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Cuando el deporte protesta en defensa de sus valores
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Cuando el deporte protesta en defensa de sus valores

Los deportistas estadounidenses han unificado su forma de protesta arrodillándose mientras suena el himno. La oposición a las políticas de Trump es el común denominador

El esgrimista estadounidense Race Imboden se arrodilló en el podium en los Juegos Panamericanos de Lima | EFE

Hace tiempo que dejó de tener sentido empeñarse en separar la política del deporte. Las reacciones de los deportistas a lo que les rodea han conquistado las canchas en todos los rincones del mundo. La Copa del Mundo de Baloncesto de la FIBA de 2019, que se celebrará entre el 31 de agosto y el 15 de septiembre, concentrará a 32 selecciones, nada más y nada menos que en China, en plena crisis comercial con EE.UU. La selección estadounidense defenderá su título de campeón incorporándose el 1 de septiembre contra República Checa.

Los Juegos Panamericanos de Lima de la semana pasada demostraron cómo las reivindicaciones pueden pasar las fronteras invisibles de las disciplinas deportivas. Un miembro del equipo estadounidense de esgrima se arrodilló en el podio en señal de protesta mientras sonaba el himno de su país en la entrega de medallas. Race Imboden y sus compañeros iban a llevarse un oro, por eso consideró que “no era momento para permanecer en silencio”. “El racismo, el control de armas, el maltrato a los inmigrantes y un presidente que difunde el odio están en la parte superior de una larga lista” de “deficiencias” de su país, dijo Imboden en Twitter

¿Por qué es importante?

La técnica y el espíritu de la selección de baloncesto de EE.UU. la coordinan en este Mundial Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs, y su asistente, Steve Kerr, ambos críticos con la Administración Trump. El debate sobre la inmigración, el control de armas y declaraciones esporádicas del presidente con tintes racistas han agitado la oposición pública de Popovich y Kerr, hasta el punto de ser considerados líderes de la “resistencia”, según ‘The Washington Post’

Hace una semana, los técnicos convocaron a los jugadores para crear un ambiente de unidad, aunque no concretaron si seguirán la línea aséptica que marcaba el anterior entrenador, Mike Kryzewski. “No podemos arreglar la división en nuestro país” -dijo Popovich a los periodistas- “pero podemos ser un gran ejemplo de cómo la gente puede unirse para lograr un objetivo común (…) estamos representando a mucha gente”.

¿Cuál es el contexto?

Trump mantiene con los deportistas una relación de tensión constante entre los plantones de estrellas de la NBA como Stephen Curry en la Casa Blanca, vehementes declaraciones, y protestas en las canchas. La liga profesional de fútbol americano, la NFL, lleva sin duda la delantera. El primero en mostrar su malestar con la violencia policial contra los afroamericanos fue el ex quarterback de los San Francisco 49ers, Colin Kaepernick en 2016. 

La primera vez se quedó sentado mientras sonaba el himno nacional. Su argumento fue: “No me voy a levantar a mostrar orgullo ante la bandera de un país que oprime a la gente negra y a la gente de color”. En ocasiones posteriores, decidió cambiar el simbolismo de su protesta arrodillándose y varios de sus compañeros -también afroamericanos- le siguieron. Así dos años y medio, en los que Trump llegó a decir: “¿No os gustaría ver a uno de esos presidentes de la NFL, cuando alguien falta el respeto a nuestra bandera, decir ‘saca a ese hijo de puta de la cancha ahora mismo. ¡Está despedido! ¿No os encantaría?’”

Trump tampoco ha hecho grandes amigos en el basket. La NBA es progresista como la que más pero tiene sus propias normas de conducta durante el himno, por lo que no ha habido grandes momentos de protesta de rodillas, como explicaba ‘El Confidencial’. LeBron James, toda una institución, llegó a decir: “Mi voz y lo que hago en mi comunidad es más poderosa que arrodillarme”. LeBron y Curry se enzarzaron con Trump hace dos años a cuenta de la tradicional recepción en la Casa Blanca tras la victoria de los Golden State Warriors. Curry declinó la invitación, Trump se la retiró y LeBron, en calidad de vicepresidente de la asociación de baloncestistas, salió en defensa del de los Warriors y lanzó un órdago: “Ir a la Casa Blanca era un gran honor hasta que usted apareció”

¿Qué hay que tener en cuenta?

Lo cierto es que el terreno está abonado para la reivindicación política. A lo largo del verano, Trump ha acumulado varios frentes. Arremetió contra cuatro representantes demócratas para que regresaran a sus lugares de origen “infestados de crimen”, lidera una campaña para que una coalición patrulle el golfo Pérsico en medio de sus tensiones con Irán y prepara una orden ejecutiva contra las empresas consideradas progresistas de Silicon Valley. Pero es que además alimentó con aranceles la crisis comercial con China, que devaluó en extremo su moneda. 

Este martes, decidió aflojar la tensión con Pekín al aplazar parte de los aranceles a las importaciones chinas de septiembre hasta el 15 de diciembre. Recordemos que China es la anfitriona de la Copa del Mundo de Baloncesto. 

#Fact

No todo empezó con Donald Trump. Sin duda la protesta más representativa es una poderosa imagen grabada en la retina de medio mundo: los puños negros en alto de John Carlos y Tommy Smith hace medio siglo. Los atletas subieron al podio de los 200 metros lisos en los Juegos Olímpicos de México de 1968 y le recordaron al mundo, con sus guantes negros y los puños arriba, que los afroamericanos eran ciudadanos de segunda. El símbolo del movimiento Black Power perdura, pero fueron sancionados para el resto de sus carreras.


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