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Fact-Checking frente a las mentiras
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Fact-Checking frente a las mentiras

El Gobierno aprueba que la universidad sea gratis para los refugiados. En las elecciones andaluzas VOX fue el partido más votado en el barrio de Sevilla de las 3000 viviendas. Torra ha iniciado una huelga de hambre en solidaridad con los presos. Dos de estos tres titulares son mentira. Tener que decidir si creerse o no una información se ha convertido en una obligación repetida cientos de veces al día. Los ciudadanos ya no saben qué pueden creerse y qué no, lo cual preocupa al 69% de los usuarios en España según el Digital News Report 2018 del Reuters Institute.


La proliferación de mentiras y fake news es una realidad innegable porque, si bien es cierto que hay más pluralidad informativa, también más información sin verificar. Hoy, cualquier bulo puede publicarse en Internet y parecer verdad. Y la mayoría de las veces sin que el usuario se dé cuenta. Primer punto a favor de quienes buscan difundir la desinformación.

Aquí va el segundo: además de preocupación, esta realidad genera confusión en los usuarios, a los que cada vez les cuesta más distinguir entre hechos y opiniones. ¿Es una opinión decir que “la democracia es la mejor forma de gobierno”? ¿Y que “el Ejecutivo es casi siempre ineficiente”? ¿Quizá que “los inmigrantes ilegales son un problema para el país”? El Pew Reserch Center puso ante esta misma situación a un grupo de ciudadanos y solo el 26% consiguió señalar de forma correcta todas las declaraciones asentadas en la realidad, frente al 28% que no llegó a acertar ni a la mitad.

Es decir, más noticias, filtros menos fiables y -tercera ventaja para los ‘propagabulos’- mayor facilidad en la distribución masiva de contenidos. Porque el retuit no entiende de veracidad, al contrario, investigadores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) han calculado que, en Twitter, las fake news se viralizan seis veces más rápido que las noticias reales.

Difusores de desinformación

El usuario nunca había estado tan expuesto a las mentiras como ahora y quienes las difunden lo saben. Conocen el funcionamiento de las redes sociales y explotan todas sus narrativas: eligen las imágenes como formato porque han constatado que se difunden más rápido, apelan a las emociones pues constituyen la vía más rápida para inhibir a la razón y elaboran sus contenidos conforme a la actualidad para intentar resultar más creíbles.

Todo ello movido, generalmente, por dos tipos de intereses: económicos o ideológicos. En la actualidad generar bulos o hacerse eco de las declaraciones falsas de alguien puede convertirse en una provechosa fuente de ingresos. Y si no, que se lo pregunten a los jóvenes de Veles (Macedonia) que ganaron miles de euros produciendo fake news favorables a Trump durante la campaña electoral de 2016.

Del otro motivo, –el ideológico-, somos testigos en el día a día en los grupos de WhatsApp de la familia, los compañeros de trabajo o los amigos del colegio. Estas conversaciones se han convertido a menudo en un torrente de enlaces, pantallazos y supuestas alertas en contra de un político u otro. Acusaciones que, en muchos casos, resultan ser falsas y que convierten al que las envía en cómplice involuntario de quienes buscan generar odio y crispación en la sociedad.

El fact-checking como antídoto

En Newtral luchamos contra todo ello a través del fact-checking y el debunking, basados en la verificación periodística de los hechos. La primera disciplina se centra en los discursos de los políticos: los mítines, las entrevistas, las comparecencias y la comprobación de cada una de sus afirmaciones. La segunda combate las fake news: los difundidos que llegan por WhatsApp, un titular sospechoso o la imagen que se viraliza en Facebook.

En ambos casos realizamos la exhaustiva metodología de verificación que siguen todos los miembros de la International Fact-Checking Network (IFCN) de la que formamos parte. Una vez detectamos el hecho a analizar, se comprueba con expertos o fuentes oficiales (informes, estadísticas, archivos…) y contactamos con el autor de la declaración para conocer su versión. Cuando el proceso ha terminado, la verificación pasa el filtro de dos miembros más del equipo  para evitar cualquier error.

El Objetivo-Newtral introdujimos esta forma de hacer periodismo en España en junio de 2013 y, cinco años después, sigue siendo el único programa que hace fact-checking en directo en la televisión. Y no solo eso, desde entonces hemos trasladado la verificación a todos los ámbitos que los usuarios utilizan para informarse: la web, las redes sociales y, desde hace unos meses, Whatsapp. La razón es sencilla, hay que ponérselo fácil a quienes dudan de la frase de un político o se encuentran con un posible bulo, estar en permanente contacto con ellos para llevarles el dato correcto lo antes posible.

Tecnología al servicio del periodismo

En esta carrera contra la desinformación es indispensable contar con la innovación para automatizar y agilizar el proceso de detección de mentiras y difusión de desmentidos. En Newtral llevamos meses trabajando en ello, haciendo un importante esfuerzo en investigación. Mientras, intentamos estar en todas las plataformas y explotar al máximo sus posibilidades.

En estos momentos este es el fin último de la verificación: poner la tecnología al servicio del periodismo para, con datos, advertir a los ciudadanos de las mentiras de sus políticos y de las fake news. Tal y como explica Cristina Tardáguila, una de las mayores expertas de fact-checking del mundo, “el trabajo del verificador no es cambiar el voto de nadie, sino llevar al ciudadano el dato correcto. Lo que haga la gente con esa cifra es un problema suyo”.

Es indudable que las redes sociales han revolucionado el ejercicio del periodismo. La inmediatez, la ubicuidad, el goteo constante de contenidos y la viralidad han eliminado cualquier barrera entre la información y el usuario. El papel mediador del periodista se ha vuelto logísticamente prescindible, pero socialmente más necesario que nunca como se está demostrando. La verificación digital es hoy un servicio público indispensable, porque frente a las suposiciones solo caben los datos. Contra la manipulación, los hechos. Y ante las mentiras, el fact-checking.

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