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Una refinería de petróleo en un salón de manicura
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Una refinería de petróleo en un salón de manicura

Una investigación de la Universidad de Colorado ha estudiado los compuestos orgánicos volátiles —procedentes de productos como los esmaltes y quitaesmaltes— en seis salones de manicura, así como los efectos en la salud de las trabajadoras de estas sustancias. El 70% de las mujeres dice tener problemas de salud asociados a estos químicos en su día a día —dolores de cabeza, náuseas, dificultad para respirar—. El estudio también concluye que tras una exposición de 20 años al formaldehído y al benceno, el riesgo de padecer cáncer de estas trabajadoras aumenta

María Nelly trabaja como técnica de uñas desde hace 11 años / Foto: Nacho Vilela (Newtral)

Lupita Montoya pasó de hacerse la manicura a estudiar los vapores orgánicos procedentes de los esmaltes. Como ingeniera medioambiental, se dio cuenta de que el aire que respiraba al entrar en uno de estos salones tenía un olor muy característico. Así que decidió preguntarse qué compuestos químicos estarían presentes y cómo podrían afectar a la salud de las trabajadoras.

Pero además, como mujer migrante —nació y vivió en Sinaloa (México) hasta su adolescencia—, reparó en que la ciencia, a menudo, no tiene perspectiva ni de género ni de clase: «Esta industria emplea sobre todo a mujeres pobres, migrantes y racializadas. Mujeres que rara vez obtienen beneficios de la investigación. Además, muchas de ellas están en edad de ser madres. Y esto es importante porque las sustancias contaminantes podrían afectar no solo a la salud de ellas, sino también a la de los fetos si están embarazadas», explica a Newtral. 

Montoya, que trabaja en la Universidad de Colorado y cuya línea de investigación versa sobre la calidad del aire en interiores, acaba de publicar las conclusiones de su estudio Occupational exposure to volatile organic compounds and health risks in Colorado salon nails en la revista académica Environmental Pollution, que son estas:

  • Los niveles de compuestos volátiles orgánicos (VOCs por sus siglas en inglés) en los salones de manicura son propios de refinerías de petróleo o de talleres mecánicos
  • Las sustancias peligrosas encontradas son, principalmente, benceno, tolueno y xileno; aunque también hallaron formaldehído, metracrilato de metilo y etilbenceno
  • El 70% de las trabajadoras entrevistadas ha experimentado problemas de salud relacionados con su empleo: irritación de nariz, de garganta, de piel, de ojos, y de pulmón; también tos, dolores de cabeza, náuseas, mareos, confusión, dificultad para respirar, pulso acelerado y opresión en el pecho
  • Los resultados dieron positivo en metacrilato de metilo (MMA por sus siglas en inglés) en algunos establecimientos, a pesar de que es un compuesto prohibido en el estado de Colorado para su uso en salones de manicura
  • El riesgo de estas trabajadoras de padecer cáncer a lo largo de su vida aumenta tras una exposición de 20 años al formaldehído y al benceno. «Este riesgo está por encima de un uno por millón, el nivel mínimo establecido por la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA) y considerado por los expertos en salud pública como peligroso»

La investigadora denuncia que «las poblaciones más desfavorecidas no están integradas en el ámbito científico». «En Estados Unidos, estudiar el impacto de la contaminación en la vida de las personas pobres no es urgente para la mayoría de investigadores porque ellos no proceden de esas comunidades», apunta.

La ingeniera medioambiental Lupita Montoya. Foto de Patrick Campbell / Cedida por la Universidad de Colorado

Montoya cuenta a Newtral que es la primera universitaria en su familia, y que siempre ha vivido rodeada de personas que trabajaban en «situaciones de precariedad y en puestos de trabajo con problemas de contaminación».

Por eso se decantó por esta rama de la ingeniería: «Trabajo para que todas y todos respiremos aire limpio, también en interiores. Cuando creces viendo esto, no te puedes permitir hacer simplemente ciencia atractiva, tu preocupación es mejorar la vida de la gente más pobre. En este caso, en los salones de manicura, son mujeres migrantes y racializadas que, además, trabajan más de 40 horas a la semana, según pudimos comprobar», señala. 

«El picor en los ojos era insoportable»

María Nelly Navas tiene 48 años y es de Caracas (Venezuela). Migró a España en 2015, y comenzó a trabajar como técnica de uñas: manicura normal, permanente, acrílica y de gel son los servicios que más realiza. Las uñas de sus manos son largas y acaban en punta, como las de la Zowi, Bad Gyal y otras reinas del trap. «Me gusta llevarlas así porque cuando trabajas en esto, lo primero que hace una clienta es fijarse en tus uñas», cuenta a Newtral. 

María Nelly ejerce esta profesión desde 2008, pero ha sido ahora cuando ha iniciado un negocio por su cuenta: «He alquilado un espacio en la peluquería de una amiga en la zona de Atocha [Madrid]. Tengo mi clientela de confianza y prefiero trabajar a mi ritmo; en el sitio en el que estaba [una conocida cadena de manicura cuyo nombre prefiere omitir] a veces no había tiempo ni para comer porque era una clienta tras otra, y otra, y otra. Más de ocho horas al día ahí metida, sin parar. Tenía que usar colirio a cada rato porque el picor en los ojos era insoportable», reconoce.

