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La brecha de clase en las aguas residuales: los ricos toman vitaminas; los pobres, antidepresivos
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La brecha de clase en las aguas residuales: los ricos toman vitaminas; los pobres, antidepresivos

Un grupo de investigadores australianos ha analizado las aguas residuales domésticas. Han hallado diferencias socieconómicas significativas en el consumo de ciertos alimentos y fármacos.

Pixabay

Existen diferentes variables para definir las desigualdades económicas: tener o no un empleo, el salario percibido por ese trabajo o el tipo de contrato, el porcentaje del salario que destinas a pagar una vivienda o, incluso, el barrio en el que vives. Pero también aquello que ingieres y que se va por el desagüe. Tu nómina habla tanto de ti como tus heces.

Bajo esta premisa, un grupo de científicos de la Universidad de Queensland (Australia), expertos en medioambiente y salud pública, ha estudiado la relación entre las aguas residuales y la brecha socioeconómica.

Publicada a principios de octubre en la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la investigación revela que el consumo de cafeína, vitaminas y fibra está relacionado con un nivel socioeconómico alto; sin embargo, el consumo de antidepresivos y opiáceos es mayor en poblaciones con rentas más bajas

La investigación de la Universidad de Queensland (Australia) ha analizado las aguas residuales domésticas | Foto: Pixabay

Educación y empleo, dos factores importantes

La investigación comenzó cuando uno de sus autores, el doctorando Phil Choi, especializado en bioquímica y biología molecular, quiso dar una explicación a las diferencias de componentes químicos según el lugar de residencia. «Con los datos oficiales en la mano, extraídos de 22 plantas de aguas residuales en Australia, quisimos analizar la brecha entre ricos y pobres porque pensamos que eso podría explicar algunas diferencias en la dieta de los distintos grupos de población», explica Choi en conversación con Newtral.

¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio? Choi y el resto del equipo han hallado que hay «una fuerte relación entre ser parte de un grupo en desventaja económica y comprar menos cereales, frutas, verduras y otros alimentos ricos en fibra». «Nuestros resultados sugieren que la educación y el empleo (por ejemplo,  haber ido a la universidad o tener un puesto de directivo) son dos factores importantes a la hora de explicar la disparidad en la dieta», señala Phil Choi.

Tu nómina habla tanto de ti como tus heces

Los investigadores de la Universidad de Queensland afirman en su estudio que los marcadores de café, vitamina B y alcohol son más elevados en aquellas áreas donde vive gente más rica. «Este último dato me sorprendió personalmente —el hecho de que el consumo de alcohol sea más bajo en aquellas poblaciones más pobres— porque contradice el estereotipo de que la gente pobre bebe mucho más o son alcohólicos», reconoce Choi a Newtral.

También hay una estrecha relación entre un nivel socioeconómico más bajo y la ingesta de antidepresivos, opioides y analgésicos (como pregabalina o tramadol), según el estudio. Sobre el tramadol, Choi señala que «sorprende ver que, según los datos, el 71% de la variación en su consumo se puede explicar por el tipo de empleo».

Para el consumo de edulcorantes artificiales no se ha hallado relación con el nivel socieconómico. «Nuestros resultados sugieren, por ejemplo, que hay un consumo levemente menor de sacarina entre las poblaciones más ancianas pero no en desventaja económica», arroja el documento. «Creemos que diferentes poblaciones en Australia consumen edulcorantes artificiales a un ritmo muy similar. Vemos que sí hay diferencia en el consumo de ciertos alimentos y de fármacos, pero parece que en el caso de los edulcorantes, la ingesta es bastante uniforme».

Según explica la química y divulgadora Marta Gutiérrez a Newtral, «el dinero no siempre es sinónimo de cuidarse». «El uso de edulcorantes, en mi opinión, está más ligado a modas y tendencias que al hecho en sí de cuidarse», añade. 

¿Cómo se llevó a cabo el estudio?

Para que queden restos que puedan ser medidos en el agua y poder realizar el posterior estudio estadístico, el consumo no debe ser esporádico. «Cuando realizas un análisis estadístico de este tipo siempre habrá datos que se salgan de la tendencia, un valor ‘fuera de la linealidad’ o ‘outlayer’. Por eso, cuando se realiza un muestreo de este tipo, se deben coger muestras de diferentes días y horas», explica la química Marta Gutiérrez.

En este caso, el equipo liderado por Phil Choi analizó en 2016 las aguas residuales domésticas de seis estados australianos durante siete días. Luego cruzaron estos datos con otras variables (como la edad o la situación socioeconómica) procedentes de la Oficina de Estadística de Australia para hallar patrones.

Los marcadores de café, vitamina B y alcohol son más elevados en aquellas áreas donde vive gente más rica

«Cuando consumimos, por ejemplo, un medicamento, siempre quedan restos que eliminamos mediante la orina o las heces. En muchos casos, el compuesto aparece tal cual lo consumimos, como sucede con el alcohol, pero otros pueden ser derivados del mismo, marcadores que indican que ha habido un consumo de cierta sustancia», señala la química y divulgadora.

Por ello, la metodología empleada es el estudio epidemiológico de aguas residualesWaterwaste-based epidemiology (WBE)—, «un método de muestreo sistemático para analizar residuos de productos o compuestos químicos que pueden mostrar un consumo o exposición de una población determinada», apunta Phil Choi.

Gutiérrez defiende que este tipo de investigaciones rompen una lanza a favor de la química: «Químico no es sinónimo de malo. Los edulcorantes u otros aditivos no son malos. Un exceso de los mismos sí puede serlo». Por ello, el objetivo de Phil Choi y su equipo es mostrar las desigualdades en el consumo y que esto sirva para «evidenciar la desigualdad real, que es la socioeconómica, y que con ello se ayude a las personas más desfavorecidas».

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