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Corea del Norte, vestigio de la Guerra Fría en pleno siglo XXI
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Corea del Norte, vestigio de la Guerra Fría en pleno siglo XXI

Tras la Segunda Guerra Mundial, la península de Corea quedó dividida, corriendo la misma suerte que Alemania. Durante la Guerra Fría, cada bando apoyaría a una parte.

9 de septiembre de 1948. La Unión Soviética reconoce la creación de la República Popular Democrática de Corea, cuyo gobierno estaba encabezado por el presidente del Comité Central del Partido del Trabajo.

La península de Corea estuvo ocupada por Japón desde 1910 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Con la rendición del país nipón tras los bombardeos de Hirosima y Nagasaki al término de la misma, los estadounidenses dividieron la península por el Paralelo 38: el norte quedó ocupado por tropas soviéticas y el sur por tropas estadounidenses.

Esta iba a ser una decisión temporal, ya que existían planes para celebrar elecciones libres auspiciadas por las Naciones Unidas en toda la península. Pero, en 1948, los soviéticos se negaron a permitir a la ONU traspasar la línea divisoria hacia el norte, por lo que las elecciones no se celebraron en el territorio. En el sur se creó la República de Corea.

A pesar de que ambos territorios comparten un pasado común, la creación de sendas naciones en 1948 acentuó la división entre ambas partes. El Norte estableció un gobierno comunista y comenzó una escalada de tensión que desembocó en una guerra abierta cuando el Norte invadió al Sur en junio de 1950 con el apoyo de Stalin y Mao Zedong.

La ONU y EE.UU. acudieron en ayuda de Corea del Sur para repeler la invasión. Una masacre que no cesaría hasta 1953, con un armisticio que restauró la frontera entre las dos Coreas cerca del Paralelo 38 y creó la Zona desmilitarizada de Corea, una franja de 4 km de anchura entre ambos países. Desde entonces ambas partes han declarado que dicho armisticio ha sido violado por la parte contraria en determinadas ocasiones.

Armas en lugar de pan

Tras la guerra, Kim il-sung realizó una purga en el país acabando con todos sus enemigos y con cualquier rastro de oposición. Después, dividió a la población en tres grupos y 51 sub-clasificaciones. Este sistema de castas, llamado Songun, divide a los ciudadanos entre ‘leales’, ‘vacilantes’ y ‘hostiles’.

Otro de los aspectos de la política songun es que coloca la defensa militar como el pilar de la revolución. El régimen adoctrina a sus ciudadanos haciéndoles creer que son una raza superior a las demás y que por ello necesitan un líder que les proteja del exterior. El culto a la personalidad se extendió a la descendencia del dictador: su hijo Kim Jong-il, y el actual líder (y nieto del ‘presidente eterno’), Kim Jong-un.

El país era muy pobre. Una vez que la Unión Soviética colapsó (y, con ella, los envíos de dinero a sus Estados satélites), Corea del Norte comenzó a sufrir una crisis alimentaria. El gasto militar es tan elevado que las raciones de comida que el gobierno da a la población no son suficientes.

Las escasas donaciones que realizan los diferentes países al Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, y la ayuda humanitaria prestada por China hacen posible que el régimen alimente a la malnutrida población. Según la ONU, el 40% de la población está subalimentada.

La militarización del país junto con el programa nuclear puesto en marca por el actual dictador, Kim Jong-un en 2006 han logrado un doble efecto. Por un lado, gracias a esta política del miedo a una guerra inminente (que, además, sitúa a Estados Unidos como su principal enemigo), la población se mantiene en un estado de alerta permanente; por otro, distrae al resto de naciones del verdadero problema: las condiciones de vida de los norcoreanos.

El miedo y el régimen

El observatorio de derechos humanos Human Rights Watch concluye en su Informe Mundial que “Corea del Norte restringe todas las libertades civiles y políticas fundamentales para sus ciudadanos, incluida la libertad de expresión, religión y conciencia, asamblea y asociación.” El dictador Kim Jong-un no tiene oposición, que está prohibida. En la República Democrática de Corea se celebran elecciones cada cinco años, pero solo hay un solo candidato.

Reporteros Sin Fronteras clasifica a esta nación como la penúltima en su clasificación mundial de la libertad de prensa (solo superada por Turkmenistán). El sistema judicial también está controlado por el Partido. Los ciudadanos que son considerados culpables de algún delito son trasladados a campos de internamiento de larga duración, que son básicamente campos de trabajo inspirados en los gulags soviéticos. Actividades comunes en cualquier lugar del mundo, como consultar un medio de comunicación extranjero, pueden ser motivo de detención inmediata.

Hay ciudadanos que corren peor suerte y son víctimas de pena capital en demostraciones públicas, con las que el régimen busca dar ejemplo a la población. Así lo ha confirmado el Grupo de Trabajo de Justicia Transicional, señalando en un informe hasta 323 lugares en los que tendrían lugar estas ejecuciones. También hay campos de “re-educación”. Aunque el régimen no reconoce su existencia, el informe del Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte (HRNK) incluye hasta su localización por satélite.

El Departamento de Estado de los EE.UU. cifra entre 80.000 y 120.000 el número de personas ubicadas en campos. Los pocos ciudadanos que consiguen huir del país son considerados ‘desertores’.

Fuentes:

  • Ministerio de Exteriores de España
  • Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte
  • Human Rights Watch
  • BBC

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