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El día que Francia acabó con el Antiguo Régimen
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El día que Francia acabó con el Antiguo Régimen

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano fue uno de los logros de la Revolución Francesa y supuso un hito importante en la Historia en materia de Derechos Humanos.

26 de agosto de 1789. La Asamblea Nacional Constituyente de Francia aprueba la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. 17 artículos que rompían con el absolutismo igualando a todos los ciudadanos ante la ley y estableciendo la soberanía popular. La Revolución había creado la base de la que sería su primera Constitución.

El germen de la Revolución Francesa fue el pensamiento ilustrado. Un movimiento cultural e intelectual que ponía por primera vez a la razón por encima de Dios (o del rey), como el motor de los seres humanos. La idea dominante de esta corriente era el progreso, y es por ella que al siglo XVIII se le conoce como el Sigo de las Luces.

Los ilustrados defendían hacer un uso público de la razón. Esta forma de ver la vida, sin embargo, no se plasmó en derechos políticos. Durante el Antiguo Régimen, el pueblo llano pertenecía a lo que se conocía como el Tercer Estado. El feudalismo se dividía en tres estamentos: el clero (Primer Estado), la nobleza (Segundo) y el campesinado, al que más tarde se uniría la emergente clase burguesa. En Francia los dos primeros no pagaban impuestos.

A la Iglesia, además, los campesinos tenían que pagarle el diezmo, la décima parte de lo que obtenían de sus cosechas. La nobleza era dueña de las tierras que labraban los campesinos, por lo que estos debían pagar un tributo. Los dos primeros estamentos solo representaban al 3% de la población.

En Francia la vida era cada vez más dura para las clases pudientes en un Estado ahogado por las deudas que dejaban las guerras o las malas cosechas. Las clases pudientes se negaban a renunciar a alguno de sus privilegios para solucionar el problema de deuda pública.

La tensión era tal que las protestas no dejaban de multiplicarse. Los desórdenes de Grenoble, en junio de 1788, llevaron al rey a convocar a los Estados Generales. Se trataba de una asamblea representativa de los Tres Estados que el rey podía convocar de manera excepcional, y que no se reunía desde 1614.

El Tercer Estado que marcó el fin de una era

Reunir a este parlamento significaba que el rey necesitaba conocer la opinión de los representantes del Estado ante una decisión importante. Se reunirían por última vez en Versalles, el 5 de mayo de 1789. Como la población del Tercer Estado era la mayoritaria, se aceptó que su representación en la asamblea fuera el doble que la del resto.

Las clases bajas querían que las decisiones se votasen de manera individual, sin embargo, la tradición marcaba que se votase por estamentos, lo que aseguraba la mayoría a las clases altas. El Tercer Estado se negó e invitó a que diputados de la nobleza y el clero se unieran a ellos. Dos nobles y 149 miembros del clero lo hicieron, esto acabó con los Estados Generales y marcó el inicio de la Revolución Francesa.

Los rebeldes se declararon como únicos integrantes de la asamblea que representaría a todo el pueblo y no solo a las clases pudientes: la Asamblea Nacional. Esta se congregó por primera vez el 17 de junio. Luis XVI lo consideró un acto revolucionario y ordenó cerrar la sala de reunión.

El rey no consiguió evitar que la Asamblea siguiera juntándose. Los diputados se encerraron en la Sala del juego de pelota de Versalles, que jurarían no abandonar hasta darle al pueblo una Constitución. Con el paso de los días se unirían a ellos más nobles y miembros del clero. El 9 de julio se nombraron a sí mismos Asamblea Nacional Constituyente.

Como respuesta, el rey destituye a su asesor de finanzas Jacques Necker, que había apoyado medidas como que el Tercer Estado doblase su representación. Algunos de los diputados pensaron que Necker sería el primero de muchos y que los soldados irían a apresarles. Su respuesta fue llamar a las armas: el 14 de julio los parisinos tomaron la prisión de la Bastilla.

La libertad guiando al pueblo

La rendición de la prisión -todo un símbolo del absolutismo- fue un hito de la revolución. Mientras tanto, la Asamblea trabajaba en un documento que serviría de preámbulo para la nueva Constitución y que vería la luz el 26 de agosto: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Este documento se inspiraba en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, y reflejaba por escrito una serie de derechos fundamentales. Junto a la Declaración de derechos inglesa de 1689 se ha considerado precursor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a pesar de que no nombra específicamente a las mujeres o los esclavos. La dramaturga Olympe de Gouges se encargaría de criticar este aspecto dos años más tarde publicando su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

La Declaración fue un fiel reflejo de las ideas ilustradas, considerando los «derechos naturales e imprescriptibles del Hombre»; además de suponer una ruptura total con el feudalismo. En sus 17 artículos establecía los principios por los que debía regirse la sociedad, haciendo hincapié en la igualdad de derechos, la libertad de expresión, el reparto equitativo de impuestos, el derecho a la propiedad o a la resistencia a la opresión, entre otros.

El rey no reconocía este documento ni los Decretos de Agosto, por los que la Asamblea abolió la servidumbre y los privilegios señoriales. Según relata el historiador Peter McPhee, la noche del 5 de octubre, un grupo de 7.000 mujeres encabezó una marcha al palacio de Versalles. El objetivo era protestar por el alto precio del pan y la falta de derechos.

La protesta forzó el regreso de la familia real a París. La Asamblea volvió con él. El rey anunció que aceptaría sin reservas los Decretos y la Declaración. El 3 de noviembre fue promulgada por patente real y el feudalismo en Francia llegó a su fin. La primera constitución francesa se promulgaría dos años después. Francia se convertiría en una república en 1792.

Fuentes:

  • McPhee, Peter. La revolución francesa 1789-1799. Una nueva historia.

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