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Exámenes en confinamiento: tecnología para el control
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Exámenes en confinamiento: tecnología para el control

Vigilancia remota, exámenes orales o reconocimiento facial son algunos de los métodos desarrollados desde las universidades para cerrar un curso atípico

Llega el final de curso y con él los exámenes, las notas y el momento de evaluar lo aprendido durante el año académico. Sin embargo, el periodo de confinamiento como consecuencia del COVID-19 ha obligado a las universidades y otros centros educativos a cambiar el papel por la pantalla, el bolígrafo por el teclado y la vigilancia del profesor por la cámara del ordenador, y todo ello en tiempo récord. 

Ante la situación excepcional las distintas instituciones académicas han tenido que tomar medidas para que el desarrollo de sus actividades se vea alterado lo menos posible. Para ello, desde cada centro se han escogido diferentes métodos con dos objetivos fundamentales: que el alumno a la hora de su evaluación tenga las mismas garantías que ofrecían los exámenes presenciales y que los docentes puedan tener la seguridad de que detrás de la pantalla la persona no está copiando o realizando acciones que, en su contexto habitual, no estarían permitidas.

Evaluación continua y exámenes por videoconferencia

En conversaciones con Newtral.es, Ángel Luis Rubio Moraga, vicedecano de Estudios y Calidad de la Universidad Complutense de Madrid, destaca que el propio tamaño de esta universidad pública ha sido un factor determinante a la hora de establecer los métodos de evaluación. Explica que en muchos centros se ha optado por la evaluación continua, es decir, no tener que llegar al examen final, sino que sea toda la actividad desarrollada durante el curso lo que el profesor evalúe a la hora de calificar la asignatura.

No obstante, refiere: «Los que hemos preferido hacer una prueba final hemos recurrido a distintos métodos siendo el mayoritario la herramienta de “cuestionarios” de Moodle; otros, aunque en menor medida, han optado por exámenes orales a través de Collaborate, que es la plataforma de videoconferencia que tenemos en el campus virtual, y otros han optado por herramientas externas como pueden ser Zoom o Google Meet».

Este tipo de aplicaciones permiten realizar reuniones por videoconferencia con cientos de participantes y son utilizadas por empresas, grupos de trabajo y diversas instituciones académicas. También cuentan con algunas funcionalidades como la posibilidad de compartir la pantalla para iniciar una presentación, enviar archivos o recibir llamadas.

En este caso, el profesorado ha gozado de cierta libertad a la hora de escoger el método de evaluación más oportuno, siempre tomando como referencia la Guía Docente de cada asignatura para hacerlo acorde a los criterios establecidos y cumplir con los objetivos propuestos. «De este modo, cada profesor ha decidido qué herramientas utilizar en función de sus competencias y de lo que quería también obtener por parte del alumno», señala Rubio.

Además, añade que esta situación ha obligado a los docentes a conocer y aprender de forma muy rápida el manejo de algunas herramientas que hace apenas unas semanas desconocían y ahora las utilizan a diario: «El hecho de ver ese potencial que tenemos en el campus virtual y a través de las herramientas online es algo que beneficia mucho y complementa la docencia, y estoy convencido de que muchos bien porque lo exigen las circunstancias, o bien porque realmente lo vean como tal, van a seguir haciendo uso de las tecnologías».

Identidad y autoría, ¿cómo evitar que se copie?

Una de las principales preocupaciones que se ha dado entre los docentes ha sido la cuestión de la identidad del examinado que se encuentra detrás de la pantalla. En el caso de la Universitat Autònoma de Barcelona se ha optado por evitar herramientas de proctoring, es decir, de sistemas biométricos o de reconocimiento facial. Desde el propio centro señalan que no hay herramientas fiables que impidan falsear los controles: «Utilizarlas supone un tratamiento de datos excesivo y desproporcionado desde el punto de vista del RGPD (Reglamento General de Protección de Datos). Es preferible encontrar medios indirectos con el fin de garantizar la identidad, como la entrega de la prueba manuscrita, la reunión virtual con un grupo aleatorio de examinandos una vez acabada la prueba, etc.». 

