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El épico atraco al tren del Glasgow que fue frustrado por un tablero de Monopoly
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El épico atraco al tren del Glasgow que fue frustrado por un tablero de Monopoly

El tren postal Glasgow-Londres trasladaba a la capital envíos certificados que contenían en su mayoría dinero en efectivo. Una banda de quince ladrones se llevó el equivalente actual de 54 millones de euros.

8 de agosto de 1963. El tren postal de Glasgow parte hacia la estación de Euston, en Londres, donde finaliza su recorrido. A las 3 de la madrugada, y a tan solo 65 kilómetros de la capital inglesa, un semáforo en rojo hace que el convoy se detenga. En apenas unos minutos desaparecieron 2,6 millones de libras de la época, unos 54 millones de euros de hoy en día.

El golpe se le ocurrió a Bruce Reynolds. El joven de 31 años se crió al sudeste de Londres, en el seno de una familia humilde. Con 14 años Reynolds se convertiría en mensajero, mientras pasaba los fines de semana corriendo en un club ciclista. En aquel ambiente conoció a un hombre que se hacía llamar Cobby, y que le metería en el mundo del crimen.

Comenzó robando en tiendas y pequeñas empresas, pero con el paso de los años, los atracos se fueron poniendo serios (como también lo hacían las penas que cumplía). Tras un decepcionante asalto a una furgoneta de seguridad en el aeropuerto de Heathrow, Reynolds y su banda comenzaron a preparar la que sería su “capilla sixtina”, como él mismo llamaría posteriormente al atraco.

El tren postal de Glasgow

La banda desconocía que estos trenes viajaban cada día cargados de dinero. Uno de los ladrones, Gordon Goody, reconocería a The Guardian en 2014 que recibieron el soplo de Patrick McKenna, un trabajador postal que, además, les recomendó la fecha perfecta para el robo: la madrugada del 7 al 8 de agosto. El día anterior había sido festivo en Escocia, por lo que el botín iba a ser mayor. En cualquier otra fecha se hubieran encontrado con una cifra cercana a 300.000 libras. El tren cargaba nueve veces esa cantidad.

Goody era amigo de Reynolds, y su número dos. Junto a otros dos conocidos formaron la ‘banda del Sudoeste’ pero, para este golpe, cuatro personas no eran suficientes. A ellos se unirían antiguos colaboradores y otra banda con experiencia en este tipo de asaltos: The South Coast Riders. Juntos formaron un equipo de quince personas.

El grupo sabía que el tren postal salía de la estación central de Glasgow a las 18:50h., y que su llegada estaba prevista a las 03:59h. a la estación de Euston, en Londres. La banda decidió que el momento idóneo era tras la última parada del tren: a mayor carga, más grande sería el botín. El convoy constaba de 12 vagones y en el viajaban 72 trabajadores de la Royal Mail. El vagón que interesaba a los ladrones era el segundo tras la locomotora. Era el que contenía los sacos llenos de envíos certificados.

La cuadrilla decidió que la localización idónea para el asalto sería el puente Bridego, en una zona rural al norte de Londres. Era un lugar perfecto para cargar los coches con los que huirían después, y que estaba a tan solo 800 metros del lugar en el que planeaban detener el tren.

La noche del asalto

El grupo de quince ladrones se trasladó al que sería su cuartel general, una granja alquilada cerca del puente. La madrugada del 7 al 8 de agosto se trasladaron, totalmente desarmados, al lugar en el que se produjo el asalto. Una vez en las vías, manipularon un semáforo para que mostrara luz roja. El truco fue tan simple como retirar la bombilla de la luz verde y encender la roja conectándola a una batería. El maquinista, al ver la señal falsa, detuvo el tren.

El ayudante del conductor descendió de la locomotora para dirigirse a un teléfono situado en un poste cercano y comunicarse con el responsable de circulación, pero descubrió que alguien había cortado los cables. No le dio tiempo a reaccionar, los ladrones le atacaron antes de que pudiera avisar de que algo pasaba.

Un pequeño grupo se encargó de desacoplar los dos primeros vagones. Los trabajadores de la Royal Mail que se encontraban en el resto del tren no sabían por qué se había detenido el convoy, ni podían ver o enterarse de nada. Mientras tanto, otros miembros de la banda accedieron a la locomotora. Uno de ellos golpeó al maquinista en la cabeza con una barra de hierro para obligarle a hacer circular el tren hasta el puente. Allí esperaba el resto de la cuadrilla. Asaltaron el vagón del dinero. Los pocos trabajadores que se encontraban allí, asustados, no opusieron resistencia.

No había guardas de seguridad ni policía custodiando el botín. Los ladrones hicieron una cadena humana desde el vagón hasta los vehículos y, en tan solo veinte minutos, se habían hecho con 120 sacos de dinero. Antes de irse, amenazaron a los trabajadores ordenándoles que no dieran aviso a la policía hasta, al menos, 30 minutos después de marcharse. Esta sería la primera pista que le dejarían a los investigadores.

Un bote de kétchup y un tablero de Monopoly

Los agentes comenzaron a sospechar que el piso franco se encontraba a media hora del lugar del robo, lo que les sirvió para trazar un radio de búsqueda de 48 kilómetros. Según relata la Policía de Transporte Británica, la banda pensaba pasar un par de semanas escondida en la granja, pero acabaron por repartirse el botín y marcharse a los pocos días.

Un vecino, que había comenzado a sospechar de sus idas y venidas, alertó a la policía. Para cuando se presentaron los agentes, allí solo quedaban restos de comida, sacos vacíos y un tablero de Monopoly donde encontraron huellas. Otras aparecerían en un bote de kétchup.

Pese a la épica del golpe, el fracaso fue mayúsculo. Casi toda la banda fue identificada y detenida ese mismo año. Uno de los ladrones, Ronnie Biggs, consiguió fugarse en 1965 y se convirtió rápidamente en una estrella mediática. En 2001, desde su exilio en Brasil, relató a The Sun su deseo de volver a Reino Unido. Se entregó voluntariamente y cumplió ocho años de cárcel.

Bruce Reynolds no corrió tanta suerte, aunque consiguió pasar cinco años escondido con su familia entre México y Canadá, finalmente se quedó sin dinero y tuvo que regresar a Reino Unido. En realidad, la cantidad que habían robado no era tan alta, considerando que tuvo que repartirse entre quince personas. La policía identificaría y arrestaría a Reynolds en 1968. Cumplió diez años de los treinta a los que había sido condenado.

 

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