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El canto de leyenda de una costumbre bárbara
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El canto de leyenda de una costumbre bárbara


Farinelli, uno de los ‘castrati’ más reconocidos del siglo XVIII, cantó para el primer monarca Borbón

16 de septiembre de 1782. Muere Carlo Broschi Farinelli a los 77 años, tras haber residido durante 20 años en España. La leyenda deja su figura como cumbre del bello canto de los castrati; la historia, como el epítome de una bárbara costumbre que llegó hasta el siglo XX.

A finales del siglo XVIII, y solo en las iglesias de Roma, cantaban del orden de 700 castrati, a los que había que sumar los que actuaban en teatros y óperas. La fama de estos cantantes -llamados “capones” en España- se extendía por toda Europa, siendo fundamentalmente italianos de origen… A pesar de que la castración estaba penada con la excomunión.

Con la excusa del criterio médico, muchos niños fueron castrados, en un regate legal para evitar el castigo. Un castigo que ocasionalmente fue también legal, pero no siempre. De esos periodos se conservan carteles en italiano, de barberías -ahí se llevaba a cabo el proceso de castración- que anunciaban: “Aquí se castran niños”.

Retrato de Farinelli | (Royal College of Music London)

Farinelli y Felipe V

El motivo de la castración de Farinelli es confuso. Algunos autores la atribuyen a un criterio médico; otros a una necesidad económica familiar. De ser el segundo caso, hubiera comportado un riesgo: no todos los menores castrados desarrollaban aptitudes para el canto. La mayoría, de hecho, quedaban emasculados e inhábiles para la música, condenados a una vida terrible.

Pero ese no fue el caso de Farlinelli. Il divino castrato alcanzó el reconocimiento absoluto en su tiempo, y fue considerado una estrella. Al punto que la leyenda le atribuyó poderes sanadores. Su estancia en España, donde cantó para el rey Felipe V, se atribuyó posteriormente al poder curativo de su voz, que aliviaba los males del Rey.

No obstante, en los últimos años algunos historiadores han puesto en duda que la estancia de Farinelli en España tuviera como objeto sanar la enfermedad mental y física de Felipe V. Daniel Martín Sáez ha señalado que esta versión se fabrica fuera de España a finales del XVIII, “cuando embajadores, escritores, artistas e historiadores ingleses utilizaron la fama de Farinelli para criticar la política española, en pleno contexto bélico entre Inglaterra y España”.

El final de los ‘castrati’

Entrado el siglo XIX, el peso de lo bárbaro de emascular un niño se impuso ala belleza resultante. El Vaticano, principal empleador de castrari, dejó de contratarlos en 1878, bajo el papado de León XIII. Sin embargo, no dejó de utilizar a los que todavía vivían bajo la protección vaticana. El mismo León XIII los prohibiría finalmente en 1902, cuando su papado terminaba, aunque la etapa de los castrati no tocaría a su fin hasta un año después, en 1903, ya bajo el papado de Pio X.

El último castrati fue Alessandro Moreschi, que llegó a grabar algunos acetatos. Esas grabaciones precarias es todo lo que queda de un hábito bárbaro que se consintió en nombre de la belleza.

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