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La contabilidad de muertes por COVID-19, preguntas y respuestas
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La contabilidad de muertes por COVID-19, preguntas y respuestas

12.000 nuevas muertes en los registros digitalizados elevan el exceso de mortalidad durante la epidemia a 43.034 fallecimientos de más desde marzo. ¿Son todos achacables a la COVID-19 o incluso se puede quedar corto?

Foto | Fernando Villar (EFE)

¿Qué se considera en España una muerte por COVID-19?

Las muertes confirmadas por COVID-19 incluyen las de quien ha sido diagnosticada con anterioridad a su fallecimiento. El criterio de diagnóstico es lo que ha podido cambiar durante la epidemia. La PCR confirmada convierte al sospechoso en caso.

El diagnóstico clínico (sin PCR, pero con otros elementos de juicio, como la sintomatología más la típica neumonía bilateral) escapa de esta estadística. También, desde el 24 de abril, quedan fuera los positivos que no sean exclusivamente por PCR, como los test serológicos.

En todos los casos, las comunidades deben notificar los fallecimientos con independencia de si ocurren en un hospital o no, desde el 17 de abril, algo que desde dos días antes empezó a hacer Cataluña en sus informes.

¿Hay muertes achacables a la pandemia que se escapan de la estadística autonómica y de Sanidad?

Antes de la Orden Ministerial del 17 de abril, no había un criterio uniforme, de manera que podían quedar fuera las muertes no ocurridas en centros sanitarios.

Igualmente, existen muertes que previsiblemente no se hubieran dado sin la irrupción del nuevo virus y su propagación pandémica. Aunque no es fácilmente mesurable, durante el pico que llevó al límite a hospitales por ingresos con COVID-19, la calidad asistencial para todas las patologías pudo verse comprometida.

De la misma manera, el retraso en las citas y cirugías programadas también pudo derivar en muertes por otras las causas, cosa que, en parte, refleja el sistema de Monitorización de la Mortalidad por todas las causas (MoMo/ISCIII).

¿El MoMo es una medida fiable de las muertes por COVID-19?

El MoMo nació para evaluar el impacto de las olas de calor en la mortalidad general del país. Impulsado por Fernando Simón en 2004, se terminó popularizando entre la comunidad epidemiológica por dar una medida de la gravedad de cada temporada de gripe.

Nunca en la historia del MoMo se había producido un pico de exceso de mortalidad como el vivido durante marzo y abril de 2020. En sí, no hay atribución (ni lo contrario) a la COVID-19 en las cifras absolutas.

Parece obvio que se reflejan en esos excesos los dos elementos citados en el punto anterior: Muertes de personas con el SARS-CoV-2 en su cuerpo. Y muertes colaterales de otras patologías que, en circunstancias normales, no hubieran sido fatales.

¿Qué muertes contabiliza el MoMo?

MoMo se alimenta fundamentalmente de datos de defunciones diarias del Instituto nacional de Estadística (INE) y, sobre todo, de los registros civiles informatizados. Llega a cubrir el 93% de la población. Y los compara con los esperables para ese mismo periodo, en circunstancias normales. Los detalles técnicos de su metodología se pueden ver aquí, aplicados a la gripe estacional de 2012.

Según explican desde el Centro Nacional de Epidemiología, que gestiona el MoMo, «los datos tienen un retraso en la fecha de notificación. Por ejemplo, las defunciones producidas el día 1 van notificándose en los días sucesivos (el 2, 3, etc.). Típicamente, y en periodos normales, el día 7 se dispone ya de la práctica totalidad de las defunciones producidas el día 1».

La epidemia del coronavirus ha provocado retrasos mucho mayores, superiores a 12 días en abril, explican, de ahí que la estadística se vaya corrigiendo y completando. En el caso de Barcelona se produjo un apagón de datos entre el 12 de marzo y el 10 de mayo.

MoMo no traslada directamente las muertes de los registros civiles. «El modelo que corrige las defunciones observadas es conservador por construcción y tiende a completar a la baja las defunciones no observadas para evitar la generación de alertas artificiales», explican.

¿Hay otros modelos matemáticos para medir la mortalidad de la epidemia en España?

Recientemente, un equipo de la Universidad Politécnica de Madrid publicó un trabajo (no publicado en revista científica) en que estimaban que abril habría cerrado con unos 40.000 fallecidos por COVID-19 acumulados en España, a partir de la interpretación del MoMo.

Según ha informado en las ruedas de prensa diarias Fernando Simón, el Centro Nacional de Epidemiología irá procesando los datos para elaborar los estudios de mortalidad que determinarán las cifras más realistas sobre el impacto de la COVID-19 en España.

El INE ha publicado su particular estimación de defunciones semanales
durante el brote de COVID-19 (EDeS). Un proyecto que pretende cubrir el vacío de los registros analógicos (6,4%) ajenos al sistema InfoReg, de los que no puede beber la estadística del MoMo.

Según sus datos, el número estimado de defunciones en España durante las 21 primeras semanas de 2020 (hasta el 24 de mayo), asciende a 225.930 personas, lo que supone un aumento del 24,1% (43.945 más) respecto al mismo periodo del año anterior.

La estadística experimental EDeS se publicará cada dos semanas y ofreciendo datos con 10 días de retraso. Por tanto, en esta primera publicación se ofrecen datos hasta la semana 21 de 2020, que finalizó el domingo 24 de mayo (inclusive).

Conforme se vaya disponiendo de datos provisionales de certificado médico de defunción se sustituirán las estimaciones por estos datos provisionales.

¿Por qué distinguimos entre mortalidad y letalidad?

La letalidad de un virus se mide a partir de las muertes que causa entre el número de personas infectadas. Si medimos la letalidad de la enfermedad, sólo consideraríamos a aquellas personas que terminan desarrollándola, no sólo las seropositivas. Con los datos preliminares de seroprevalencia en España, la letalidad del SARS-CoV-2 rondaría en 1%.

La mortalidad mide el impacto sobre el total de la población (o sobre una cifra de ésta, como los 100.000 habitantes). E influye en las expectativas futuras. La esperanza de vida en España se ha recortado casi 9 meses (-0,7 años), según este trabajo preliminar de la Universidad de California-Los Ángeles.

Fuentes:

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