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Colón estaría hoy rodeado de sargazo por la emergencia climática
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Colón estaría hoy rodeado de sargazo por la emergencia climática

En septiembre de 1492, Cristóbal Colón anotó en su diario de a bordo el encuentro con unas nuevas yerbas flotantes. Era sargazo. La emergencia climática y la tala amazónica parecen desatar la proliferación de esta alga desde hace una década.

Sargazo flotando en los Cayos de Florida | B. Lapointe

La aventura de Cristóbal Colón y los Reyes Católicos quizás no hubiese llegado a tan buen puerto de darse las condiciones ambientales de hoy.  O, al menos, no al ‘puerto’ del actual San Salvador en las mismas condiciones. El Océano Atlántico lleva una década anegándose de sargazo (Sargassum), un alga que ya estaba ahí en 1492. Pero circunscrita al llamado –claro– Mar de los Sargazos, triángulo de las Bermudas marítimo, cuyos vértices se han extendido del Caribe a las costas guineanas, en África. Y todo, acelerado (con irregularidades) en el periodo que va de 2011 a 2018, según un estudio publicado en julio en Science. ¿Qué ha roto estos 519 años de aparente normalidad?

«Aquí comenzaron a ver muchas manadas de hierba muy verde que poco había, según le parecía, que se había desapegado de tierra, por lo cual todos juzgaban que estaban cerca de alguna isla; pero no de tierra firme, según el Almirante, que dice: «porque la tierra firme hago más adelante». (El primer viaje de Colón, por Bartolomé de las Casas)

El primer sargazo documentado por Colón data del 16 de septiembre de 1492. Hoy, las carabelas no hubiesen atravesado el núcleo del nuevo ‘cinturón del sargazo’ (más al sur). Pero la evidencia captada desde los cielos por los satélites de la NASA se corresponde con la desesperación del sector turístico de México. El alga está afectando muy particularmente a las costas de Cancún.

«Esas algas son flotantes y van a la deriva con las corrientes«, recuerda  el  oceanógrafo del IEO e investigador de la historia de la navegación Juan Antonio Pérez de Rubín. Según recuerda a Newtral, estas masas «se encuentran incluidas dentro de ese gran giro o remolino del Atlántico norte [conocido como el Mar de los Sargazos], donde, de algún modo, las corrientes marinas y los vientos las concentran».

Lo sorprendente ha sido «la llegada a las costas de cientos de toneladas de sargazos». Algo inusual en la historia. Al menos, en la perspectiva del largo plazo y desde 1492.

Crecimiento veraniego del cinturón del sargazo sobre las rutas de ida de Colón
Crecimiento veraniego del cinturón del sargazo sobre las rutas de ida a Améroca de Colón (1492 y 1493)

La situación no es nueva, pero sí estacional. Algunas playas han empezado a respirar después de que desde abril costas como las de Quintana Roo hayan estado cubiertas de esta macroaalga capaz de vivir a la deriva.

Este verano fatal para el sector turístico se ha saldado con caídas superiores al 6% en las reservas en el conjunto del caribe mexicano y los precios hoteleros han caído un 25% en Quintana Roo, según su gobernador. Páginas de viajes se han llenado de comentarios de turistas que rezuman el olor fétido del sargazo cuando se estanca junto a la costa y llega a la playa para morir.

[blockquote align=»left» author=»»]La destrucción del Amazonas y el calentamiento del océano, detrás del nuevo cinturón del sargazo[/blockquote]

Las personas expertas en biología marina tienden a coincidir en el diagnóstico. Hay dos condicionantes para esta proliferación: el vertido de nutrientes que arrastra el río Amazonas, a partir de un bosque con menos masa forestal; y el calentamiento del océano con un consiguiente cambio de la circulación de las aguas.

No obstante, el director del estudio de Sciencie, Chuanmin Hu, de la Facultad de Ciencias Marinas de la USF, cree que «es una evidencia preliminar y necesitamos investigar más», aunque él y sus colegas piensan que todo va en esa dirección marcada por la emergencia climática. La gran floración de 2011 probablemente fue causada por una descarga del río Amazonas en años anteriores. Y hay una correlación con las temperaturas de récord de los últimos años en parte del Atlántico.

Una ‘plaga’ atlántica

Pérez de Rubín, autor de un detallado trabajo sobre navegación y algas, recuerda que los sargazos les resultaban al principio un puro infierno, de olor azufrado y color amarillento a los marinos que recorrían el Atlántico. En concreto, recoge en  este relato del navegante Gonzalo Fernández de Oviedo:

«…según los tiempos y aguajes suceden, así corren y se desvían o se allegan a oriente o a poniente, o al sur o a la tramontana, y a veces se hallan a medio golfo; otras veces más tarde y lejos o más cerca de España»

Como recoge el diario de este marino, su extensión también variaba y, en ocasiones, no tan lejos de las aguas dominadas por españoles y portugueses. Eran los dominios del «denominado giro subtropical del Atlántico norte, en relación atmosférica con el anticiclón de las Azores».

La macroalga está bien retratada ya en la época de Alexander von Humboldt (1769-1859) como una «amplia extensión en el centro del Atlántico, con dos acumulaciones significativas de “fucus flotante” unidas por una banda transversal “casi permanente”», señala el investigador, tras bucear en los escritos del geógrafo berlinés.

