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La afirmación engañosa sobre el uso de células de fetos abortados para desarrollar la vacuna del COVID-19
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La afirmación engañosa sobre el uso de células de fetos abortados para desarrollar la vacuna del COVID-19

El arzobispo Cañizares expuso durante una misa en la Catedral de Valencia que una de las vacunas contra el COVID-19 se fabrica a base de células de fetos abortados.

ALFREDO SANCHEZ GARZON | CCBY

Circula por las redes sociales un fragmento de la misa dominical (a partir del minuto 55:00) en la Catedral de Valencia oficiada por el arzobispo Antonio Cañizares en la que expuso que se están usando células de fetos abortados para investigar vacunas del COVID-19. A raíz de estas declaraciones se ha generado una polémica y nos habéis preguntado qué hay de cierto en esto.

El arzobispo Antonio Cañizares aseguró que: “El demonio existe, en plena pandemia, intentando lleva a cabo investigaciones para vacunas y para curaciones. Nos encontramos con la dolorosísima noticia de que una de las vacunas se fabrica a base de células de fetos abortados y eso es ir en contra del hombre, eso es despreciar al hombre mismo. Primero se le mata con el aborto y después se le manipula”.

Ya explicamos en este artículo, cómo se desarrolló esta controversia en lugares como Estados Unidos y España al asociarse el desarrollo de nuevas vacunas para combatir el COVID-19 con el uso de fetos abortados. Sin embargo, en realidad no se usan fetos, ni embriones como tal para la creación de medicamentos. Lo que se utiliza en estas posibles futuras vacunas contra el COVID-19 son células derivadas de fetos muy concretos de hace décadas. Debemos dejar claro que una ‘línea celular’ (las derivadas) nos son las células originales. Obviamente, sin las originales, no tendríamos las derivadas. Pero no son lo mismo.

Estamos hablando de células provenientes de un protorriñon y una protorretina, es decir, son células fetales HEK-293, que es un producto derivado de un feto concreto de un aborto legal, en Alemania, producido en 1972. Esto no quiere decir que se hayan abortado fetos para elaborar una vacuna. 

Las células derivadas de este producto se han utilizado desde la década de 1960 para fabricar vacunas, incluidas las actuales contra la rubéola, la varicela, la hepatitis A y el herpes zóster. También se han usado para fabricar medicamentos contra la hemofilia, la artritis reumatoide y la fibrosis quística. 

Comunicado del arzobispado

Tras la polémica, eel arzobispado de Valencia emitió un comunicado en el que se explica que Cañizares hace alusión a este otro artículo de la revista científica Science: “desde el inicio de la pandemia rezo para que se encuentre una vacuna que ayude a curar, incluso a prevenir el COVD-19, como así lo he manifestado recientemente”. También añade en la nota que: “siendo que existen más de 130 líneas de investigación, lo deseable es que se lograra una vacuna y que se produjera sin abrir dilemas éticos por su producción”. 

En  el artículo de Science se plantea el debate que se ha abierto en Estados Unidos y Canadá por la jerarquía católica y por grupos antiaborto sobre la utilización de estas células derivadas de fetos humanos para el desarrollo de vacunas contra el COVID-19. Estos grupos no están presionando para bloquear los fondos del Gobierno americano destinados a estas investigaciones pero si están instando a los sectores financieros y los políticos para garantizar que las empresas farmacéuticas desarrollen otro tipo de vacunas que no dependan de líneas celulares fetales. 

El arzobispo de Winnipeg, Richard Gagnon, escribió al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, una carta el pasado 21 de mayo que instaba al Gobierna a “financiar el desarrollo de vacunas que no creen un dilema ético para muchos canadienses”. La administración Trump restringuió hace un año el uso de tejido fetal humano de abortos selectivos en la investigación biomédica, sin embargo esta política no ha impedido que ninguno de los grupos que están desarrollando posibles futuras vacunas para el COVID-19 usaran líneas celulares fetales de hace décadas como el HEK-293.

Además, ya en el año 2005, la Santa Sede se manifestó al respecto de esta polémica y aceptó que las vacunas realizadas a partir de células derivadas de fetos humanos siempre y cuando no hubiese alternativa del mismo modo que pedía que se fomentasen otras investigaciones. Aquí puedes leer el comunicado completo. 

Fuentes:

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