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«Efecto acumulación» en violencia machista: ¿en verano son asesinadas más mujeres?
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«Efecto acumulación» en violencia machista: ¿en verano son asesinadas más mujeres?

En julio, 9 mujeres han sido asesinadas a manos de un hombre —la peor cifra del año—. Y agosto comienza con un nuevo feminicidio. Analizamos los datos de crímenes machistas —de 2007 a 2017—, así como los factores estudiados hasta el momento que pueden incrementar el riesgo de que una mujer sea asesinada.

Un calendario, por definición, tan solo es una sucesión de días. Pero un calendario bien podría reinterpretarse como el transcurso de una violencia que no cesa. Una sucesión no de días, sino de las mujeres que faltan.

En julio de 2019 han sido asesinadas 9 mujeres a manos de sus parejas o exparejas; y en agosto, ha habido un nuevo caso, el de una joven de 21 años asesinada por su expareja y sobre el que constaban denuncias previas por malos tratos. Ya son 38 mujeres asesinadas en lo que va de año, y 1.013 desde que se contabilizan las víctimas mortales (2003), según datos de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género.

En lo que llevamos de año, julio ha sido el mes en el que más agresores han cometido crímenes machistas; el siguiente sería enero con 8 mujeres asesinadas, según datos oficiales. Además, en julio se ha producido un clúster, también llamado «efecto concentración» o «de acumulación» porque se concatenan varios asesinatos en pocos días. Se habla de «agrupación de feminicidios» cuando se cometen entre 3 y 5 crímenes en un periodo corto —de 2 a 5 días—, tal y como confirma Juan José López-Ossorio, psicólogo especializado en metodología y parte de un equipo del Ministerio del Interior que hace una supervisión pormenorizada de cada víctima mortal por violencia de género.

Así, en este mes que acaba de terminar, de las 9 mujeres asesinadas, 3 lo han sido en un periodo de 4 días (entre el 21 y el 24 de julio). A esto habría que sumarle el caso de Cristian, un niño de 11 años asesinado por su progenitor el 25 de julio. Estos crímenes se conocen como «violencia vicaria» —cuando el agresor utiliza a los menores para infligir daño a la madre—.

Casos como el de Cristian —que sería el segundo de esta índole en 2019— son contabilizados en las cifras oficiales de víctimas de violencia de género porque están directamente vinculados a este grave problema de salud pública, tal y como se refleja en el informe «Menores víctimas mortales en casos de violencia de género contra su madre en España» del Ministerio de Igualdad.

Es por todo esto que la población podría percibir que julio de 2019 ha sido un mes especialmente duro en materia de violencia machista —según las cifras—. Y, de hecho, existe la creencia de que el verano es una época en la que se producen más feminicidios.

¿Es así realmente? No del todo.

El pasado junio, un equipo multidisciplinar perteneciente al Ministerio del Interior —y formado por profesionales de disciplinas como Matemáticas, Estadística y Psicología— publicó en Plos One un estudio sobre el «efecto contagio» en violencia de género —también conocido como «efecto llamada» o «de imitación». Esta hipótesis, que propone que tras la aparición de un asesinato machista en un medio de comunicación —especialmente en televisión— podría aumentar el riesgo de que haya otros a continuación, nunca se ha podido probar.

La investigación apunta que no es posible afirmar que el efecto sea cero, pero sí concluye que no hay relevancia estadística y que, por tanto, «no hay evidencia que apoye la necesidad de censurar la cobertura mediática sobre feminicidios». Es importante tener en cuenta que los autores se refieren al mero hecho de cubrir la información sobre un asesinato machista, y no a cómo se informa y al lenguaje que se emplea.

Los resultados son similares a las conclusiones de este otro estudio: «Feminicidios de género: Evolución real del fenómeno, el suicidio del agresor y la incidencia del tratamiento mediático» (2011), a cargo de Javier Fernández Teruelo, catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Oviedo, y Emilio Torres Manzanera, profesor de Estadística en la misma universidad.

