Nadie sabe qué está pasando en las entrañas de Tenerife: “Es ‘anómalo’ en la isla, normal en una región volcánica”

Las Cañadas del Teide | Slideo, Shutterstock
Las Cañadas del Teide | Slideo, Shutterstock
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“Nuestra experiencia nos dice que no ha habido erupción sin tener una sismicidad sentida por la población unos días antes de que se desencadene. Por ahora no ha pasado”. En plena conversación por videoconferencia con Newtral.es, Stavros Meletlidis para en seco: “Perdona, está entrando ahora un terremoto sentido”. Lo que pareciera una aceleración de acontecimientos en directo se torna pronto en calma: el sismo no tiene nada que ver con el sistema de Tenerife. Ha ocurrido en medio del océano. Más bien, Enmedio.

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Con los ojos puestos desde hace un mes en los enjambres sísmicos en Tenerife, el jueves un terremoto tuvo por epicentro el volcán de Enmedio. Sentido por la población tinerfeña y grancanaria, nada tiene que ver con el del Teide. Tampoco, en principio, con los temblores en profundidad que apuntan los sismógrafos de la mayor isla canaria. Se localizó en el mar, a medio camino entre Porís de Abona (Tenerife) y La Aldea (Gran Canaria). Una prueba más de lo complejas, misteriosas y dinámicas que son las entrañas canarias. “Hay una actividad normal en un sistema volcánico”. Pero el patrón ha cambiado.

El misterio subterráneo de Las Cañadas de Tenerife, que no implica erupción

Desde aproximadamente el 10 de febrero, “tenemos señales que es la primera vez que registramos”, dice Meletlidis. ¿Preludio de una erupción? Los últimos enjambres sísmicos en Las Cañadas del Teide sitúan “un pasito más allá” la actividad volcánica en Tenerife, según admitió el 19 de febrero el director del IGN en Canarias Itahiza Domínguez. El instituto no cree que varíe la probabilidad de una erupción en la isla a corto o medio plazo. Pero algo se está moviendo ahí debajo, “es innegable y esperable. Llevamos unos siete años detectando esos primeros cambios”, apostilla Meletlidis.

“Son eventos que se vinculan a un movimiento de algo que interactúa con otra cosa que no es totalmente sólida”. No hay que pensarlo como un chorro de magma que asciende. Es más complejo y, sobre todo, desconocido y cambiante. No hay un mapa de las profundidades de la isla. Técnicamente no podría haberlo. Sólo aproximaciones. Así que los indicios hay que encontrarlos más cerca de la superficie.

La clave: “No tenemos una deformación del terreno que podría ir acorde con la sismicidad para hablar de una erupción, aunque nadie te dice que mañana por la noche no empiece esa deformación“. Tampoco cambios gravitatorios (de densidad del subsuelo, realmente, por ascensión de magma) que se puedan detectar con tecnología cuántica puntera que el Involcán acaba de adquirir.

Signos considerados previos a una erupción

Es muy raro que se dé una erupción sin que en las semanas o días anteriores no se den varios signos. Aunque esos signos no garantizan que haya erupción.

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  • Terremotos sentidos con magnitudes a partir de 2,5 mbLg
  • Deformación del terreno y cambios gravitatorios
  • Emanación de gases

No sabemos si estos enjambres sísmicos son de lo más normal en la larga historia de la isla. Sencillamente porque nuestro rango de conocimiento instrumental es limitado. La literatura más antigua sólo recoge temblores sentidos. Estos, por ahora, no lo son. “Si no existiera nuestra estación de datos que están en abierto, nadie se enteraría de que existe esa actividad [sísmica]”.

“Dan más miedo las fake news que el magma”

Itahiza Domínguez subraya que la isla de Tenerife está “superbién monitorizada”, con más de un centenar de estaciones instaladas. Arrojan “una cantidad de datos sin precedentes, lo que hace que a lo mejor estemos viendo casas que hace quince años no podíamos”.

Pero esto tiene un reverso, para Meletlidis. “La interpretación no se puede hacer con una imagen y tres líneas. Se hace a través de datos brutos, siempre en su conjunto, con otras técnicas y siempre en un contexto”. El precio a pagar por “la transparencia de cuya ausencia algunos nos acusan”: Cualquiera puede hacer interpretaciones en redes sociales y predecir una erupción.

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“Nadie ha dicho que no va a haber erupción. Nadie ha dicho que sí va a haber erupción. Simplemente nosotros observamos, registramos, intentamos modelizar. Es imposible poner un plazo, es imposible asegurar un desenlace”.

Para Meletlidis, a veces hay quien hace interpretaciones apresuradas, “muchas veces desde la lejanía, sin entender, sin tener paciencia, sin escuchar a la gente. Para ellos, siempre hay una conspiración, que alguien esconde datos… Todo el mundo tiene derecho a opinar. Pero si nuestra opinión va a alterar la vida de otras personas, va a generar un problema social, habrá que tener cuidado“.

[Quitando el de Enmedio], hay mucha gente que afirma estar sintiendo estos terremotos, sugestionada. O que dice que los perros o los gatos sienten algo. No hay evidencias de ello. Son a mucha profundidad”.

“Estar en alerta no está mal. Un poquito te sube la adrenalina. Pero estar en alerta es muy distinto de estar alarmado o a tener un sinvivir”. A su modo de ver, “dan más miedo las fake news [volcánicas] que el magma”. El mensaje que Meletlidis traslada a la ciudadanía es, en el fondo, sencillo: “Ante un fenómeno natural, la única postura es la prudencia y la información correcta. Tenemos que vivir con la incertidumbre. No hay que buscar siempre una respuesta. Es parte de nuestra vida”. Entretanto, que la ciencia siga avanzando para ir siempre un pasito por delante del volcán.

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