Grabado de los primeros encuentros con algas y animales nuevos en el Atlántico en 1600 | Theodor De Bry
Grabado de los primeros encuentros con algas y animales nuevos en el Atlántico en 1600 | Theodor De Bry

Sin embargo, el reciente estudio basado en imágenes de satélite, vino a probar la recurrencia de ese nuevo cinturón del sargazo en los últimos años. ¿Ha venido para quedarse? ¿Puede llegar a las costas españolas?

Rugulopteryx, el ‘sargazo’ español

España está ahora mismo más amenazada por otras especies invasoras no menos preocupantes, recuerda el profesor José Lucas Pérez Llorens, de la Universidad de Cádiz. La aparición de Rugulopteryx okamurae en la costa de Tarifa, este verano, supone la constatación de que esta alga asiática se está asentando en los fondos del Estrecho de Gibraltar. La especie invasora superadaptable ha llegado a la Costa del Sol.

Respecto al sargazo, «aquí lo tenemos de manera natural, pero sin proliferaciones. Aunque tiene un potencial invasor muy elevado», en referencia a esta macroalga en aguas atlánticas cercanas a Canarias.  «Quizás un cambio en las condiciones de ciruclación oceánica y de temperatura podrían hacer que entrase sargazo en la parte atlántica de España. Pero es un poco aventurado pronosticarlo», asegura este biólogo.

El gran problema es que «es de las pocas especies de algas que pueden completar su ciclo de vida sin estar sujeta a un sustrato, un suelo». Viven flotando y el tráfico marítimo puede favorecer su desplazamiento a otras aguas.

Para Chuanmin Hu, «en base a los últimos 20 años de datos, puedo decir que es muy probable que el cinturón del sargazo sea una nueva normalidad«. El equipo deja claro en la presentación de su trabajo que la química marina está cambiado. Lo justo para que se convierta en un perfecto caldo de cultivo para esta alga.

Rugulopteryx okamurae, a diferencia del sargazo, necesita anclarse a un fondo marino. Lo que vemos en las playas son sus restos muertos. En este sentido, «es lo que debería preocuparnos en nuestro país».

Ya ha habido antes presencia de otras cuatro especies invasoras en nuestros mares, «pero no tan intensas. El problema es que no hay depredadores que consuman esta alga» en nuestras latitudes.  Por otro lado, Pérez Llorens advierte que  no basta con retirar la biomasa. «Crece hasta 15 metros de profundidad. Si no buceas, no ves lo que es»

Sargazo ilegal por internet

La recolección del sargazo in situ, a través de barcos –que podría no ser mala idea–, ya ha desatado episodios de picaresca. Han aparecido páginas web donde se venden sargazos en forma de alga fresca, seca, granulada o en polvo y desde un kilo hasta por tonelada. Según InfoBae, el precio en internet puede superar el equivalente a 8 euros por kilo.

Según Pérez Llorens, también autor de un libro sobre gastronomía de algas, «si está libre de contaminantes, se puede comer si te gusta mucho el picante». Eso sí, es importante «que sea recolectada por empresas certificadas».

Estas ofertas de alga de última hora son ilegales. Sólo cuentan con autorización una treintena de empresas, pero no la cosechan en Quintana Roo, la zona más afectada, sino en la Baja California.

En general, «la industria la usa a veces como gelificante para yogures, batidos y hasta pinturas. Incluso hay galletas de harina de sargazo, un recurso típico que se usaba en tiempos de penuria», recuerda Pérez Llorens.

Curiosamente, el sargazo no fue visto siempre como un infernal encuentro marítimo. Los viejos navegantes sabían que su consumo podía tener un efecto beneficioso, casi medicinal. «En sus Consideraciones político-médicas (1769), Lardizaval defendía la importancia del consumo del sargazo por las tripulaciones para prevenir el escorbuto o peste de la mar», precisa Pérez de Rubín. Antes, algunos marinos habían explorado sus posibilidades como alimento antiescorbuto:

«Esta yerba en conserva de vinagre y sal, tiene el mismo sabor del crithmum o hinojo marino. Yo la hice echar así como la sacaban del mar, a unas cabras que en la nav evenían y la comían con grande gana. No he sabido de ella mas virtud, de que un marinero que en la nave venía, apasionado de la urina, comió de esta yerba cruda y cocida, diciendo que le sabía bien y a muy pocos días me afirmó que se hallaba muy bien con ella, y llevó de ella para comer en tierra». (Cristóbal de Acosta, ‘De las drogas y medicinas de las Indias Orientales’, 1578).

El doctor Lardizaval hablaba de los sargazos dentro de un documento llamado Consuelo de navegantes.  Pero más allá de sus usos como alimento, el sargazo es necesario en los ecosistemas marinos. En el océano abierto, «Sargassum contribuye a la salud del océano al proporcionar hábitat para tortugas, cangrejos, peces y aves y produce oxígeno a través de la fotosíntesis como otras plantas», añade Mengqiu Wang, coautora del estudio en Science. Una comisión se encarga de velar por su salud.

A lo largo de las próximas semanas el sargazo irá progresivamente desapareciendo. Hasta el año que viene. En invierno se «siembra» la cosecha del siguiente, y los investigadores de la USF creen que volveremos a oír (y oler) del sargazo en los próximos veranos caribeños.

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