La hipótesis de partida de esta investigación era averiguar si ciertos agresores «ejecutan o aceleran la ejecución de un feminicidio al tener conocimiento por los medios de comunicación de que otros, en una situación similar a la suya, lo han llevado a cabo». Tras elaborar un modelo estadístico con datos recabados entre enero de 2005 y abril de 2010, encontraron que sus resultados no avalaban en absoluto el efecto contagio.

En lo que sí incide el catedrático Javier Fernández Teruelo es en la ineficacia del sistema de protección de las mujeres en riesgo, como apunta en su publicación «Diagnóstico del sistema de protección y propuestas de intervención para la predicción y prevención de feminicidios en contexto de pareja o expareja» (2017):

«Pese a todas las medidas adoptadas frente a la violencia de género, el número anual de feminicidios de pareja no se ha reducido de forma significativa en España. En tal sentido, se constata la evidente ineficacia de la amenaza penal frente a los autores del hecho. Del mismo modo, se constata el papel de la decisión de ruptura de la relación como factor del máximo riesgo y la escasa eficacia de los sistemas policiales de predicción de feminicidios. Por último, se analiza el escaso sentido que tiene hacer depender el funcionamiento del sistema de protección de la previa presentación de denuncia, cuando en la práctica el porcentaje de denuncias es muy reducido».

Próximamente está previsto que se publique otro estudio sobre la posible existencia del efecto contagio en violencia de género a cargo de un grupo de científicas del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). La investigación fue encargada por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género pues es un compromiso recogido en el Pacto de Estado.

¿Qué sabemos según los datos?

El estudio elaborado por el grupo de investigación del Ministerio del Interior se ha llevado a cabo con los datos desagregados por día, mes y año de los asesinatos cometidos entre 2007 y 2017 —un total de 655 casos—. Esta base de datos ha sido liberada y cualquiera puede consultarla [descárgate la base de datos en Excel aquí].

Según las cifras, julio es el mes que más asesinatos machistas acumula en cómputo global: 64 en total, seguido de enero y mayo, que suman 58 cada uno. El mes que menos suma es abril con 45 crímenes.

Sin embargo, el peor mes de la década estudiada es diciembre de 2008, en el que se produjeron 11 feminicidios. Si analizamos el peor mes de cada año, vemos que no habría una tendencia, ya que son muy dispares:

  • 2007: junio con 10 mujeres asesinadas
  • 2008: diciembre con 11 mujeres asesinadas
  • 2009 mayo con 9 mujeres asesinadas
  • 2010: julio con 10 mujeres asesinadas
  • 2011: enero, mayo y julio con 8 mujeres asesinadas cada uno de esos meses
  • 2012: junio con 10 mujeres asesinadas
  • 2013: marzo con 9 mujeres asesinadas
  • 2014: marzo y agosto con 8 mujeres asesinadas cada uno de esos meses
  • 2015: diciembre con 10 mujeres asesinadas
  • 2016: enero con 8 mujeres asesinadas
  • 2017: febrero con 9 mujeres asesinadas

¿Y qué hay de las concentraciones? Según los datos analizados sobre la distribución temporal, entre 2007 y 2017 se han producido 62 concentraciones. Es decir, de 3 a 5 feminicidios cometidos en periodos cortos de tiempo (de 2 a 5 días). Los meses con más agrupaciones de asesinatos machistas en cómputo global son julio y mayo con 9 clústeres, y diciembre con 7. Es decir, que de los 655 crímenes machistas cometidos en esos 11 años, 206 de ellos (31,5%) se han cometido en cortos periodos de tiempo (en un mismo día, días consecutivos o con tan solo un día entre un asesinato y otro).

En conclusión, julio y mayo son los meses que más crímenes machistas suman, y son, a su vez, aquellos en los que se producen más concentraciones. Los meses en los que hay menos efecto acumulación —3 agrupaciones— son enero, febrero, abril, octubre y noviembre.

¿Hay una explicación concreta a estos datos? La realidad es que no. A la hora de analizar un problema tan complejo, no hay una sola causa que explique que haya meses peores que otros. Y, de hecho, como alertan los autores del estudio, no se puede extraer un patrón temporal.