María Nelly Navas, en su lugar de trabajo. Foto: Nacho Vilela (Newtral)

Este es uno de los muchos síntomas que Lupita Montoya refiere en su estudio. «Irritación en ojos, piel y garganta, dolores de cabeza, disminución de las funciones cognitivas, asma y alergias» son los más comunes, tal y como expone en la investigación. De hecho, no es la única publicación científica que relaciona estos problemas de salud con el trabajo en los salones de manicura.

Los investigadores del estudio VOC sources and exposures in nail salons: a pilot study in Michigan, USA  detectaron hasta 10 compuestos volátiles orgánicos en los establecimientos de manicura y pedicura estudiados —17 en total—, muchos de ellos conocidos por estar relacionados con la aparición de enfermedades como «dermatitis, cáncer de mama o asma», así como con «problemas de fertilidad y con daños en el hígado, en los riñones o en el sistema respiratorio», según refiere la investigación publicada en 2018 en la revista científica International Archives of Occupational and Environmental Health.

Según este estudio elaborado en Michigan, las fuentes de emisión de estos VOCs —es decir, los productos que los contienen— son, principalmente, «el esmalte de uñas, el quitaesmalte, las uñas artificiales, los adhesivos para uñas, los pegamentos para uñas artificiales y los endurecedores de uña».

Dicho estudio, además, señala un detalle que también incluye Montoya en el suyo: «Muchas de estas trabajadoras están expuestas a estas sustancias durante más de ocho horas al día». La investigación de Michigan también arroja que «el 60% de las empleadas no usa ningún tipo de protección personal» y que «las trabajadoras migrantes o en situación irregular, que constituyen una amplia proporción, son reacias a expresar preocupación por las condiciones de precariedad en el puesto de trabajo debido a la presión laboral». 

María Nelly usa guantes para trabajar, no tanto por proteger su piel, sino por cuestiones de higiene: «En los cursos de formación insisten mucho en esto por el tema de bacterias e infecciones, pero de problemas por inhalar productos químicos, nada. La mayoría de mis compañeras del otro salón en el que trabajaba se iban casa con dolor de cabeza y mareos, o con ardor en los ojos de la irritación. No te quejas porque asumes que va en tu puesto de trabajo y, total, al día siguiente tienes que volver. Piensas: «Me voy a otro sitio». Pero es que en otro sitio sabes que va a ser igual, por eso yo me puse por mi cuenta», cuenta. 

El nivel de contaminación en el aire en los salones de uñas de Colorado es similar al de una refinería de petróleo.

Tatiana González tiene 32 años y trabaja en un salón de manicura de Móstoles. Supo que los productos que manejaba en su puesto podían ser peligrosos cuando su ginecólogo la alertó durante el embarazo: «Le dije que tenía algunos dolores de cabeza, y que me picaban mucho los ojos y la piel de las manos. Al contarle dónde trabajaba me dijo que me pusiese mascarilla y guantes porque los químicos podían afectar al bebé», explica a Newtral. 

Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), dependiente del Ministerio de Trabajo de España, «algunos componentes de los productos cosméticos pueden influir negativamente en la salud de las trabajadoras embarazadas o en período de lactancia natural, del feto o del niño durante el período de lactancia natural, como son el tolueno y la ciclometicona». Este dato forma parte del documento publicado este 2019 en BASEQUIM, un portal del INSST dedicado a informar sobre aquellas situaciones de trabajo con exposición potencial a agentes químicos peligrosos. 

Esta base de datos incluye los riesgos de trabajar con «productos cosméticos en manicura y pedicura profesionales». Este cuadro resume los principales peligros de trabajar con «quitaesmaltes, esmaltes, bases de esmalte, endurecedores y disolventes de adhesivos», tal y como refiere el portal:

Efectos en la salud por la exposición a agentes químicos con productos de manicura y pedicura profesionales. Fuente: BASEQUIM (INSST)

Fernando Gomollón Bel, químico orgánico y comunicador científico en la Universidad de Cambridge, señala que «la calidad del aire en interiores se ha estudiado muchísimo menos que la calidad del aire en exteriores».

«Si dices ‘contaminación’, piensas en coches, en fábricas o incluso en sitios que están al aire libre. Se nos olvida que gran parte de la contaminación puede estar en casas y locales, es decir, en interiores», explica el químico en conversación con Newtral.

Gomollón Bel apunta que «los compuestos volátiles se evaporan muy rápido», es decir, «pasan fácilmente del estado líquido al estado de vapor, y entran por las vías respiratorias en seguida». Por eso considera relevantes estudios como el de Lupita Montoya, porque supone empezar a «considerar peligrosa un área que en principio no lo parece».

Aunque los estudios de Colorado y Michigan analizan la contaminación en salones de manicura estadounidenses, el químico y divulgador considera que los resultados seguramente son «extrapolables» a otros lugares: «La legislación es diferente en cada país. La normativa europea garantiza que los productos son seguros, pero un análisis en España de este tipo certificaría si el ambiente que respiran las trabajadoras es o no peligroso».

