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Asmaa Hamzaoui y el desafío de tocar el guembri
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Asmaa Hamzaoui y el desafío de tocar el guembri

La artista marroquí, la primera mujer en tocar en público un instrumento tradicionalmente reservado a los hombres, visitó Madrid con su grupo Bnat Timbouktou para actuar en el ciclo de conciertos Archipiélago del Reina Sofía

Asmaa Hamzaoui y su hermana Aicha en Madrid. Fuente: Sara González

A Asmaa Hamzaoui le propusieron dos veces matrimonio pero con una condición: que dejara de tocar el guembri, el instrumento sagrado de tres cuerdas característico de la música gnawa. «Jamás», les contestó. Aprendió a tocar el guembri desde niña, cuando acompañaba a su padre a las lila, ceremonias privadas en las cuales se entra en trance gracias a la música y al baile. Pero pronto se dio cuenta de que en la música gnawa, originaria de los antiguos esclavos traídos a Marruecos, las mujeres eran relegadas a un segundo plano. Hasta que un día su madre le planteó: «¿Por qué no creas un grupo de mujeres?»

Le tomó la palabra. En 2012, con apenas 16 años, creó el primer grupo de música gnawa tocado únicamente por mujeres. Se llaman Asmaa Hamzaoui y Bnat Timbouktou y juntas, han decidido romper el tabú. «Es solo un mensaje», explica Hamzaoui. «Las mujeres pueden hacer lo que quieren. Pueden ser pilotos, pueden ser músicas y, desde luego, pueden tocar el guembri», clama, segura de sí misma, antes de su concierto en el Reina Sofía de Madrid.

Asmaa Hamzaoui, en el centro, con su grupo. | Fuente: Khalil Mounji

Las mujeres siempre tuvieron un papel clave en los ritos de la cultura gnawa pero este se mantuvo alejado de la música. Sus funciones se centran en las de videntes-terapeutas durante las lila (noche, en árabe). Son las que organizan estas ceremonias terapéuticas, limpian los vestidos y los accesorios, preparan la comida y organizan el espacio privado donde se llevará a cabo. Aunque pueden tocar el guembri, hacerlo públicamente sigue siendo un tabú. La parte musical de la ceremonia suele corresponder a los hombres.

Con sus 23 años, Asmaa Hamzaoui es la más joven del grupo. No es la única mujer que sabe tocar el guembri pero es la primera que lo hace públicamente. Como explica su hermana Aicha, que también es parte del grupo y toca los qraqeb – unas castañuelas de metal-, las otras no pueden tocar fuera de casa porque el marido o incluso la propia familia se opone.

En el caso de Asmaa, ha recibido todo el impulso de sus próximos. Su padre, Rachid Hamzaoui, es un conocido maestro de ceremonias: un maâlem, como se les conoce en Marruecos. El cargo se transmite de padre a hijo pero en este caso, hubo que hacer una excepción a la regla

Las integrantes del grupo con sus vestidos tradicionales. | Fuente: Khalil Mounji

«Estoy orgullosa de mí. Es la primera vez que hay una mujer en Marruecos que toca un instrumento sagrado. Estoy orgullosa porque soy la primera», señala la joven artista antes de recordar la primera vez que apareció en público. Fue en 2012 en Casablanca, su ciudad natal. En ningún momento sintió miedo porque como menciona, «nací en un entorno 100% gnawa». A la pregunta de cómo reaccionaron los hombres a su alrededor, se ríe. «Hubo algunos que se opusieron», señala. «Tenían miedo de la competencia», agrega, echando una mirada cómplice a su hermana. No lo considera un obstáculo.

Sobre el escenario, Asmaa lidera el ritmo. Empieza a tocar las cuerdas de su instrumento y entona los primeros versos de una canción. Le contestan las otras tres integrantes del grupo,  acompañadas por el sonido metálico de los qraqeb. Las letras de la música gnawa hablan del sufrimiento de los esclavos africanos traídos a Marruecos. Son la memoria de un pasado remoto en el cual cantaban su miseria y sus preocupaciones diarias. 

«Quiero cambiar la idea de que en la música gnawa, solo hay hombres.  Las mujeres también pueden ser músicas», sostiene Hamzaoui. Y por ahora, lo está consiguiendo. Hace un año,  uno de los grandes maestros le concedió el título de mâalema y en octubre el grupo lanzará su segundo álbum, Oulad Lghaba (los hijos del bosque).

Si algún día un hombre le para por la calle y le dice que no debería tocar, Hamzaoui tiene muy claro lo que le contestaría: «¿Quién eres tú para decidir lo que yo tengo que hacer?»

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