¿Por qué es útil saber esto?

Según el estudio elaborado por el equipo del Ministerio del Interior, descartar ciertas hipótesis —en este caso, la del efecto contagio— sirve para pensar en otras posibles causas que sí podrían influir en la concentración de asesinatos: «La investigación debe continuar para buscar posibles patrones y factores que ayuden a predecir y prevenir la violencia de género». Es decir, aunque sería aventurado establecer un patrón temporal, estudiar las distribuciones temporales puede ser útil para pensar en otras variables que influyan en el incremento del riesgo.

Para este estudio en concreto, sus autores no solo han desarrollado un modelo estadístico que les ha permitido descartar un efecto de imitación por parte de los agresores, sino que han entrevistado a 100 de ellos: «Una de las muchas preguntas era si el hecho de haber visto delitos de asesinato a mujeres en los medios les había influenciado. Ninguno respondió afirmativamente. Este hecho es consistente con la forma de matar y las consiguientes reacciones: la mayoría de asesinatos no eran planificados; el 22% de los asesinos se suicidó después; el 13,3% intentó suicidarse; el 22,7% huyó e intentó esconderse sin éxito; y el 42% restante se rindió sin oponer resistencia», señala el informe.

¿Qué factores incrementan el riesgo de violencia en un periodo de tiempo determinado?

Hay varios: periodos vacacionales, fines de semana, olas de calor y divorcios (o rupturas). Esto no significa que sean los únicos, sino que son aquellos que más se han estudiado. De hecho, nunca deben interpretarse como causas —ya que esta, como explican las expertas, es la desigualdad de género—, sino como factores de riesgo.

Olas de calor: Belén Sanz Barbero, epidemióloga del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y cuya línea principal de investigación es la prevención de la violencia de género, elaboró el estudio que relaciona el aumento de los feminicidios con las olas de calor (Heat wave and the risk of intimate partner violence; Science of the Total Environment, 2018). Las autoras analizaron los asesinatos machistas cometidos entre los meses de mayo y septiembre desde 2008 hasta 2016 en la Comunidad de Madrid. Concluyeron que «tres días después de que se produzca una ola de calor en Madrid, el riesgo de feminicidio aumenta un 40%».

Las autoras señalaban que este factor no es causal, pero es útil para poner en marcha determinados protocolos: «Si el aumento de temperatura puede ser un estresor que incida en el aumento de violencia, y las olas de calor se pueden predecir, esta podría ser una variable importante a la hora de implementar ciertos recursos. También se podría incluir esta variable en los protocolos de valoración policial de riesgo».

Fines de semana: Belén Sanz Barbero también participó en la elaboración del estudio temporal de las llamadas al 016 y de las denuncias por violencia de género (Intimate partner violence in Madrid: a time series analysis 2008-2016; Annals of Epidemiology, 2018). Observaron que «había un incremento significativo de las denuncias a la Policía durante los fines de semana». En cuanto a las llamadas al 016, estas «aumentaban los lunes y martes y disminuían los fines de semana».

La interpretación que le daban es que «ante una situación de emergencia que puede darse precisamente en fin de semana porque se produce más convivencia, se acude a denunciar». Una situación de violencia ante la cual la mujer pide salida demandando protección a través de las fuerzas de seguridad. «Mientras que el uso del 016, que en cierto modo funciona como teléfono de información, aumenta una vez ha pasado el fin de semana, cuando la mujer puede tener más espacio o más intimidad para llamar».

Según la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, otros factores de riesgo relevantes serían «el divorcio, la separación o que la mujer rehaga su vida». «Hay que tener en cuenta que el único factor determinante en violencia de género es el machismo. Erradicar la violencia contra las mujeres pasa necesariamente por acabar con la causa que la origina, y es ahí donde tenemos que centrar la acción del Gobierno, aunque todos aquellos estudios encaminados a tener un mejor diagnóstico y conocimiento de la violencia de género resultan de interés para poder realizar un abordaje integral», explican desde la Delegación a Newtral.