«Es importante investigar sobre los riesgos a los que se exponen estas mujeres porque es la única manera de implementar políticas adecuadas en prevención de riesgos laborales. Por ejemplo, mucha gente podría pensar que una mascarilla común sería suficiente para evitar inhalar estos VOCs, pero no es cierto. Estas mascarillas nos protegen de los sólidos, que es básicamente como llevar un poquito de algodón en la boca. Filtran polvo, partículas… Pero los olores y los vapores no porque son moléculas. Se necesitaría un sistema con filtros de carbón activo para evitar que esos vapores lleguen al sistema respiratorio», añade Gomollón Bel.

El documento de BASEQUIM que alerta de los riesgos de trabajar con productos de manicura y pedicura propone protección ocular, respiratoria y dérmica. Y sugiere que «las empleadas embarazadas o en periodo de lactancia natural no realicen tareas en las que se manipulen productos como ciertos esmaltes y otros que contengan agentes químicos peligrosos como, por ejemplo, tolueno, ciclometicona e hidroquinona».

Profesiones feminizadas y devaluadas

Pilar Goñalons —profesora de Sociología en la Universidad de Pensilvania, especialista en género y cuya línea de investigación trata sobre desigualdad y brecha salarial durante la crisis— explica a Newtral que «hay otras formas, más allá del salario, en que la devaluación de los trabajos femeninos se manifiesta»: «Por ejemplo, cuando no se estudian los posibles problemas de salud derivados de su empleo, como en este caso de las mujeres que hacen la manicura. Otro ejemplo sería el de las Kellys y su lucha para que se reconozcan como enfermedades laborales aquellas afecciones que padecen por mover muebles pesados o limpiar agachadas».

Según Goñalons, «la ciencia ha devaluado el estudio de lo femenino, al igual que el mundo laboral devalúa el trabajo feminizado». «Los estudios de las vidas de las mujeres y de los trabajos asociados a su género se tipifican de subcategoría: no se consideran centrales para responder a preguntas generales sobre el mundo social y sobre la ciencia», opina la socióloga.

Por eso, para la ingeniera medioambiental Lupita Montoya, estar en el ámbito científico es una orden de batalla: «Elegí permanecer en la academia a pesar de todas las trabas y dificultades que he encontrado por venir de donde vengo».

Y lanza una última réplica: «Necesitamos más mujeres implicadas en ciencia porque somos nosotras las que estudiamos lo que nos afecta de manera más efectiva. En general, necesitamos diversidad para identificar y resolver problemas que afectan a las minorías desfavorecidas. Fíjate en la tecnología: lo que más se promociona no tiene nada que ver con las necesidades de la gente pobre, pero sí con las querencias de los privilegiados».

Un salón de manicura y pedicura en un centro comercial.

8 Comentarios

  • Eva soy un claro ejemplo de que los químicos dañan la salud. Estuve 25 años en peluquerías y estéticas, 15 de ellos con escuela propia. Ahora ya no puedo trabajar de nada, apenas puedo salir a la calle y ya no hablemos de sitios públicos donde la gente use perfume, desodorante o cualquier químico que supuestamente es «legal» y se vende en cualquier tienda.
    Mi vida ha dado un vuelco de 360 grados. Y por desgracia no soy la única, hay miles de casos como el mío.
    Busca información sobre asma ocupacional, rinitis alérgica por químicos o sensibilidad química múltiple.
    Abre la mente y sé consciente de que económicamente no les interesa retirar químicos, no están en el mercado porque no sean dañinos, están en el mercado por generar mucho dinero.
    Estoy de acuerdo en que lo centran en inmigrantes y todas las personas que trabajamos con ello estamos expuestas por igual, da igual donde nacieras para inhalar e intoxicarte con los químicos. Todes somos iguales. En vez de tanto odio hacia los «otros» deberíamos centrarnos más en qué podemos hacer para frenar esto, por el bien de todes.
    A la persona que ha escrito el artículo, decirle que no son casos aislados de personas inmigrantes y solo salones de uñas, nos están matando con todos los químicos en alimentación, ropa, muebles, productos de higiene y limpieza, cosméticos… Estamos expuestos a centenares de químicos diariamente y si encima trabajas de algo relacionado con lo anterior, el riesgo de enfermar de algo crónico e incurable es inminente.
    Gracias por hacerlo visible, pero hay que ampliar la noticia.

  • Ojalá el tiempo te de la razón, Eva. Independientemente del partido que votes. Mi padre estuvo más de 30 años trabajando con pintura, esmaltes, quitaesmaltes y demás material. Sin protección. La urologa le dijo que su cáncer era debido a la alta exposición de estos químicos.

    Lo dicho, ojalá no te tengas que acordar de tus palabras de aquí a unos años.

  • ¿Desde cuándo tenemos las personas blancas y heterosexuales reconocidos los derechos? La Constitución dice que se tiene derecho a una vivienda digna y no es así.

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