Masiko, la última paciente contagiada de ébola y hospitalizada en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) fue este miércoles dada de alta en un centro médico de Beni.
Una noticia que ha hecho a la OMS declarar que el brote está erradicado en ese foco, a la espera de confirmar que no haya ningún nuevo caso durante un periodo de seguridad de 42 días. La noticia llega tras más de año y medio de lucha contra la epidemia en este país africano y 2.260 muertes.
The last Ebola patient has been discharged from a treatment centre in the Democratic Republic of the Congo.
— United Nations (@UN) March 4, 2020
A 42-day countdown has begun to declare the end of the world’s second-deadliest Ebola epidemic. https://t.co/inNZYioo7H pic.twitter.com/58OP7NnOL4
El fin de la epidemia de ébola no equivale a que esté libre de ébola. Pero llega en un momento en que los sanitarios de la República Democrática del Congo se preparan para una posible llegada del nuevo coronavirus y posibles casos de COVID-19. El país más cercano con un caso confirmado es Nigeria.
El brote de ébola congoleño tardó en ser declarado emergencia de salud internacional, por parte de la OMS. Ocurrió el pasado julio, y fue la última vez que el organismo de Naciones Unidas declaró una emergencia así antes de la del presente COVID-19.
Sin epidemia no es «erradicado»
“Permaneceremos en modo de respuesta durante el resto del período de observación”, ha apuntado la OMS en cuenta oficial de África. El brote no puede descartarse completamente ante la imposibilidad de monitorear casos al este del país, donde los conflictos violentos no lo permiten.
La enfermedad por el virus del ébola (antes, fiebre hemorrágica del Ebola) es siempre grave, con una tasa de letalidad de aproximadamente 50 % (en brotes anteriores, las tasas oscilaron entre el 25% y el 90%).
El virus es transmitido al ser humano por animales salvajes. Es uno de esos casos de zoonosis, por los que un virus no humano salta a nuestra especie. No está claro que ocurra al revés, es decir, de personas a animales, como tampoco hay evidencia respecto al coronavirus del COVID-19.
Todavía no se ha confirmado el reservorio natural del ebola, pero se cree que ciertas especies de murciélagos de la fruta son los principales reservorios animales de los virus. La investigación ha demostrado que los murciélagos pueden portar el virus sin mostrar signos clínicos de la enfermedad.
También se han detectado el virus en especies silvestres que habitan en los bosques, como primates (simios y monos) y duikers (un pequeño antílope silvestre), recuerda la FAO. Todo esto, sumado a la ausencia de una vacuna definitiva, complica su erradicación.
Según la OMS, los estudios sobre la persistencia del virus indican que en un pequeño porcentaje de supervivientes, algunos líquidos corporales pueden seguir dando positivo para el virus en un test PCR hasta 9 meses después de la curación.
Aunque raros, ha habido casos de enfermedad recidivante sintomática por aumento de la replicación del virus en pacientes que se han recuperado de la EVE. Todavía no se conocen bien las causas de este fenómeno.

El síndrome del ébola se detectó por vez primera en 1976 en dos brotes simultáneos ocurridos en Nzara (hoy Sudán del Sur) y Yambuku (República Democrática del Congo). La aldea en que se produjo el segundo de ellos está situada cerca del río Ebola, que da nombre al virus.
El segundo virus más letal
El ébola se propaga en la población de persona a persona, por contacto directo con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de personas infectadas. También por contacto indirecto con materiales contaminados.
Los pacientes son contagiosos mientras el virus esté presente en la sangre. Desde el brote de 2014, que afectó a España, se ha hecho bastante ciencia al respecto. Pero no existe un tratamiento único y específico, aunque sí hay antivirales que, en según qué pacientes, son efectivos.
El tratamiento con remdesivir para el ébola también se demuestra eficaz con algunos pacientes de COVID-19
El Zmapp (suero de anticuerpos) se probó en el brote de 2014, rebajando la letalidad del virus. Desde 2018, se ha probado el antiviral remdesivir (ahora usado como tratamiento compasivo en estudio para el COVID-19) y dos anticuerpos monoclonales, el REGN-EB3 y el mAb114 del National Institute of Allergy and Infectious Diseases de EE.UU.
Mientras, hay buenas noticias del lado de una vacuna. La Comisión Europea aprobó la comercialización de la vacuna contra el ébola Ervebo en noviembre. Tal y como contamos en Newtral.es, fue desarrollada tras el brote en el África occidental en 2014.
En una sustancia viva y desactivada, como ocurre con la mayoría de vacunas. En concreto, lleva consigo un virus, que no es el del ébola. Este virus es modificado genéticamente para que sea capaz de generar anticuerpos contra la variedad Zaire del ébola.
Según explica a Newtral.es el doctor Ángel Hernández Merino (@angel_h_merino), del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP), es la variedad que está causando estragos actualmente en la República Democrática del Congo.
Se está probando la segunda de las vacunas –que se administra en dos dosis–. Contiene un virus sin capacidad de replicación en el humano. Esta lleva un ‘añadido’: un poxvirus capaz de expresar proteínas de varias variedades del virus ébola y del virus Marburgo, el más mortífero del mundo.
Según explican desde la OMS, «a mediados de septiembre, los graves incidentes de seguridad acaecidos en el área sanitaria de Lwemba paralizaron las actividades de respuesta al brote durante más de dos semanas». También hay resistencias a ponerse la vacuna entre parte de la población.