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Del Hombre de Piltdown a la «Guerra de los Huesos»: fraudes arqueológicos
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Del Hombre de Piltdown a la «Guerra de los Huesos»: fraudes arqueológicos

Desde el siglo XIX, la obsesión por el descubrimiento de esqueletos arqueológicos llevó a varios investigadores a falsear y equivocarse en sus hallazgos

21 de noviembre de 1953. El Museo de Historia Natural de Londres anuncia que el cráneo de “el Hombre de Piltdown” era falso. Descubierto y presentado ante la comunidad científica en 1912, el falso hallazgo fue descrito como “el eslabón perdido” de la evolución: un individuo con la capacidad craneal de un Homo Sapiens, pero con la mandíbula simiesca.

Durante 40 años, el Hombre de Piltdown había sido la evidencia científica de una hipotética especie que hubiera sido el eslabón (de ahí el término) entre la raza humana y sus antepasados simios. Se trató de un engaño presentado por el arqueólogo Charles Dawson – que puso nombre a la mentira: Eoanthropus dawsoni – y el paleontólogo Smith Woodward, quienes afirmaron que se trataba de un cráneo de algo menos de 500.000 años de antigüedad.

El fraude consistió en la manipulación de un cráneo humano medieval y una mandíbula de orangután. Se le limó la dentadura para aparentar ser humana y se pintaron los huesos para que parecieran más antiguos. Aún en la actualidad, se desconoce quiénes idearon el engaño, pero se han barajado varios nombres: desde el propio Dawson hasta Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes.

La paleontología, terreno peligroso

El Hombre de Piltdown es, según la comunidad científica, uno de los mayores fraudes de la Historia, pero la arqueología antropológica y en general la paleontología no es una industria dócil. Aunque el caso inglés es de comienzos del siglo XX, durante la segunda mitad del siglo XIX, Estados Unidos fue el escenario de la conocida como “Guerra de los Huesos”.

En 1873, el paleontólogo Edward D. Cope presentó el primer esqueleto completo de un dinosaurio: el Elasmorsaurus. Un ser marino de 80,5 millones de años de antigüedad que disponía de un cuelo extremadamente largo… que Cope no supo reconocer. Su compañero, Othniel C. Marsh publicó un artículo muy duro y en tono de burla por la equivocación. A partir de ese momento, ambos comenzarían una carrera y batalla para ver quién era el mejor.

Espionaje, sabotaje e incluso destrucción de piezas (huesos rotos o pequeños) fueron algunas de las herramientas que utilizaron tanto Cope como Marsh para evitar que el uno se hiciera con los huesos del otro. También se relató en la época posibles enfrentamientos entre los grupos de excavación, quienes comenzaron a llevar armas – esto último es probable que no fuera por la rivalidad, sino porque las canteras se situaban en el Oeste no conquistado –.

Durante años la comunidad científica norteamericana, que no la europea, hizo oídos sordos a las rencillas entre ambos ya que, como será descrito después, contribuyeron muchísimo al descubrimiento de especies saurias e incluso a la mitificación de las mismas. Aunque para el final de sus carreras eran nombres desacreditados.

Más de 130 especies descubiertas… con errores

La competición, nada amistosa, entre ambos dio sus frutos. Marsh descubrió 80 especies, mientras que Cope se quedó en los 56 saurios, en total: 136 dinosaurios. Entre ellos, algunos de los más icónicos como el Diplodocus (el herbívoro más grande sobre la faz terrestre), el Allosaurus (similares al Tyrannosaurus) y el Stegosaurus (conocido por las placas posteriores).

Su contribución a la paleontología norteamericana es innegable y se trató de la “época dorada” de la Era Mesozoica, divida en los periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico. Pero no todo fueron luces.

La rivalidad provocó que tanto Marsh como Cope cometieran varios errores en el nombramiento y reconstrucción de distintos saurios, ya que su fijación era demostrar su superioridad sobre el otro. El caso más notable, seguramente, fue el del Apatosaurus, el primer saurópodo expuesto completo al público (y antecesor del ya mencionado Diplodocus).

En 1877, Marsh se apresuró a publicar en American Journal of Science la descripción de una columna vertebral de un saurio de 15 metros de longitud, nombrándole como Apatosaurus Ajax. Dos años más tarde, Marsh hizo lo mismo con otro ejemplar al que llamó Brontosaurus excelsus, el dinosaurio más grande descubierto en aquel momento (unos 25 metros de largo). En 1903, y ante la ausencia de más huesos del primero, el paleontólogo Elmer Riggs averiguó que Marsh había nombrado a una misma especie como dos.

Esto, según la normativa de la comunidad científica, provoca que sea el nombre más antiguo el que predomina: el brontosaurio pasaría a llamarse apatosaurio. Pero la fama del brontosaurio y el uso común del nombre, hizo que se mantuviera como sinónimo. En la actualidad, hay una discusión alrededor de la nomenclatura ya que se ha encontrado una especie similar.

Fuentes

  • ‘La guerra de los Huesos’: la brutal rivalidad entre Cope y Marsh, de Fátima Uribari en XLSemanal.
  • JAFFE, Mark; The gilded dinosaur : the fossil war between E.D. Cope and O.C. Marsh and the rise of American science; Uncorrected Proof, 2000.
  • Bone Wars: The Cope-Marsh Rivalry, artículo de The Academy of Natural Sciences.
  • HAWLEY, Marlin F.; The Gilded Age “Bone Wars” and the birth of paleoindian archaeology: Williston, Martin, Overton, and the 12 mile creek site; Baywood Publishing Co., 2009.
  • GARCÍA LARA, Sergio Leonel; El caso del hombre del Piltdown, un fraude bien documentado, artículo académico del Centro de Investigación Científica de Yucatán.

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