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Flash Gordon y el género de un pasado presente
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Flash Gordon y el género de un pasado presente

Flash Gordon es uno de los referentes más populares de un género que no se deja caer en el olvido: la ‘pulp fiction’, historias cortas muy llamativas

5 de diciembre de 1980. Llega a los cines la adaptación de Flash Gordon, uno de los cómics americanos más importantes de la primera mitad del siglo XX. La historia versaba sobre tres personas, Flash, Dale Arden y el dr. Zarkov, que acaban viajando al planeta Mongo donde tratarán de evitar que Ming el Despiadado conquiste la Tierra.

El cómic futurista ha sido una de las bases del género, sobre todo en el estilo. La arquitectura de Mongo, sus paisajes y biología marcaron lo que sería, aún 90 años después, el esquema mental que sobre el que se sustenta la ciencia ficción. Pero Flash Gordon pertenecía a un género literario muy particular y que, incluso, se ha tildado de grotesco: pulp – y no, no tiene que ver con Pulp Fiction. No del todo –.

Cortas, al pie y para el pueblo

El género pulp fue el más destacado – en Estados Unidos, pero también en Europa – de la primera mitad del siglo XX. La reducción del analfabetismo abrió un nuevo mercado a las editoras: ahora había mucha más gente interesada, y capaz, en leer. En el siglo XIX, comenzó a popularizarse las dime novels, novelas cortas que costaban 10 centavos (1 dime). Pero con el inicio del nuevo siglo, estas virarían hacia una estructura más “llamativa”.

Pulp es el término inglés que se refiere a la pulpa de madera, un material muy barato para producir un papel amarillento y de muy baja calidad que permitía reducir mucho el precio. De esta manera, las editoriales abrían su oferta a las clases bajas del sistema liberal. Pero, ¿qué es el género pulp, además de un material?

“Literatura para las masas, que se preocupa menos por la calidad estilística o literaria y más por la acción, la narración pura. Y ahí se encuentra desde lo más infecto hasta grandes autores”

De esta manera definía el género Jesús Palacios, crítico y escritor, en un reportaje de El País. La pulp fiction eran historias cortas centradas, casi exclusivamente, en los escenarios y la acción, muy lejos de presentar unos personajes redondos y complejos. El objetivo era entretener a los lectores y no crear grandes historias.

Los personajes, muchas veces arquetipos de la época – era habitual el hombre caucásico fornido o la mujer rubia como reclamo –, en situaciones inverosímiles, fantásticas o tabú. El lenguaje que se utilizaba era sencillo: diálogos y cuadros para hacer avanzar la acción; aunque en muchas ocasiones, este viraba hacia la obscenidad y lo tabú para captar aún más la atención.

Portadas icónicas, personajes históricos

El punto común más importante del género y, seguramente, el más reconocido eran las portadas de las revistas. Las cubiertas trataban de atraer la vista del posible lector con ilustraciones muy coloridas y muy saturadas e imágenes impactantes para, al menos, generar algún sentimiento en el espectador. Mujeres sexualizadas en situaciones de peligro, villanos de apariencia maligna, héroes modélicos de la época…

Tal era su importancia que, en la mayoría de ocasiones, la portada era lo primero en hacerse y luego se encargaba una historia para esa en particular. En la actualidad, hay incluso tiendas especializadas y coleccionistas que mantienen vivas algunas de estas.

Lejos de caer en el olvido, aunque estas historias ya no gozan del éxito que tuvieron en el siglo XX, la pulp fiction tuvo algunas de las firmas más relevantes de la época y fue la cuna de algunos de los personajes más reconocidos de la actualidad. Flash Gordon, por ejemplo, es uno de estos casos. El rubio intergaláctico y sus escenarios no solo han pasado a la historia sci-fi sino que ha servido como esquema mental para el resto de producciones – Star Wars o Battlestar Galactica nacieron como “imitaciones” de Gordon –, pero no es el único.

El Zorro, de Johnston McCulley, hace su primera aparición en All-Story Weekly en 1919, un pulp americano variante del western. El tenebroso Cthullu, de H.P. Lovecraft, hace nace en el número de febrero de 1928 de Weird Tales, una de las revistas pulp más vendidas de la época. O incluso Superman, de Jerry Siegel y Joe Shuster, es también hijo de género: Action Comics #1 de 1938.

Fuentes

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