La investigación publicada en Plos One por el equipo del Ministerio del Interior señala que «la cifra de feminicidios ha disminuido desde 2011», pero reconocen que tampoco este descenso se puede explicar con una sola causa —por ejemplo, un efecto positivo de la Ley 1/2004 contra la violencia de género—.

Laura Otero es profesora e investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Uno de sus objetos de estudio es el impacto de la crisis económica en la salud de la población y en la violencia de género. Es autora de la investigación «A qualitative study on primary health care responses to intimate partner violence during the economic crisis in Spain; 2018» sobre cómo el profesional sanitario de atención primaria percibe el impacto de la crisis económica a la hora de detectar casos de violencia de género: «Muchas mujeres no acuden a los servicios de atención primaria por la violencia que sufren, sino por los problemas que se derivan de esa violencia, ya que su salud física se deteriora. Es ahí cuando se abre una oportunidad para que el personal sanitario pueda detectar casos de violencia de género. Si recortas estos servicios, la prevención también se reduce, lo cual tiene un impacto negativo en la prevención de esta lacra», explica la investigadora en conversación a Newtral.

Una de las conclusiones que se extrae del estudio es que el Real Decreto-ley 16/2012, que excluía de la sanidad pública a las personas migrantes en situación irregular, «fue una barrera para dar respuesta a este problema». «Fue una política de salud que iba contra la salud pública», apunta Laura Otero.

«Sabemos que esta es una forma ideal de detección de violencia. Si se les quita esta oportunidad a las mujeres en situación irregular, se pierde también la ocasión de detectar o tratar adecuadamente un posible caso. Es cierto que al ser una competencia transferida, hay comunidades que lo han aplicado y otras que no, pero el mensaje institucional es claramente negativo. La población migrante deja de confiar en un ámbito o servicio que está pensado para el bienestar de todos y todas», añade Otero.

Por último, esta investigadora refiere en su publicación que los profesionales sanitarios entrevistados «percibían una disminución de denuncias por violencia de género, pero a su vez, percibían que había más casos». Es decir, según la investigación y los testimonios de personal médico, trabajo social y enfermería, durante la crisis económica, la violencia podría haber aumentado pero las mujeres denunciarían menos.

Número de denuncias anuales por violencia de género entre 2009 y 2018. Fuente: Ministerio de Igualdad

«Hay que tener una cosa en cuenta: los divorcios son un factor de riesgo de feminicidios. ¿Qué implica esto? Pues que en época de desempleo y precariedad, a las mujeres les resulta más difícil romper el ciclo de violencia porque hay una situación de dependencia económica. El desempleo masculino es un factor de riesgo para la violencia física y psicológica, pero no parece que lo sea para los feminicidios. Y es que al disminuir los divorcios, la violencia sigue existiendo —incluso puede que más—, pero no se llega al extremo del asesinato. Esta podría ser una de las muchas causas que explicarían el descenso de crímenes machistas en la etapa de crisis, como apuntaban los autores de este estudio», añade Laura Otero.

Fuentes consultadas para la elaboración de este reportaje

Delegación del Gobierno para la Violencia de Género (Ministerio de Igualdad)

Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer (Ministerio de Igualdad)

Evolution and study of a copycat effect in intimate partner homicides: A lesson from Spanish femicides (2019)

Ministerio del Interior

Base de datos liberada con los crímenes machistas cometidos en España entre 2007 y 2017; datos desagregados por día, mes y año en formato Excel. Fuente: Ministerio del Interior

Heat wave and the risk of intimate partner violence (2018)

Intimate partner violence in Madrid: a time series analysis. 2008–2016 (2018)

A qualitative study on primary health care responses to intimate partner violence during the economic crisis in Spain (2018)

Laura Otero, profesora e investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM)

No effect of unemployment on intimate partner-related femicide during the financial crisis: a longitudinal ecological study in Spain (2015)

Estadística de nulidades, separaciones y divorcios del Instituto Nacional de Estadística (INE)

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