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El relato y el coste de la abstención
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El relato y el coste de la abstención

La participación electoral es decisiva de cara a las elecciones del 10 de noviembre, después de cinco meses de bloqueo político y de la probada incapacidad de los políticos para ponerse de acuerdo.

Imagen del recuento de las elecciones del 28A | EFE

La última ronda de contactos del Rey con los partidos no logró desatascar cinco meses de bloqueo político. De manera que se concretó el escenario más denostado públicamente por la mayoría de partidos: la repetición de las elecciones del próximo 10 de noviembre. Las cuartas elecciones en cuatro años se celebrarán tan solo seis meses y once días después de la cita del 28 de abril. Los sondeos publicados antes de que se anunciara la nueva convocatoria (después, hasta el momento, no ha habido datos nuevos) no prevén grandes cambios en la gobernabilidad, salvo por ligeros matices entre partidos. 

El mayor temor en estas nuevas elecciones es la baja participación prevista, consecuencia de la desafección de los ciudadanos por la incapacidad de los partidos para lograr un acuerdo demostrada en la investidura fallida de julio y la ronda de septiembre. En el avance de resultados del estudio postelectoral de las autonómicas publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el pasado 12 de septiembre, efectuado entre junio y julio, ya planteaba que la desconfianza y el aburrimiento como los primeros sentimientos que suscita la política. La irritación entra en juego como el segundo más mayoritario.

¿Por qué es importante?

Expertos en demoscopia como el presidente de GAD3, Narciso Michavila, cifran en un millón y medio de electores aquellos que votaron en abril y no tendrían intención de acudir de nuevo en noviembre a las urnas.“Una abstención además muy repartida en todo el territorio y entre los bloques políticos”, añadía en laSexta

El precedente directo de la situación que se vivirá el 10 de noviembre son las elecciones del 26 de junio de 2016, como recordaba Newtral en este repaso de la participación electoral en España. También se trató de una repetición electoral en la que se registró un descenso participación de diciembre de 2015 (69,67%) a junio de 2016 (66,48%).

¿Cuál es el contexto?

La precampaña ya está en marcha, con los partidos volcados en proyectar su versión de los hechos y culpar al adversario del destino fatal de la repetición electoral. En este contexto, también trabajan para detectar los grandes nichos de indecisos, que según indicaban fuentes de los distintos partidos a El Mundo, tiene un gran caladero en dos millones de votantes de Ciudadanos que no tienen claro si volverán a apoyar a los naranjas, sumidos desde julio en una división interna ante el giro a la derecha de la cúpula. Así, el PSOE y el PP estarían detrás de este grupo.

Un análisis del portal Electocracia de los datos electorales desde 1996 arroja una serie de conclusiones que pueden dar ciertas pistas, dentro de la dificultad que entraña el escenario inédito de 2019. Según este análisis, a mayor participación, mejores serán los resultados de la izquierda, como sucedió en abril de 2019 ante el discurso de la amenaza de Vox. En momentos de baja movilización, gana el centro-derecha, y el ejemplo son los comicios de los años 2000, 2011 y 2016. Esto ocurre, explican, porque “el electorado de izquierda es mucho más abstencionista”. Otro fenómeno que recogen las encuestas y los expertos en demoscopia es el fortalecimiento del bipartidismo. Así lo expuso Rosa Díaz, la directora general de Sigma Dos, en Cope, que añadió que en fuerzas como Ciudadanos se observaba una mayor fuga de votos. 

¿Qué hay que tener en cuenta?

La campaña que viene será algo atípica. Una característica clara será la austeridad, dados los gastos que ya comprometen el saldo de la XIII legislatura, que ascendió a 23,8 millones según los cálculos de Newtral, y la repetición de las generales, con un presupuesto inicial de 140 millones de euros. Además, será más corta. La campaña se extenderá entre los próximos días 1 y 8 de noviembre y el tiempo gratuito de propaganda electoral en cada medio de comunicación público se reducirá a la mitad. Estas serán las consecuencias de la reforma legislativa que acordaron los partidos en 2016 en casos de repetición electoral, un cambio en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg) que permitió que las elecciones no se celebraran el 25 de diciembre de 2016, como forzaba el calendario.

#Fact 

En España hay dos antecedentes de una repetición electoral: el de las ya mencionadas de diciembre de 2016 y las de la Comunidad de Madrid en 2003, tras el escándalo del ‘Tamayazo’. En 2016, la participación se redujo del 69,67% en diciembre de 2015 al 66,48% en junio de 2016, un total de 3,19 puntos porcentuales. Y en el ‘Tamayazo’, cayó casi el doble, hasta los 6,69 puntos, del 69,27% al 62,58%.

¿Qué fue el ‘Tamayazo’? Las elecciones autonómicas de mayo de 2003 dejaron un apretado resultado en la Comunidad de Madrid que habría permitido a la suma de fuerzas progresistas arrebatarle la presidencia al PP, si no fuera porque hubo dos inesperadas ausencias en el pleno de votación: los tránsfugas socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez. No hubo acuerdo en ninguno de los bloques, lo que obligó a disolver las cortes y convocar a las urnas cinco meses después.


¿Será la participación del 10N menor que en la repetición electoral de 2016?
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