la ciudad por los aires. Los alemanes habían tomado París en junio de 1940, pero los nazis que quedaban en la ciudad no estaban preparados para el combate. La artillería con que contaban era escasa y no tenían suficientes efectivos.

Tras la derrota en Normandía y las sucesivas victorias que los aliados estaban logrando por Europa, el Führer sabía que la capital no resistiría un ataque. Que París ardiera era preferible que verla en manos enemigas.

El Gobierno provisional de la República Francesa quería tomar la ciudad. Recobrarla sería un símbolo. Significaría que la victoria contra los nazis era posible. Los aliados, por otro lado, no tenían interés en tomar la ciudad; era peligroso y demasiado costoso. Optaban por no desviarse e ir directamente rumbo a Berlín, aunque no veían con buenos ojos un supuesto gobierno del general Charles De Gaulle.

Estadounidenses y británicos preferían que Francia quedase bajo las órdenes del AMGOT (Gobierno Militar Aliado para los Territorios Ocupados), pero los franceses tampoco querían un gobierno de los aliados. La inteligencia militar advirtió que iba a producirse una sublevación en la ciudad si los aliados se acercaban a ella. Según expone el historiador Antony Beevor, el eco del levantamiento de Varsovia había influido en los ánimos del pueblo francés.

«Aux armes, citoyens!»

El coronel Rol-Tanguy, comunista jefe de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) dirigiría la Resistencia. El 12 de agosto, los trabajadores del ferrocarril iniciaron una huelga; el 15, la policía se negó a ponerse el uniforme. Ese mismo día, L’Humanité, el periódico del partido comunista, invitaba a una insurrección popular.

El 17 de agosto, Rol-Tanguy propuso intensificar la lucha pues, ese mismo día, asumiendo que la derrota estaba cerca, gran parte del personal alemán y de los oficiales nazis abandonó la ciudad. Choltitz contaba inicialmente con unos 25.000 hombres de la Wehrmacht, pero los más válidos fueron enviados a luchar contra las tropas del general Patton, y muchos de los que se quedaron eran intérpretes, estaban enfermos o se dedicaban a campos como la sanidad o la propaganda.

Los gaullistas y los aliados no se opusieron a la petición de Rol-Tanguy, pero la Resistencia contaba con poco más de 400 armas. Al anochecer del día 19, tras la toma de la Prefectura de Policía, apenas quedaba munición. Al día siguiente, los parisinos comenzaron a montar barricadas por toda la ciudad.

Los miembros de la Resistencia cortaron la rue de Rivoli, en la que se encontraba el Hôtel Meurice, el cuartel general de las SS que comenzaron a tirotear. Un grupo gaullista acabó haciéndose con él y sustituyó los estandartes nazis por la bandera tricolor. Algunos vecinos comenzaron a hacer lo propio, colgando la bandera nacional en sus balcones.

París bien vale un cambio de planes

El cónsul de Suecia, Raoul Nordling, acordó una tregua con Choltitz. Algunos alemanes aprovecharon para huir, mientras que la Resistencia reforzó sus posiciones en los edificios ocupados. Dos días más tarde, por medio de folletos y carteles, las FFI dieron una orden a los ciudadanos: «Tous aux barricades!» mientras que Hitler, a su vez, le daba la orden a gobernador Choltitz de destruir París.

El hermano del cónsul de Suecia, Ralph Nordling llegó a Dreux, donde el general Patton tenía su cuartel general, para pedirle que salvara París. La situación en la ciudad era tan catastrófica que el general Eisenhower tuvo que convencer a Roosevelt de cambiar el plan aliado y no dejar a los parisinos a su suerte. El general Leclerc, al mando de las fuerzas del gobierno de la Francia Libre recibió la orden de acudir a París.

Aunque la resistencia alemana a las afueras de la ciudad era fuerte, la 2ª División Blindada consiguió aplastarla y entrar triunfante en París por la puerta de Orleáns el 25 de agosto. La 4ª División de Infantería estadounidense haría lo propio por la puerta de Italia. Pero fue la noche anterior cuando la 9ª Compañía de la 2DB -conocida popularmente como La Nueve-, compuesta casi en su totalidad por republicanos españoles alcanzó el Hôtel de Ville, el ayuntamiento de la ciudad.

Los líderes de la Resistencia, que habían tomado el edificio, los recibieron entre aplausos; las campanas de la ciudad comenzaron a repicar. «Ils sont là» («¡Ya están aquí!») exclamaban los parisinos por la calle, mientras entonaban La Marsellesa. El cántico de Le Bourdon, la campana mayor de Notre Dame sonaba a libertad.

«Paris outragé, Paris brisé, Paris martyrisé mais Paris libéré! »

La mañana del 25 de agosto, los ciudadanos de París, «pobres, pero muy felices» como diría Hemingway, convertirían París en una fiesta. El Estado Mayor alemán firmó su rendición aquel mismo día, tras haber sido apresado por los soldados españoles. De Gaulle se dirigió a la población y dio un discurso en el que dijo: «¡París ultrajada! ¡París destrozada! ¡París martirizada! Pero París ha sido liberada, liberada por ella misma, liberada por su pueblo».

Al día siguiente, un desfile de la Victoria recorrió los Campos Elíseos. El historiador Secundino Serrano relata que los soldados de La Nueve portaban banderas republicanas, algo que indignaría enormemente a Franco. Francia les rendiría homenaje en 2004 y 2015, colocando una placa e inaugurando un jardín en su honor, respectivamente. El Jadrin des Combattants-de-la-Nueve se encuentra en la plaza del ayuntamiento, rebautizada como Esplanade de la Libératión.

La resaca de la fiesta derivó en sed de venganza. Según aclara Beevor, la Resistencia asesinó a unas 20.000 personas en toda Francia, acusadas de colaboracionismo. Además, las mujeres francesas a las que se culpó de haber mantenido relaciones sexuales con los nazis (especialmente a prostitutas) fueron sometidas a vejaciones públicas.

Tras la liberación de París, el general De Gaulle lideraría un gobierno provisional que buscaba restablecer la democracia en el país. Más tarde, en 1959, De Gaulle se convertiría en presidente de la República Francesa.

Fuentes:

  • Beevor, Antony. El Día D. La batalla de Normandía.
  • Serrano, Secundino. La última gesta. Los republicanos que vencieron a Hitler (1939-1945).

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