En este sentido, explican que se tiene que evitar cualquier invasión de la intimidad de los estudiantes, por lo que la vigilancia durante el examen no se puede mantener como si se tratara de un examen presencial, pudiendo grabar unos minutos al comienzo y al final de la prueba para garantizar la identidad del usuario. Para una mayor seguridad, desde la UAB han recomendado a sus docentes el diseño de pruebas que no consistan exclusivamente en la memorización de datos, que permitan la consulta de materiales, mediante formularios o exámenes orales, siendo este último el único caso en el que se puede grabar la prueba completa.

No obstante, destacan la importancia de la evaluación continua: «Siempre es preferible, y todavía más en el contexto actual, mantener la evaluación continua de los resultados de aprendizaje definidos para cada asignatura mediante la realización de tareas y actividades a lo largo de todo el periodo que, además, en muchas ocasiones ya se hacían de manera asíncrona y no presencial».

Del ‘tele-estudio’ al ‘tele-control’

Una de las soluciones que han planteado universidades como el CEU San Pablo ha sido el uso de Respondus LockDown Browser, un navegador que permite la realización de exámenes online impidiendo que el estudiante pueda acceder a cualquier contenido que no sea el propio examen. De este modo, se utilizan herramientas de vigilancia y monitorización remota que permiten que el examen quede grabado con imagen y audio.

Para ello, previamente a la realización de la prueba el alumno tiene que descargarse el programa, por lo que esta forma de examinar requiere de una aceptación y autorización expresa por su parte. Para confirmar las funcionalidades de las herramientas de vigilancia remota el estudiante deberá dar algunos pasos antes de la realización del examen como grabar un vídeo con audio de cinco segundos, hacerse una fotografía del rostro, mostrar a la cámara un documento de identificación, grabar el área de trabajo donde se va a llevar a cabo la actividad y un breve proceso de detección facial. Así se lleva a cabo un completo proceso de identificación del estudiante a fin de evitar la suplantación de identidad.

Desde Newtral.es nos hemos puesto en contacto con Ignacio Blanco, profesor titular de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo, quien destaca algunas ventajas de esta herramienta como la deslocalización y ubicuidad que permite este sistema para hacer pruebas de conocimiento: «En una situación como la que hemos vivido de confinamiento es una herramienta que nos ha permitido seguir con nuestra actividad sin tener que alterarla. Es una herramienta bastante versátil que permite adaptar el tipo de examen a las necesidades de cada asignatura: de tipo test, de preguntas cortas, de preguntas de desarrollo, de relación de conceptos, de comentar imágenes o vídeos…». Además, señala que este tipo de herramientas han permitido continuar con la labor docente de los profesores prácticamente desde el primer día de confinamiento.

Blanco incide en la tranquilidad que ofrece este sistema a ese respecto, ya que cuando el examen finaliza el profesor accede a un informe generado por el propio programa con las incidencias que se han producido durante la realización del mismo: «Estas incidencias pueden ser que el alumno haya desaparecido del campo de grabación de la cámara, que ha entrado alguien en la habitación, que se ha registrado otro dispositivo, que hay conversación en la sala… Y te notifica el minuto y segundo en el que se ha producido determinada incidencia para que tú puedas ver lo que ha ocurrido y valorarlo». Además, por parte de los profesores se ha creado un espacio que han denominado Aula abierta donde se han organizado más de 50 sesiones formativas con el respaldo de un equipo técnico. 

Explica que en el caso del CEU San Pablo y Cardenal Herrera, los datos de aceptación de este método entre el alumnado han sido del 97%. «Los casos en los que no lo han aceptado estaban principalmente vinculados a la obsolescencia de algunos equipos, y aunque las incidencias que hemos recibido han sido excepcionales, se ha dado la posibilidad de hacer exámenes alternativos para aquellas personas que no han podido utilizar este sistema, por ejemplo con exámenes orales», destaca Blanco.

Desde los centros educativos coinciden en que tanto la predisposición del profesorado como la comprensión y esfuerzo por parte de los estudiantes han contribuido positivamente. No obstante, de cara al futuro se plantea una apuesta clara por la presencialidad siempre y cuando las circunstancias lo permitan. 

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