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La contaminación del aire llega a la placenta de embarazadas
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La contaminación del aire llega a la placenta de embarazadas


Un equipo belga han encontrado partículas de combustión en el lado fetal de la placenta de una treintena de embarazadas expuestas a contaminación atmosférica. ¿Pueden llegar al feto?

Partículas de contaminación en placenta de una embarazada | Nawrot
Partículas de contaminación en placenta de una embarazada | Nawrot

El hollín procedente de la combustión de calefacciones o motores de automóviles es respirado por todas las personas, incluidas embarazadas de la mayoría de ciudades del mundo. Instintivamente, sabemos que son perjudiciales para la salud y hay estudios epidemiológicos que vinculan la contaminación del aire con problemas en el desarrollo del feto o los partos prematuros. Ahora se ha podido visualizar cómo esas partículas diminutas se depositan en la placenta de 28 embarazadas. Y por el lado donde se encuentra el feto.

Utilizando imágenes de alta resolución, el equipo, liderado por Tim Nawrot de la Universidad Hasselt (Bélgica), pudo detectar dichas partículas de hollín en placentas recogidas de cinco nacimientos prematuros y 23 nacimientos a término.

Es más, el equipo encontró que diez madres que habían estado expuestas a altos niveles de partículas de carbonilla residencial (2,42 microgramos por m3) tenían niveles más altos de partículas en la placenta que otras diez madres expuestas a bajos niveles (0,63 microgramos por m3), cuando estaban embarazadas.

Según los autores, «para mejorar la atención durante el embarazo en zonas contaminadas es necesario comprender cómo afectan estas partículas, tanto de forma directa sobre el feto o indirecta a través de la madre».

¿Es tan terrible como parece?

Conviene matizar que ver hollín en una placenta no implica directamente que el feto esté respirando o tragando tales partículas. Los autores son cautos. «Resulta imprescindible realizar más estudios para determinar si las partículas son capaces de llegar al feto», explican en su trabajo publicado en Nature.

Han descrito también una visión general de los cambios a nivel molecular en la placenta. Ahí es donde hablamos de epigenética, es decir, los factores ambientales que alteran la química de los genes, haciendo que se exprensen o no unos u otros.

Estudios anteriores han encontrado relación entre el desarrollo fetal y residir junto a una carretera o vía muy transitada por coches. Este trabajo desarrollado en Sabadell en 2010 demostró que los fetos de mujeres embarazadas que viven en zonas con mayor tráfico pesan 81,6 gramos menos respecto al crecimiento medio entre las semanas 20 y 32 de gestación.

Otro estudio, liderado por médicos españoles (ISGlobal) y holandeses demostró que el desarrollo del cerebro infantil también puede verse afectado por la exposición a óxidos de nitrógeno y material particulado (PM) procedente de fuentes como el tráfico.

«El desarrollo fetal es una ventana crítica de susceptibilidad relacionada con la exposición porque la etiología de las enfermedades en la edad adulta puede tener un origen fetal y puede atribuirse a los efectos adversos de las exposiciones ambientales en el útero», aseguran los autores del actual paper.

En este sentido, los autores son cautos. Para Nawrot “necesitamos comprender si la acumulación de partículas de carbono negro en el tejido placentario puede ser responsable de los efectos adversos asociados con la exposición a la contaminación del aire durante el embarazo”.

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